En esta tradicional confitería, Raúl Lavié no es un parroquiano más: la gente se acerca, lo saluda, le pide autógrafos. La charla transcurre en pleno centro porteño, una zona que conoce de memoria, cerca de teatros y de históricas salas, y a unas pocas cuadras del cruce de Avenida Corrientes y Carlos Pellegrini, donde una placa con la leyenda "Esquina Raúl Lavié" rubrica su popularidad. Desde hace décadas, el cantante y actor es un emblema del medio artístico y un guerrero de mil batallas, que no le rehuyó a nada: se presentó en los escenarios más disímiles. Como una contraseña, su nombre forma parte del paisaje de la Ciudad. Aquí, en una mesa de La Ideal, está en su salsa, respondiendo a cada pregunta con una vitalidad que se desmarca del paso del tiempo. A sus impecables 88 años, explica su rutina cotidiana: realiza ejercicios y caminatas no muy extensas desde que se operó de la rodilla; en sus ratos libres dibuja y pinta, viaja a diario una hora y media en auto hasta el Multiteatro para hacer funciones de la obra Vamo' los pibes; y proyecta shows y una gira por Europa. "Tengo la bendición de mi familia, que me quiere y me cuida mucho", explica orgulloso, mientras que a su lado, su esposa Laura asiente. La historia de Lavié tiene contornos únicos: desde su debut como cantante profesional, en 1952, vivió los últimos destellos de la época de oro del tango. También su declive en el gusto popular y, en las últimas décadas, su resurgimiento entre las nuevas generaciones. Aunque su estilo temperamental y el fraseo son marca registrada, no se limitó al tango. Desde los tiempos del Club del Clan, en el que cantaba temas de Paul Anka en español, boleros y temas melódicos, incursionó con éxito en la televisión, la radio, el teatro musical y filmó más de 30 películas. Tal vez por eso, recibe con particular alegría el afecto del público y los pedidos de autógrafos. "Eso quiere decir que hice las cosas bien, que honré la profesión". Lavié se entusiasma especialmente cuando habla de Piazzolla. Durante años cultivó la amistad con el bandoneonista marplatense y se presentó en vivo junto con él. Fue uno de sus defensores en los tiempos en que el músico tenía una sórdida batalla con la patria tanguera. Su relación con Piazzolla es el sustrato para el espectáculo Astor y yo, su música y sus canciones, que presentará el domingo 29 de marzo en Bebop Club, en el que combinará música, canto y palabras. "En todo el mundo Astor es respetado desde hace décadas, en nuestro país recién ahora se lo reconoce", sostiene.-¿Cuándo empezó la amistad con Piazzolla?-Viene de toda la vida. En 1965 ya entramos en contacto. Yo iba a participar en un proyecto que nunca se concretó, con música de Astor, y en 1970 apoyé mucho su obra con Horacio Ferrer, grabando varios de sus temas. Ahí empezamos a trabajar juntos. Yo canté con el Quinteto en Michelangelo, también hicimos giras por Japón. Él declaró que fui el primero en creer en su música, y su hijo Daniel solía decirme que formo parte de la familia.-¿Fue testigo de la resistencia que generaba Piazzolla entre los tangueros?-Totalmente. Mi primera participación con el Quinteto fue en un concierto en 1970, en La Plata. Cuando llegamos, el público se turnaba para insultarlo, iba para eso; era la época en que todo el mundo le caía encima. Y Astor no se quedaba callado, les respondía. Se había criado en las calles de New York en un ambiente caldeado, a las trompadas. Siempre decía lo que pensaba, era su carácter y sabía defenderse. Tenía un espíritu combativo muy grande, no solamente físico, también verbal. En Vivo)">-Astor también era famoso por las bromas pesadas que le hacía a sus músicos y amigos. ¿Las padeció? -Sí, por supuesto, nadie estaba exento. Siempre se le ocurría algo. Yo le devolvía sus ocurrencias con bromas no tan pesadas como las suyas, y él se enojaba. Era gracioso: hacía bromas, pero no le gustaba que le hicieran lo mismo. Recuerdo especialmente las giras, cuando salíamos a cenar en restaurantes exóticos. Compartíamos el gusto por experimentar con las comidas. Nos llevábamos de maravilla, era un fuera de serie. "Cuando yo fraseaba con Piazzolla, él me decía en el escenario mientras tocaba el bandoneón: 'Cantá a tiempo, Negro hijo de p....'. Y yo le respondía: 'Vos seguí tocando, que al final nos vamos a encontrar'"-¿Y qué pasaba cuando usted cantaba obras de Piazzolla?-Me criticaban. Muchos decían: eso que canta no es tango, aun cuando alternara obras clásicas con tangos de Piazzolla y Ferrer. Más de una vez, me tuve que defender en un escenario. Porque además yo siempre tuve mi forma de cantar y de frasear, que me distinguía de otros cantores de la época. A mí no me gustaba todo lo que se hacía en el tango, hay cosas muy malas también, por eso yo fui creando mi forma propia de cantar. -¿Cómo definiría su estilo?