El músico celebró su cumpleaños junto a la diva en la propiedad a la que se mudó hace dos meses. Leer más
Susana Giménez celebró en Punta del Este el cumpleaños número 51 de su hermano Patricio. Entre muestras de cariño y divertidos comentarios, el festejo incluyó desopilantes frases de la conductora en relación con la decoración de la nueva casa del músico.La celebración familiar quedó registrada en un video que ambos compartieron en las redes sociales y que mostró el costado más espontáneo de la diva. Los hermanos disfrutaron de un encuentro íntimo en compañía de la perra del cantante, que sopló las velitas y pidió los tres deseos para el año entrante.Frente a la cámara, Susana y Patricio se prepararon para cantar el "Feliz cumpleaños" y, antes de comenzar, la conductora explicó a su hermano cómo debía pedir los deseos. "Primero, tenemos que cantar; cuando terminamos, antes de soplar, pedís", le indicó con humor.Después de apagar la velita, la diva quiso saber si el artista los había pedido y, tras recibir una respuesta afirmativa, lo abrazó y le dedicó palabras de afecto. "Bueno, para que se cumplan, Pato, que esté todo bien, lindo", expresó ella, mientras su hermano le respondía con un "te amo"."Tarde de cumple en mi casa nueva"La escena dejó en evidencia el cariño que se tienen en un festejo familiar en el que hubo lugar para las bromas. En otro momento del video, Susana mira por la ventana y opina sobre la nueva propiedad que Patricio adquirió en Uruguay y no dudó en cuestionar la decoración.La conductora le reclamó que sacara los "yuyos" del jardín, en relación al tipo de vegetación que eligió para el frente de la casa, y le sugirió que plantara flores para darle otro aspecto al lugar. Su hermano defendió su elección y aclaró que tenía pensado poner flores, aunque insistió en que aquellas plantas también son decorativas. Junto al video, el cantante compartió su alegría por el cumpleaños y por haber recibido a su hermana en su hogar. "Tarde de cumple en mi casa nueva. ¡Cómo nos reímos! Love you", escribió en la publicación.El posteo no tardó en despertar reacciones entre los seguidores de ambos, que se divirtieron con las frases de Susana. "La amo, ¿qué tenían que ver los yuyos después de cantarle el feliz cumpleaños?", comentó una usuaria sorprendida por el cambio de tema de la conductora. Además, hubo quienes se fijaron en otros detalles del festejo, como la vela de la torta. "Me encantó la vela de apagón, vamos todavía, no soy la única", escribió una seguidora. Entre las felicitaciones para Patricio y las risas por el particular estilo de Susana, otro comentario resumió: "Las críticas de las hermanas nunca pueden faltar. ¡Felicidades! Lindos los yuyos". View this post on Instagram El vínculo entre la diva y su hermanoPatricio Giménez nació en 1975 y es uno de los tres hermanos, junto a Carolina y Federico, que Susana tiene por parte de su papá. Patricio es cantante, compositor y publicista y, desde hace varios años, encontró en Punta del Este un lugar para llevar una vida más tranquila y en contacto con la naturaleza.En una entrevista con la revista ¡Hola! en 2024, fue Carolina quien dio algunos detalles de la relación que comparten los hermanos desde chicos. Según recordó, durante la infancia eran muy unidos y, como vivían en edificios cercanos, los encuentros eran frecuentes y compartían reuniones familiares. View this post on Instagram "Nos disfrutamos muchísimo" El propio Patricio se refirió en diversas ocasiones con especial afecto a su hermana y describió el lugar que ocupa en su vida. "Ser hermano de Susana Giménez, el personaje famoso, ni te salva, ni te cura: te expone. Y eso a veces es bueno y a veces es malo", reflexionó en diálogo con el mismo medio. Sin embargo, dejó en claro que la fama no define el vínculo entre ambos: "En lo personal, creo que como hermanos, con Susana nos disfrutamos muchísimo. Ella es uno de los pocos amores que conservo en este mundo", decía.En cuanto a su vida en Uruguay, el artista también dijo que en el país vecino encontró un ritmo de vida que le permite combinar sus proyectos profesionales con una búsqueda interior que, según contó, transformó su manera de entender la felicidad.