-Yo hago un fraseo más cercano al jazz. Es decir, sobre el acorde entra mi voz. Y voy ganando espacios yendo para adelante y para atrás. Me acuerdo que en un homenaje a Astor, un célebre violinista extranjero me exigió que cantara a tiempo. ¡Por favor, que sabía ese hombre! Cuando yo fraseaba con Piazzolla, él me decía en el escenario mientras tocaba el bandoneón: "Cantá a tiempo, Negro hijo de p....". Y yo le respondía: "Vos seguí tocando que al final nos vamos a encontrar" (se ríe). Tango versus nuevaolerosEn 1962, al calor del ritmo del rock and roll, las caderas de Elvis Presley y el jopo a lo James Dean, debutaba en televisión el Club del Clan, una burbuja musical que hizo estallar el rating. Lavié formó parte del programa que promovió a una camada de figuras como Palito Ortega, Violeta Rivas, Johnny Tedesco, Lalo Fransen y Chico Novarro. El tango aparecía como símbolo del pasado, una situación que se profundizaría con los años.-¿Los tangueros tradicionalistas nunca le perdonaron del todo haber pasado por el Club del Clan?-Es que yo siempre me sentí atraído por diferentes músicas y ritmos. Yo escuchaba jazz, música brasileña, italiana. Seguía a los crooners norteamericanos. Es más: cuando cantaba en el cabaret Maipú Pigalle, con la orquesta típica de Héctor Varela, me iba entre las tandas a otro boliche en la esquina para cantar boleros. Nunca me sentí un cantor de tango en sentido estricto. He grabado temas de Leonard Cohen, de Charly, de Fito. Siempre luché contra el prejuicio, no hay géneros para mí. Solo hay música buena o mala. Algunos no me lo perdonaron.-Al mismo tiempo, el Club del Clan fue un boom. ¿Ahí dio el salto de popularidad?-Sí, el éxito del programa de televisión fue tremendo. Y digo más: el Club del Clan nació conmigo. Cuando Alejandro Romay llegó desde Tucumán, me convocó para hacer un programa en Radio Libertad. Ese fue el germen del suceso. Yo venía de cantar con la Nueva Ola, donde éramos una serie de artistas contratados para grabar éxitos. Yo incluso llegué a cantar temas de folclore, con una orquesta y unos arreglos pensados al estilo de Michel Legrand, un célebre compositor francés. Mi estilo despertó adhesión, y casi enseguida fui popular. -Sin embargo, nunca dejó de cantar tango.-Los años 60 fueron una época de enormes cambios, con The Beatles, Elvis Presley, el rock argentino. El director de RCA, Ricardo Mejía, quiso capitalizar todo ese cambio creando el Club del Clan. Yo lo integré junto con varios muchachos, pero el error es pensar que hubo un culpable. Era el clima de época, los jóvenes se iban distanciado del tango. Ahora, yo en un momento sentí deseo de regresar al tango, porque no estaba de acuerdo con todo lo que grababa en el Club del Clan, se mezclaba mucho, y lo tenía que hacer a la fuerza. Y volví entonces al primer amor, de acuerdo con cómo yo sentía el tango. Ese era mi destino. Pero estoy muy orgulloso de haber integrado el Club del Clan.-¿Desde muy chico sintió que su destino estaba en el canto?-No, para nada. A mí lo que me gustó desde chico fue el dibujo y la pintura. Yo no elegí el canto, el canto me eligió a mí. Llegué de casualidad. En el colegio nunca quise ir a las clases de música, me aburría el solfeo, siempre me ponía a dibujar. Atesoro mi cuaderno de cuarto grado, en el que solo hay dibujos. Hasta el día de hoy, adoro dibujar.-¿Y entonces, cómo llegó al tango?-De chico tuve un amigo al que le gustaba Gardel, muy tanguero y siempre compraba la revista El alma que canta. Una vez lo acompañé a una prueba de canto, me escucharon hablar y me dijeron que tenía una buena voz. No quise dar la prueba, pero di mi dirección. A los tres días vino uno de los que tomaba la audición a mi casa, y obligó a mi familia a que me mandara a estudiar canto. -¿En su casa no se escuchaba música?-Mi abuela escuchaba la radio. Había programas musicales. El tango formaba parte del sonido en Rosario. Era la música por excelencia. Todos conocíamos tangos, cantores y orquestas típicas, fue nuestra educación sentimental. Cuando tenía 15 años, empecé con una orquesta profesional en LT8 de Rosario. Pero al director artístico no le gustó como cantaba y me hizo echar.-Edmundo Rivero, que cantaba de muy joven con la orquesta de Horacio Salgán, fue rechazado por un director artísticoâ?¦-Sí, fue increíble. En Rosario me echaron porque no les gustaba como cantaba, y al poco tiempo en Buenos Aires firmé un contrato formidable con Radio El Mundo, que era la primera emisora del país. La historia fue así: me vine a esta ciudad y en pleno centro me encontré con un cantante rosarino al que le conté que se había terminado mi carrera. Él no podía creerlo. Me puso en contacto con Radio El Mundo, cuyo director artístico era Antonio Carrizo y el director musical Víctor Buchino. Me tomaron una prueba, me fue bien y se sumé como cantor solista. En ese momento me bautizaron como Raúl Lavié, hasta ahí usaba mi apellido familiar, Peralta. "A mí lo que me gustó desde chico fue el dibujo y la pintura. Yo no elegí el canto, el canto me eligió a mí. Llegué de casualidad"-Desde hace décadas también desarrolló una carrera en el cine, la televisión, el teatro. ¿Cuál fue su formación?-Yo no estudié actuación, ni pintura, ni dibujo. Soy un autodidacta completo, a pura intuición. Cuando me involucro en algo es porque tengo fe. Por ejemplo, en 1965 me metí en el teatro para ampliar a mi carrera de cantante, porque yo quería perdurar y me sentía seguro de hacer cosas nuevas. Me tiré el lance con el director Juan Silbert para trabajar en la comedia musical Los fantásticos; él quería, pero los productores dijeron que no. Al tiempo, cuando Silbert montó Locos de verano, en el Teatro San Martín, me convocó y fui el coprotagonista. No paré más.-¿Y estudió canto? -Empecé a estudiar cuando era cantante profesional y ya tenía definido el color de voz. Cuando trabajaba con la Típica de Héctor Varela, que era una orquesta con un ritmo muy vertiginoso, terminaba agotado, porque además se presentaba a cualquier hora. Intenté estudiar, pero no me sirvió de mucho. Entonces encontré un libro que fue fundamental, no sobre canto, sino acerca de la técnica de respiración. Me encerraba en el baño de la pensión donde vivía a hacer los ejercicios respiratorios. Eso me sirvió mucho. Hay muchos cantantes que se formaron de manera autodidacta.Lazos familiaresContra cualquier presunción apresurada, detrás de su sonrisa y su carisma, Lavié ha tenido una vida compleja, con un camino que no fue precisamente llano, atravesando tormentas que lo pusieron a prueba. Nacido en Rosario en 1937, criado por los abuelos en un hogar humilde del pueblo santafesino de Sunchales, nunca conoció a su padre. "¿Si me sentí afectado alguna vez por no conocerlo? Son cosas que me sigo preguntando. Había un código de silencio en mi familia. Cuando cumplí un mes y medio, mi mamá me entregó a sus padres, mis abuelos". -¿No fue peor el silencio frente a un tema tan sensible?-Nunca tuve problemas que me afectaran a nivel psicológico o algo que me doliera; lo viví con tranquilidad. A mi madre tampoco le pregunté absolutamente nada sobre mis orígenes, porque ella no hablaba de eso. Después me arrepentí, porque tal vez hubiera sido bueno hablarlo con ella y que limpiara un poco todas esas historias, pero preferí no invadirla. A mi padre nunca lo conocí. Recién supe quién fue hace algunos años.-¿Y cómo había sido la historia entre sus padres?-Mi madre era oriunda de Sunchales, el pueblo de Santa Fe donde vivía con toda mi familia, abuelos, tíos y tías. La década infame de 1930 fue un momento durísimo, de entre guerras. Ahí comienza esta historia, porque en Sunchales no había trabajo. Mi madre y mis tías se las rebuscaban como podían, porque además a las mujeres les era muy difícil conseguir trabajo. Por eso, decidieron viajar a Rosario, empezaron a buscar empleo en empresas, pero no encontraban, y se les acababa la poca plata que traían. Buscaron como empleadas domésticas en casas de familia. -¿Así ella conoció a su padre?-Sí, mi madre, que era una mujer increíble, estaba preparada para enfrentar los cambios. Cuando empezó a trabajar en la casa de la familia de mi padre, se sintió bien, fue muy apreciada. Ella y mi padre tenían una edad parecida, 20 años. Se enamoraron, pasó lo que pasó y quedó embarazada. Hubo un grave problema, un cisma en la familia acomodada de abogados de mi padre, que cuidaba mucho su parte social. No se aceptó el embarazo.-¿Y su madre se plantó?-Fue un momento duro. Él presionó para que mi madre entendiera. Ella se puso de punta y dijo que su hijo iba a nacer, que no necesitaba la ayuda de ellos, ni necesitaba que me reconocieran. A mí me pusieron mi apellido materno. Después él, arrepentido, quiso casarse y reconocerme, pero ella se negó rotundamente. Debía estar muy lastimada.-¿Quién lo crio? -Mis abuelos. Mi madre quedó en Rosario, tenía que trabajar. Entonces me entregó a mis abuelos, que me educaron. Con mi madre nos veíamos cuando yo viajaba a Rosario, a pedido de ella.-¿Pasó penurias económicas? -Sí. Vivimos en casas en las que compartíamos cocina y baño con otras familias. Tuve una familia muy respetuosa de los espacios que ocupaba. Siempre me decían: somos humildes y trabajadores, pero no somos ladrones, ni tenemos apetencias para subir de clase. Yo a los 12 años empecé a trabajar para ayudar a mis abuelos. -En 2019 tuvo que afrontar otra dura prueba, con la partida de su hijo mayor que tuvo con Pinky, Leo Satragno.-Leo era un canto de luz. Cuando se enfermó de cáncer de vejiga, empezó un tratamiento. Y esa primera parte salió bien, bajó la intensidad de la enfermedad, estaba mejor. Yo salí de gira por Japón e iba a los templos a rogar por él. Cuando reaparece la maldita enfermedad, intenté volver a trabajar con él, pero ya no podía. Hablábamos mucho sobre la fe. Yo nunca me mostré angustiado, ni insulté al destino ni a Dios ni a nada. Y él tampoco: cuando lo iba a visitar siempre estaba con una sonrisa, me hacía escuchar música y toda la familia lo acompañaba. El día que murió hice función de teatro.