La diva participó de la celebración íntima que realizó el músico en su nueva casa y el video del festejo se viralizó. Leer más
La diva de 82 años se mostró en redes haciendo ejercicio en su casa en Punta del Este, Uruguay.
Susana Giménez regresa a la actuación, esta vez con un papel muy particular, que tendrá tanto de familiar como de desafiante para ella: la diva se interpretará a sí misma en la segunda temporada de la serie Menem, según pudo confirmar LA NACION. De esta manera, en su participación compartirá escenas con Leonardo Sabaraglia, quien se pone nuevamente en la piel del expresidente, con dirección de Ariel Winograd.El mandatario, quien falleció en 2021, visitó varias veces el living de Susana. También lo hizo su hija, Zulemita Menem interpretada en la serie por Cumelén Sanz. Sin embargo, una de las escenas más recordadas que podría rememorar Susana Giménez en la serie podría ser con Griselda Siciliani, Zulema Yoma en la ficción, ya que la exesposa del político fue entrevistada en 1997 por la diva en una nota mano a mano y a corazón abierto en la que ella recordaba la muerte de su hijo Carlitos Junior (Agustín Sulllivan, en la biopic).Qué se sabe de la participación de SusanaLa segunda temporada de la serie sobre Carlos Saúl Menem que se podrá ver en 2027 por Prime Video está enfocada en la segunda presidencia del exmandatario (1995/1999), años en los que Susana ya era una diva consagrada y lo que pasaba en su living marcaba la agenda de los medios, por lo cual su participación no pasará inadvertida. Las grabaciones comenzaron el 28 de septiembre pasado y terminarán hacia fines de noviembre por lo tanto ella rodará sus escenas durante las próximas semanas. Sobre cuántos días grabará, es un secreto guardado bajo siete llaves. "No puedo hacer ningún comentario de nada", dijo a LA NACION Ariel Winograd. Además de Sbaraglia, estarán presentes una vez más Juan Minujín ( en el rol del fotógrafo presidencial), Griselda Siciliani (Zulema Yoma), Cumelén Sanz (Zulemita), Sebastián Almada (Eduardo Duhalde) y Marco Antonio Caponi (Gerónimo Ayala).La relación entre la biopic de Menem y la de SusanaMás allá del desafío de volver al set por un rato, es muy probable que a Susana le haya tentado la idea de trabajar bajo la dirección de Ariel Winograd, ya que será él mismo quien el año próximo dirija la biopic de la diva, con producción de Gustavo Yankelevich. El cineasta ya tiene experiencia en el rubro. Además, hizo Cóppola, el representante que se estrena hoy con Juan Minujín. "Me atraen los personajes y también las épocas; los 90 me gustan. Cara de queso, mi primera película, es una biopic mía que transcurre en esa década. Hay un tema con esos años y la adolescencia que me sigue llamando la atención. Tanto Coppola como Menem son dos personas que reflejan y son parte de la historia de esos tiempos", había contado el año pasado en diálogo con LA NACION.Sobre el proyecto de llevar su vida a pantalla, hace un tiempo la misma Susana había dicho que todo estaba marchando bien: "No está terminada pero está bien. Hasta el capítulo 5 tengo". En su momento además, dijo que prefería que su rol lo tomara una actriz que no fuera conocida y cuando le preguntaron si le gustaba la China Suárez para el papel, dijo enojada: "No, no tiene carisma". Su comentario no fue para nada casual ya que la novia de Icardi había interpretado a la diva en Sandro de América en 2018. Un año después fue Celeste Cid quien llevó adelante el papel, aquella vez para Monzón y ella sí logró el visto bueno y la bendición de la conductora. Este año, bajo la dirección de Javier Van de Couter fue interpretada por Mica Riera y por Leticia Brédice en dos etapas diferentes de su vida en Moria.Susana y la actuaciónHacía un tiempo que Susana no se sumaba a un proyecto audiovisual como actriz. Lo último que se vio fueron publicidades: una gaseosa que llevaba en su mano y mostraba al darse vuelta en un claro guiño al comercial de jabón que la hizo famosa y luego fue la cara de un sitio de apuestas online, esta vez los guionistas apelaron a la música y a los latiguillos que ella usaba en su icónico programa.En 2022 había participado de Porno y Helado, la serie de Martín Piroyansky con Sofi Morandi y Nacho Saralegui, donde interpretaba a Roxana, la esposa de un candidato que tenía una particular obsesión con unos artículos de ferretería. Ese mismo año y hasta 2024 se subió a las tablas para hacer la obra Piel de Judas, con Antonio Grimau, Mónica Antonópulos y Julieta Nair Clavo, con la dirección de su amigo Arturo Puig.