-¿Cómo fue eso?-Yo lo fui a visitar, sabía que estaba muy mal. Después, cuando iba en el micro rumbo a Mar del Plata, donde hacía La jaula de las locas, me llegó la noticia de su muerte. Lloré todo el viaje y le dije a Laura, mi esposa: si no subo esta noche al escenario, no subo nunca más. En Mar del Plata, pedí que nadie me saludara y silencio total durante la función. Me maquillé, me cargué todo el vestuario y subí a escena para hacer una obra cómica. El teatro explotaba de público.-¿No lo intimida la idea de la muerte?-Para nada, yo estoy concentrado en la vida. Hay una canción cuya letra dice: "Mirando la vida pasar". Yo no quiero eso, siempre quise ser protagonista de mi vida. Tampoco quiero que me manden a un geriátrico, ni quiero sufrir. Estoy seguro de que no voy a sufrir, porque estoy sano. Pero insisto, no pienso en eso, uno vive y muere, no nos tiene que llamar la atención. El señor del tangoEntre todos los capítulos que tuvo su trayectoria, hay uno muy especial: su participación en el espectáculo coreográfico y musical Tango argentino. Desde 1983, y durante más de una década, formó parte de una embajada de grandes cantores, músicos y bailarines que pusieron al tango nuevamente en la vitrina. No sucedió de un día para el otro, pero fue un parteaguas y abrió las puertas para el reconocimiento mundial del género, con temporadas en Broadway y en diferentes puntos del planeta. Lavié desmitifica que el éxito de Tango argentino haya sido inmediato, cuando la compañía debutó en el Teatro Châtelet, de París. "No conseguíamos ni siquiera un teatro para ensayar, ni tampoco la ayuda para volar a Europa. Todo el mundo nos decía: ¿Qué van a hacer ustedes a París? O directamente nos tildaban de locos. Presagiaban que íbamos a volver al día siguiente. Los grandes responsables del suceso fueron Claudio Segovia, que murió hace poco, y Héctor Orezzoli. También tuvo que ver el director Jorge Lavelli, quien recomendó el espectáculo a las autoridades culturales parisinas. Ellos crearon un espectáculo muy inteligente, haciendo un relato de lo que era el tango, con un repertorio exquisito. Recorrí el mundo entero con Tango argentino. Entre el público estaban Mikhail Baryshnikov, Liza Minnelli, Anthony Quinn, Plácido Domingo".-¿Le quedó algo en el tintero?-Me hubiera encantado grabar con Tony Bennett, eso me quedó pendiente. Fuimos amigos. Lo conocí cuando vino a cantar a Buenos Aires. Después cruzamos varias veces nuestros caminos, nos encontramos en San Francisco cuando hizo una exposición de pintura. Compartíamos el amor por las artes plásticas. La última vez fui a verlo al Gran Rex. Cuando lo saludé después del concierto, le dije: "¡Qué bien que cantaste!". ¿Y qué me respondió? "No mejor que tú". -¿Cuál es su límite hoy, a la hora de aceptar una nueva propuesta artística? -Yo prometí no hacer más teatro, pero después subo al escenario, me divierto y lo disfruto. El tema es que me cansa viajar todos los días desde mi casa al centro. Prefiero hacer shows puntuales.-¿Qué shows planea? -Estoy generando ideas. Yo hice un espectáculo dedicado a Piazzolla y Borges, me gustaría darle una vuelta para hacerlo en el teatro, con despliegue de bailarines. Se va a titular Hombre de la esquina rosada, como el cuento de Borges. También saldré para Europa, en un tour de gente que se anotó para viajar conmigo, tengo confirmadas cuatro funciones en Milán y una de Venecia. Y hay varias cosas más en carpeta.-No piensa en el retiroâ?¦-Al contrario: a veces pienso en qué estaré haciendo en 20 años. Seguiré cantando muchos años más.-Bueno, proyectos no le faltan.-Estoy fenómeno todavía. ¿Cómo no voy a estar feliz?Para agendarAstor y yo-su música y sus canciones. Concierto de Raúl Lavié. Domingo 29 de marzo, a las 13, en Bebop Club (Uriarte 1658).
La comitiva presidencial y los diez gobernadores argentinos que la semana última presentaron la Argentina Week, en Nueva York, pisaron el lobby del JP Morgan Chase para iniciar las rondas de negocios. Les llevó menos de un minuto llegar al piso 45 del rascacielos, a bordo de ascensores de alta velocidad. Apenas bajaron, los grandes ventanales que sobrevuelan el número 270 de Park Avenue, a 423 metros de altura, regalaron vistas panorámicas al skyline de la Gran Manzana. Un privilegio trepar a lo alto de la flamante torre monumental, una joyita de autor, la sexta más alta de la ciudad. Un Foster auténtico. A punto de cumplir 92 años, el arquitecto británico Norman Foster es un referente de la arquitectura global. Con base en Londres y 13 oficinas repartidas por todo el mundo, su estudio Foster + Partners, proyectó el Reichstag Dome, la cúpula vidriada del parlamento alemán, en Berlín, y el Aeropuerto Internacional de Pekín (China), entre