Nelson de la Rosa era un dominicano de edad adulta que medía apenas 71 centímetros. Por ello se lo presentaba como el hombre más pequeño del mundo. Eran los 90, años en que las personas que no respondían al concepto de lo normal de entonces generaban atracción. Y rating. "¡Me lo como!", exclamó, por ejemplo, Susana Giménez la primera de las tantas veces que lo presentó en su ciclo televisivo. Con su voz aguda y sus respuestas escuetas, el diminuto personaje era un clásico en el programa de la diva de los teléfonos. Quienes vivieron en esa época seguramente lo recordarán. Allí ensayaba algunas coreografías, respondía las preguntas cándidas de la conductora ("¿No aumentás mucho de peso, no es cierto?") y hasta llegó a presentar a su familia.Este jueves se cumplen 20 años de la muerte del pequeño dominicano, que pasaría a la historia, al menos en la Argentina, como "el enano de Susana". Pero su vida no se redujo solamente a sus apariciones mediáticas. Tuvo también un breve pero brillante currículum como actor, participó de un videoclip memorable, fue mascota de un club de béisbol y hasta protagonizó una delirante anécdota con Diego Armando Maradona en la noche porteña. El origen de "el hombre rata"Nelson de la Rosa nació el 21 de junio de 1968 en la ciudad de San Francisco de Macorís, en el norte de la República Dominicana. Llegó al mundo con una condición conocida como Síndrome de Seckel, una afección genética extremadamente rara que produce problemas en el crecimiento y causa lo que en medicina se conoce como "enanismo primordial". Desde muy niño este síndrome marcó el destino de Nelson. Era el único de los seis hermanos de la Rosa que presentaba una figura diferente, y eso llamó la atención de la comunidad en la que vivía. No pasaron muchos años hasta que el niño de corta estatura se convirtiera en un fenómeno de circos y ferias de su país. Así se transformó en un personaje conocido en su país a nivel popular. Pero su salto a la fama internacional llegaría de la mano del cine. Un director italiano, Giuliano Carnimeo, convocó a Nelson para tener el rol protagónico en un filme de terror de clase B que, en idioma original, se llamó Quella villa in fondo al parco, pero que internacionalmente se conoció como Ratman o El hombre rata. En efecto, en esta cinta estrenada en 1988, el hombre más pequeño del mundo interpreta a una especie de criatura monstruosa, un roedor humanoide fruto de experimentación genética que, con sus ataques letales, provoca el terror de los pobladores mientras que una periodista estadounidense investiga su caso. La película fue grabada en gran parte en la República Dominicana y, entre otras cosas, le dio origen a otro de los apodos con el que se conoció a su protagonista a través de los años: el hombre rata. Con los años, la película se convirtió en un producto de culto en el circuito alternativo y Nelson pasó a ser un personaje fuertemente convocado por la televisión de diferentes países. Cadenas importantes de latinoamérica como Venevisión o Univisión tuvieron al minúsculo actor como invitado a sus programas más vistos. Su presencia llegó también a los Estados Unidos, a España y, por supuesto a la Argentina. En 1994 fue el primer encuentro con Susana y desde entonces fue un abonado al ciclo. En 1998, por caso, fue al estudio de la estrella de Telefe a presentar a su esposa Jennifer, una dominicana de 18 años y a su pequeño hijo Cristian Alberto. "¡Es tu hijo! ¡No lo puedo creer!", gritó Susana, estupefacta, mientras miraba a un bebé que ya tenía, prácticamente, el tamaño de su padre. Junto a Marlon BrandoDos años antes de ese inolvidable momento televisivo, el propio Nelson tuvo su momento de gloria en el espectáculo. Fue otra vez en el cine, cuando compartió el set y varias escenas nada menos que con el monstruo de la actuación estadounidense, Marlon Brando. La película, estrenada en 1996, fue La isla del dr. Moreau. Allí, el genial actor interpreta al doctor del título, un desquiciado hombre de ciencia que experimenta genéticamente con humanos y animales. Y De la Rosa es Majai, su extraño ayudante. Los especialistas en cine señalan que esta película fue un gran fracaso. Añaden también que su filmación fue caótica. En parte, por lo mal que se llevaba el actor principal con el otro protagonista, Val Kilmer. Y en parte también por los caprichos de Brando