otros. Ganador del premio Pritzker, el equivalente al Nobel de la arquitectura, Foster es el máximo exponente del estilo high tech, que reconfigura el paisaje urbano mundial con estructuras de cristal y acero de alta eficiencia energética. Su huella inconfundible dice presente en la Argentina, en cuatro instancias. Dos conjuntos porteños construidos, uno en camino, y el Master Plan de Puerto Norte, en Rosario. El complejo mixto El Aleph, en Puerto Madero, fue el primero. Le siguieron la sede del gobierno de la ciudad -Buenos Aires Casa Ciudad-, en Parque Patricios. Y el mes que viene se reanudarán las obras para completar una mega torre de oficinas en Av. Córdoba y Alem, Catalinas.Un edificio ganador La torre del JP Morgan Chase que conocieron los mandatarios argentinos se inauguró el año pasado y, desde entonces, no para de cosechar aplausos. Ganó el Better Future, categoría Oro, en el Premio de Diseño de Nueva York/Arquitectura. Entre otros atributos se destacó la capacidad para albergar 10 mil empleados (un Movistar Arena lleno) y la organización de sus 230 mil metros cuadrados (equivalente a 35 manzanas porteñas): una ciudad dentro de otra gran ciudad. La innovadora estructura de columnas en abanico y el sistema de estabilización triangular permiten que el coloso de 60 plantas se apoye levemente sobre el terreno a lo largo de toda la manzana, reforzando la idea central del diseño: la estructura es la arquitectura y la arquitectura es la estructura. En el centro de la llamativa silueta, ubicada a una cuadra del emblemático hotel Waldorf Astoria y a seis del Bryant Park, el espacio de triple altura denominado "Exchange" funciona como núcleo comunitario con 16 espacios distintos. Además, contempla áreas para reuniones generales y eventos de gran escala, mientras que en los niveles superiores se ubican las áreas ejecutivas y de atención a clientes. El edificio también cuenta con un centro de salud y bienestar de última generación y un programa curatorial de arte que incluye obras de Maya Lin, Leo Villareal, Gerhard Richter, Refik Anadol y del propio Norman Foster. Además, recorrió con sus proyectos gran parte del mundo: las residencias Lumiere, en Sydney: el Aeropuerto Internacional de Hong Kong; el Auditorio Clyde, en Escocia; el Museo de Arte Nimes, en Francia; la Torre de telecomunicaciones Collserola, en Barcelona; la Torre Commerzbank, en Fráncfort, Alemania; las Bodegas Portia, en Burgos, España; el edificio The Troika, en Kuala Lumpur; la terminal internacional del Aeropuerto de Pekín.Entre las más admiradas se encuentran la Torre Hearst, en Nueva York, de 182 metros de altura dividida en 46 pisos; el rascacielos The Gherkin, en Londres, con una fachada cubierta de cristal que suma 24.000 metros cuadrados, y la sede Apple Park-Cupertino, en los Estados Unidos, donde trabajó a la par con Steve Jobs. La mano derecha, un arquitecto argentino"Es una máquina, tiene un nivel de energía envidiable. Viaja todo el tiempo, a Miami, a Abu Dhabi, no para un minuto. Es un extraterrestre", dice Juan Frigerio, arquitecto argentino graduado en la FADU-UBA. Con un master en Arquitectura y Diseño Urbano por la Universidad de Harvard, integra hace 25 años el prestigioso estudio. Arrancó en la oficina de Londres, cuando "apenas éramos 340 personas. Hoy somos más de 3000, entre los equipos de Berlín, de Nueva York y de Miami, el nuevo estudio que acabamos de inaugurar. Cuando Norman vino la semana pasada a ver cómo había quedado respiramos aliviados. ¡Le gustó mucho!", confiesa. Frigerio es proyectista a cargo del área de desarrollo de negocios, participó desde el minuto cero en el proceso constructivo de dos de las obras del estudio construidas en Buenos Aires. Las residencias El Aleph, del Grupo Faena, en Puerto Madero (2011); y la sede del gobierno porteño, Buenos Aires Ciudad Casa de Gobierno, en Parque Patricios. Además, forma parte del equipo que impulsa la próxima torre Foster en Catalinas, que retoma su construcción en abril. Hacia fines de 2029 se estima que en la Av. Córdoba y Alem trepe un rascacielos triangular de 33 pisos, con 22 variaciones de plantas: casi ninguna igual a otra. El Foster de Catalinas redefinirá la silueta porteña de la zona y se convertirá en el único edificio de oficinas de categoría AAA que saldrá al mercado. "La calidad de los espacios será increíble, una obra superlativa. Sin duda, de las mejores torres de Sudamérica y de las joyitas del portfolio del estudio, en el top 10", elogia Frigerio. Y fundamenta su entusiasmo: "Tendrá terrazas generosas, jardines, atrios internos. Una sucesión de universos boutique para oficinas". Con 175 metros de altura, 35 pisos y una inversión de US$200 millones, la torre figurará, además, en el podio de los cinco rascacielos más altos de la Ciudad (La Torre Alvear figura en el puesto 1, con 239 metros). Para Frigerio, la geometría del proyecto funciona "como una máquina para maximizar las vistas. Es un guante que se acomoda a un entorno específico, por eso no funcionaría en ningún otro lugar del mundo. Solo en Catalinas", destaca. Las estrategias de reinserción urbana de la usina de Foster responden a una lógica con identidad propia. En el caso de Catalinas, la torre vecina del BBVA, con piel de vidrio, dificultaba las visuales. "Hicimos un análisis exhaustivo, muchísimas maquetas y estudios hasta llegar a un formato alargado de fachadas que miran a la ciudad, con vistas a la dársena de Puerto Madero. Así se garantiza el horizonte y se optimiza el rendimiento económico del proyecto. En un punto logramos que desaparezca el perfil del BBVA", pondera el arquitecto argentino con base en Miami.Frigerio destaca además que la identidad de Foster + Partners busca gestos de performance. El alcance del término "no es similar al rendimiento. Se refiere a que buscamos soluciones únicas que derivan de investigaciones profundas, de parámetros técnicos, de sustentabilidad, ingeniería y diseño urbano", subraya.En este sentido, los tres conjuntos porteños estudian los gestos de inserción en la topografía de la Ciudad. Una de las claves es el monitoreo de las pieles de los edificios con respecto al clima porteño. En El Aleph (2012), por ejemplo, la solución diseñada fue un dispositivo de parasoles orientados hacia el norte que controlan la radiación. Este proyecto que combina residencias y habitaciones de hotel forma parte del Faena District y fue el primero en desembarcar en la Ciudad. La premisa que planteó Alan Faena apuntó a rescatar la tradición arquitectónica local. Para eso, los proyectistas se inspiraron en la tipología del PH, o casa chorizo, una idea que reforzaron los desarrolladores locales del estudio Berdichevsky-Cherny. Así, se diseñaron techos con bovedillas -pero de hormigón- y grandes expansiones, mix de balcón con patio, articuladas con los ambientes de estar a través de cerramientos vidriados de piso a techo. El interiorismo del complejo ubicado en Petrona Eyle, entre Juana Manso y Olga Cossettini, corrió por cuenta de la arquitecta Claudia Faena, que le imprimió identidad, calidad y un sello propio.La solución de los parasoles también se aplicó en la sede de la jefatura del Gobierno porteño, en Parque Patricios. Esta vez, orientados hacia el Este y el Oeste, para impedir el asoleamiento y, a la vez, promover el ingreso de luz natural. El enorme alero que cubre la fachada vidriada es el sello distintivo del proyecto. Corría 2015 y Sir Norman Foster aterrizaba en Buenos Aires para cortar la cinta de inauguración de la inconfundible cubierta ondulada que ya es un hito en el Distrito Tecnológico. "Es una pequeña ciudad, con puentes, espacios para el encuentro y visuales extraordinarias al parque que diseñó Carlos Thays. Casi ni se usan los ascensores, todos los empleados caminan para disfrutar las copas de los árboles", señala Juan Frigerio, que cada vez que viaja a la Ciudad organiza visitas para recorrer el conjunto. La maqueta de este proyecto fue una de las 100 obras seleccionadas que integraron la retrospectiva de Norman Foster que se vio en 2023 en el Museo Pompidou de París. "Es un edificio que no envejece y se mantiene en perfecto estado", apunta Frigerio. Y agrega que la estructura de hormigón armado que queda a la vista constituye uno de los lenguajes expresivos del edificio. Flexible y transparente, es el resultado de una trama que define la cubierta, también de hormigón, conformada por una serie de paraguas asimétricos de hormigón vinculados por vigas. Sin duda, el elemento insignia del edificio. Foster atesora una lista extensa de premios y distinciones. El Pritzker llegó el mismo año que el título de Lord, en 1999. Pero, además, ostenta desde 1990 el reconocimiento oficial de la monarquía británica. Además de Lord es Sir Norman Foster, el caballero de la arquitectura mundial, ganador del concurso para construir el memorial en honor a la reina Isabel II. El mes que viene se inaugurará el Puente de la Unidad, en el corazón de St James's Park. El monumento está realizado en vidrio translúcido y se inspira en la tiara que la Reina Isabel llevó el día de su boda. Desde el estudio de Sir Foster, o el Barón Foster, también ganador del premio Príncipe de Asturias, hay proyectos confirmados hasta 2039, al menos. Incluyen un Plan Maestro en el sur de Kuwait, el puerto de Varsovia, el Aeropuerto Internacional de Arabia Saudita y las estaciones para el tren de alta velocidad de California, entre otros. El universo Foster es imponente. Tanto, que Juan Frigerio armó un grupo de WhatsApp para el puñado de arquitectos argentinos que recién ingresaron a la sede de Londres. "En el ArgieChat nos apoyamos mucho. Es duro pisar por primera vez este monstruo", desliza Juan Frigerio, el argentino con más experiencia en la usina de arquitectura que deja huellas por todo el planeta.