que, entre otras cosas, decidió modificar el guión para tener más escenas junto a Nelson, básicamente porque le había caído muy bien. Una de las escenas más destacadas del filme, de hecho, es la que el intérprete de Un tranvía llamado deseo y el hombre más pequeño del mundo tocan juntos al piano "La Polonesa heroica", de Frederic Chopin. Al concluir su obra, ambos, que están vestidos con idénticos atuendos y cada uno en su respectivo piano, se dan un feliz abrazo. Nelson toca el piano en La Isla Del Dr. Moreau (1996)Al parecer, el asistente Majai del Dr. Moreau inspiraría luego otro personaje cinematográfico de relevancia. Se trata del Mini-Me, el diminuto villano interpretado por Verne Troyer, que aparece en la segunda y tercera de las películas de la saga del agente secreto británico Austin Powers.De Illya Kuryaki a MaradonaOtra vez en la Argentina, en el año 1999, Nelson de la Rosa participó en el videoclip de "Coolo", un hipnótico hit de Illya Kuryaki and the Valderramas. En este caso, aparece como el líder de una banda de mimos. Vestido con una remera a rayas horizontales blancas y negras y coronado con un bombín verde, el dominicano tira unos pasos de baile y responde a la consigna del estribillo de la canción del dúo conformado por Dante Spineta y Emanuel Horvilleur: "A mover el coolo / a mover el coolo". Otro de los recuerdos que dejó el hombre fallecido hace 20 años corresponde a mediados de los años noventa y se relaciona con su increíble encuentro con Diego Armando Maradona. El que se encargó de difundir en diferentes ocasiones esta particular juntada fue Guillermo Coppola, exrepresentante del 10.Según lo que cuenta el exmánager, todo ocurrió una noche en Buenos Aires News. El astro del fútbol había ido al baño de ese boliche y a su regreso, mientras caminaba entre numerosos fans que querían saludarlo, alguien le alcanzó al pequeño Nelson, que quería conocerlo. Coolo, video de Illya Kuryaki and the Valderramas"Se lo ponen en los brazos a Diego -contó alguna vez 'Guillote'-. Diego lo agarró... se sorprendió. Se asustó. Y lo tiró. Por suerte estaba ahí Osvaldo 'el Gato' Santos (exarquero de Boca), que lo atajó y Nelson no cayó a la pista". Esta anécdota se cierra con el propio Coppola dándose cuenta de que lo que el jugador había lanzado por el aire era una persona y no un muñeco. "¡Diego! ¡Es un ser humano!", le gritó el mánager a su representado. Finalmente las cosas se aclararon y la noche terminó "muy feliz" para el dominicano, según lo que contó el hombre de blancos cabellos. El final de NelsonMás allá de sus picos de fama, Nelson continuó trabajando en distintos circos como atracción simplemente por su tamaño. Su último momento de reconocimiento fue en el año 2004, cuando el beisbolista dominicano Pedro Martínez, estrella de los Red Sox de Boston, comenzó a llevar a su compatriota a los vestuarios del club antes de cada partido. El actor se había convertido de pronto en la mascota del equipo y esto trajo a los de Boston una notable buena suerte. El plantel ganó la Serie Mundial de 2004 -el campeonato más importante de la MLB- cortando una sequía de 86 años sin obtener títulos. Luego de este logro, "el amuleto de la buena fortuna" de los Medias Rojas fue a visitar el programa de Jimmy Kimmel en Nueva York. Y lo hizo, para llamar más la atención, disfrazado de Hombre araña. En el año 2006, Nelson estaba trabajando en un circo en Chile. En uno de sus viajes a Miami comenzó a sentirse un poco mal. Se trasladó entonces a Nueva York, donde vivían dos de sus hermanos. Allí su situación empeoró. Fue internado en un hospital de Providence, en el estado de Rhode Island, donde falleció por un colapso cardíaco el 22 de octubre de ese año. Tenía tan solo 38 años. Para un hombre que había sido la atracción de millones de personas en el mundo, su funeral fue bastante modesto. Asistieron apenas sus familiares y no muchas personas más. Sus restos descansan en el cementerio Cristo Redentor, de Santo Domingo, capital de la República Dominicana. Durante años se presentó a Nelson de la Rosa como el hombre más pequeño del mundo y se decía que ello había sido certificado por el libro Guinness de los Récords. Sin embargo, esta entidad nunca acreditó esa marca para el dominicano. De todas formas, todos los que lo vieron sentado en lo de Susana o bailando con los Kuryakis, así lo recuerdan.