Tras un período dominado por La Niña, los expertos climáticos de Estados Unidos anticipan una transición hacia condiciones neutrales y, posteriormente, la posible reaparición de El Niño. Este fenómeno no solo altera temperaturas y lluvias, sino que también impacta directamente en la intensidad y frecuencia de los huracanes en el Atlántico. Los especialistas advierten que este año podría romper varios esquemas conocidos.La transición climática en marcha: un paso hacia la neutralidad y luego ¿El Niño?Según un comunicado del Climate Prediction Center de la NOAA, actualmente el sistema ENSO (El Niño-Oscilación del Sur) se encuentra bajo un estado de "advertencia La Niña" junto con una vigilancia activa por el desarrollo de El Niño. Durante febrero de 2026, La Niña continuó presente, con temperaturas de la superficie del mar por debajo del promedio en el Pacífico ecuatorial central y oriental, lo que confirmó la persistencia de este patrón climático.De acuerdo con la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés), los indicadores oceánicos y atmosféricos muestran que este escenario está en proceso de cambio. Se espera que en el transcurso del próximo mes se produzca una transición hacia una fase neutral, con una probabilidad estimada del 55% de que estas condiciones se mantengan entre mayo y julio de 2026. Sin embargo, la evolución posterior es la que concentra la mayor atención de los meteorólogos: existe un 62% de probabilidades de que El Niño se desarrolle entre junio y agosto, con perspectivas de mantenerse activo al menos hasta finales de año.¿Un evento fuerte en camino?El mismo reporte de la NOAA advierte que, aunque la aparición de El Niño es cada vez más probable, su intensidad aún es incierta. No obstante, las estimaciones actuales indican que existe aproximadamente una probabilidad de uno en tres de que el fenómeno alcance una categoría "fuerte" hacia el período comprendido entre octubre y diciembre de 2026.Desde FOX Weather señalan que algunos de los modelos climáticos más agresivos van incluso más allá, al sugerir entre un 80% y un 90% de probabilidades de que el evento alcance una intensidad considerable, e incluso algunos proyectan un episodio muy fuerte. Estas previsiones, aunque sujetas a variabilidad, están respaldadas por la gran cantidad de calor acumulado bajo la superficie del Pacífico y por los cambios en la circulación atmosférica ya observados.Impacto de El Niño en la temporada de huracanesSegún FOX Weather, la posible llegada de El Niño tiene implicancias directas sobre la temporada de huracanes en el Atlántico. En condiciones normales, este fenómeno tiende a reducir la actividad ciclónica al incrementar la cizalladura del viento en niveles altos de la atmósfera. Este efecto dificulta la organización de tormentas tropicales, al impedir que muchas de ellas se intensifiquen.Fox Weather anticipa que la presencia de El Niño podría modificar la temporada de huracanesAdemás, El Niño suele favorecer una atmósfera más estable, lo que también limita el desarrollo de sistemas convectivos necesarios para la formación de huracanes. Históricamente, esto se tradujo en temporadas con menor cantidad de tormentas.Sin embargo, el panorama para 2026 presenta un elemento adicional que podría alterar este comportamiento típico. Las temperaturas de la superficie del mar en el Atlántico se mantienen cercanas o incluso por encima del promedio, lo que proporciona energía adicional para el desarrollo de tormentas. Esta situación genera una especie de "pulseada" entre dos factores opuestos: por un lado, las condiciones atmosféricas desfavorables impulsadas por El Niño; por otro, océanos más cálidos que favorecen la intensificación de ciclones.
MADRID.- Brad Smith, presidente de Microsoft, se toma un segundo para reflexionar y usa la palabra "guardarraíles" con la naturalidad de quien pensó mucho en los precipicios. Se celebran unas jornadas sobre la innovación de la compañía en su sede de Redmond (EE.UU.), al que han sido invitados este y otros diarios internacionales, y EL PAÍS le pregunta cómo y quién determina si la inteligencia artificial (IA) de la empresa puede ser utilizada en un contexto de guerra, como el actual. Hace tan solo unos días que se hizo público que la firma de IA Anthropic ha demandado al Pentágono por vetarla tras marcar líneas rojas en el uso de su tecnología. Es el debate del momento en el mundo de las grandes tecnológicas, y es un asunto muy familiar para Microsoft: en 2021, el Pentágono canceló un acuerdo de US$10.000 millones con la firma tras las protestas de sus empleados. Microsoft, de hecho, apoya a Anthropic en su pelea con el Pentágono.Smith responde: "Tenemos principios, los definimos y los publicamos. Por definición, esos principios crean guardarraíles. Y nos mantenemos en la carretera dentro de ellos. No se trata solo de cuándo debemos usar la tecnología, sino también de cuándo no debemos usarla".Microsoft tiene para ello un equipo que hackea sus propios productos: el "equipo rojo" o red team. El nombre tiene historia militar. Los red teams surgieron en los ejércitos para simular ataques enemigos y detectar vulnerabilidades propias antes de que lo hiciera el adversario real. En ciberseguridad, la práctica lleva décadas establecida. Pero aplicarla a la IA generativa es algo relativamente nuevo, y Microsoft se atribuye haber sido pionera, al formar este equipo en 2018."Antes de que se lance un producto, los equipos rojos 'rompen' la tecnología para que otros puedan reconstruirla más sólida y segura", explica Ram Shankar Siva Kumar, "cowboy de datos", según se autodenomina, y líder del equipo rojo. "La IA puede provocar problemas, desde fallas de seguridad hasta daños psicosociales. La gente usa Copilot [la IA de Microsoft] en momentos de gran vulnerabilidad, así que observar cómo pueden fallar estos sistemas antes de que lleguen al usuario es una cuestión fundamental", explica.Esta especie de "asuntos internos" de la IA analizó ya más de 100 productos de la compañía. Microsoft no ofrece datos de cuántas personas trabajan en él, ni sobre si se han parado productos ni cuáles. Pero sí asegura que el equipo tiene el poder para hacerlo: "Ningún sistema de IA de alto riesgo se implementa sin antes someterse a una prueba independiente. Si nuestro equipo identifica riesgos graves que no se han mitigado, el producto no se lanza hasta que se resuelvan esos problemas", asegura Kumar.La pregunta que se hace el equipo a la hora de analizar un producto antes de que sea lanzado es: "¿Cómo podría usarse este sistema de IA, para bien o para mal, dentro de meses o años?".Seis principiosLos "guardarraíles" que mencionaba Smith son seis principios genéricos que el equipo, sin embargo, cree que son muy claros a la hora de examinar los productos: equidad, responsabilidad, transparencia, confiabilidad y seguridad, inclusión y privacidad y seguridad. Estos principios se transforman, en el día a día, en herramientas concretas. "Si le das a un ingeniero un documento de 50 páginas para que implemente esos principios, se va a abrumar. Tenemos una herramienta de código abierto llamada Pyrit; la construimos para nosotros y luego la pusimos a disposición del mundo, porque creemos en la salud del ecosistema", dice Kumar.En el equipo rojo hay neurocientíficos, lingüistas, especialistas en seguridad nacional, expertos en ciberseguridad, veteranos militares e incluso una persona que estuvo en prisión "y se rehabilitó", explica Kumar. Además, se hablan 17 idiomas , y "algunos dialectos del francés, mongol, tailandés, coreano", según el jefe del equipo, ya que una de las obsesiones del red team, explica, es que la IA no cometa errores en ningún lugar del mundo.Junto a Kumar dirige las operaciones del equipo rojo Tori Westerhoff, cuyo perfil combina neurociencia cognitiva â??estudió en Yale y fue de las primeras miembros de la Iniciativa de Neurociencia de Whartonâ?? y estrategia de seguridad nacional, ya que trabajó en agencias de inteligencia y defensa. "Cuando recibimos un encargo emulamos lo que podría salir mal en los extremos de la curva de uso de esa tecnología. Mi equipo profundiza en cómo utilizar ese producto tal como está previsto, y de maneras no previstas, para obtener los casos más extremos y ayudar al equipo de producto a reproducirlos y mitigarlos antes de que puedan ser utilizados por alguien en el mundo real", añade.Un ejemplo de su trabajo fue el red teaming, como denominan internamente a su hackeos, de GPT-5, el modelo de OpenIA (socio de Microsoft) lanzado el pasado agosto. Lo que hicieron fue entrenar a otra IA para que intentara hackear al programa, de forma automática y a una escala imposible para humanos.Cuando probaron GPT-5, el equipo rojo utilizó Pyrit para generar más de dos millones de conversaciones-trampa de forma automática. La IA atacante intentaba engañar a la IA atacada, sin parar, durante días, explorando combinaciones que a un humano jamás se le ocurrirían. Encontrar esos puntos débiles manualmente es un proceso lentísimo; por eso, entrenaron a esa IA para que intentara romper otra IA, "como en Inception", dice Kumar, en referencia a la película de Christopher Nolan donde los personajes entran en sueños dentro de sueños.Sin embargo, Westerhoff, Kumar y Daniel Krutz, que dirige la oficina de IA Responsable de la compañía, insisten en una idea: la automatización tiene un límite. "El red teaming solo puede automatizarse hasta cierto punto, y solo los humanos pueden determinar si una respuesta generada por IA les resulta incómoda o representa un sesgo", asegura la compañía. El criterio lo pone la persona; la escala, la máquina. Esa división del trabajo define la filosofía del equipo.Westerhoff cree que, de hecho, solo la mente humana es capaz de "imaginar esos espacios que aún no se han observado, que no se han definido completamente ni explorado; nuestro trabajo consiste en innovar y crear más allá del espacio que se ha sistematizado".El equipo identifica tres áreas donde la automatización es ciega por definición y el juicio humano resulta imprescindible. La primera tiene que ver con las materias; se necesitan personas para evaluar el riesgo en áreas como medicina o seguridad. La segunda tiene que ver con los lugares donde se lanza esa IA. "Necesitamos humanos para tener en cuenta las diferencias lingüísticas y redefinir qué constituye un daño en distintos contextos políticos y culturales", dice la empresa. Y la tercera, la inteligencia emocional. En última instancia, solo los humanos pueden evaluar el rango de interacciones que los usuarios podrían tener con los sistemas de IA. Un modelo puede pasar todas las pruebas automatizadas y aun así producir respuestas que resulten perturbadoras para una persona real en una situación concreta.Este modo de ver la IA coincide con la visión de Mustafa Suleyman, uno de los fundadores de Deepmind (ahora parte de Google) y CEO de Microsoft AI. Hace unos días, escribía en la revista Nature: "Una IA aparentemente consciente se puede convertir en un arma". A medida que los sistemas de inteligencia artificial imitan cada vez más la estructura del lenguaje humano, argumenta, necesitamos normas de diseño y leyes que impidan que sean confundidos con seres sintientes. "Deben seguir siendo fundamentalmente responsables ante los humanos y estar supeditados al bienestar de la humanidad", escribe Suleyman. "Los agentes de IA no deberían tener más derechos ni libertades que mi portátil".La filosofía central que articula el trabajo del equipo rojo es, en fin, que "la IA responsable no es un filtro que se aplica al final del desarrollo, sino una parte fundacional del proceso", dice Kumar. Son los guardarraíles de Smith, que no actúan en realidad como frenos, sino como condición para ir rápido sin despeñarse.
Leer más
En Inglaterra, el equipo de Pep Guardiola juega la final de la Copa de la Liga.En LaLiga de España, los del Cholo Simeone quieren amargar al Merengue en el Bernabéu.El Torneo Apertura ofrece cinco partidos, incluido el clásico Argentinos vs Platense.
El santafesino apuesta por el equipo del Gurí Martínez tras un flojo arranque en la categoría.No gana desde 2022 y busca recuperar protagonismo en una categoría cada vez más competitiva.
Barry Keoghan había terminado su relación con la cantante por una supuesta infidelidad."Se está convirtiendo en un problema. No tengo que esconderme porque ya lo hago", dijo.
El lector vive con su esposa e hijos en Beirut, Líbano, y enfrentan la muerte a diario. EL COMENTARIO DEL EDITOR. Varados en medio de los bombardeos
Un informe de Gartner advierte que el 50% de los proyectos de IA generativa se abandonan tras la prueba.Costos altos y falta de datos limpios, los principales frenos.El caso de Amazon que funciona como evidencia: más carga de trabajo y menor productividad.