El ministerio público federal presentó un recurso de queja contra la suspensión concedida a la acusada
Las cantantes de la agrupación de cumbia contaron a través de las redes sociales que vivieron momentos de terror mientras esperaban su vuelo a Piura
Carlos Monzón venía de conquistar el título mundial de los medianos y de defender su corona ante los mejores boxeadores del planeta, cuando alguien le propuso ver a una mujer que quería conocerlo. Su primera reacción fue preguntar quién era. La respuesta fue: Nélida Roca, la Venus de la calle Corrientes, la vedette que convertía cada aparición en el escenario en una exhibición de glamour y sensualidad.No estaba acostumbrada a recibir visitas por compromiso. Lejos del teatro, donde deslumbraba con plumas y brillos, cultivaba una intimidad rigurosamente protegida. No frecuentaba restaurantes ni confiterías, evitaba las entrevistas y no quería que los fotógrafos la retrataran fuera de escena. Quienes la conocían bien sabían que para llegar hasta ella había que atravesar una puerta muy estrecha: la de su confianza.El encuentro entre ambos se produjo gracias a un amigo en común y a una gestión del reconocido periodista Ernesto Cherquis Bialo, que años después reconstruiría aquella historia con detalles que parecen sacados de una comedia romántica.Entonces, aquello que empezó como una invitación a tomar el té terminó en un romance que se extendió desde fines de octubre de 1973 hasta mediados de marzo de 1974. Duró menos de cinco meses, pero dejó una anécdota memorable y un capítulo quizás poco conocido en la vida sentimental del boxeador.Porque antes de que Susana Giménez se convirtiera en la mujer que marcaría una etapa decisiva de su vida, hubo otra diva que lo recibió en su hogar y que consiguió que el hombre acostumbrado a repartir golpes quedara, por un rato, completamente desarmado.Reina de la revista porteñaPara entender el magnetismo de Nélida Roca hay que regresar a una época en la que la calle Corrientes era uno de los grandes escenarios de la vida nocturna porteña. Nacida en Buenos Aires el 30 de mayo de 1929 como Nélida Mercedes Musso, comenzó su carrera artística vinculada con la música. Cantaba en la orquesta de jazz de Julio Rivera Roca, con quien se casó cuando era muy joven. Fue descubierta por el empresario y director Luis César Amadori y debutó en el teatro Maipo en 1948.A partir de entonces construyó una carrera extraordinaria dentro de la revista, un género en el que compartió escenario con algunos de los capocómicos más populares de su tiempo. Su fuerte no era la destreza como cantante ni una técnica de baile excepcional. Su atributo distintivo era otro: una presencia escénica que atrapaba al público desde el instante en que aparecía.Bajaba las escaleras con tacos altísimos, plumas y trajes que parecían diseñados para convertirla en una figura mitológica. La llamaban la Venus de la calle Corrientes y su nombre llegó a tener tanto peso comercial que encabezaba las marquesinas junto a los grandes humoristas. La fascinación también tenía consecuencias en la boletería. Las localidades más cercanas al escenario podían venderse a precios muy superiores a los habituales porque el público quería verla de cerca.Roca fue, además, una pionera en la negociación económica de las vedettes: consiguió participar de la recaudación, un privilegio que hasta entonces estaba reservado principalmente a los capocómicos. No era solamente una mujer hermosa. Comprendía el valor de su imagen y sabía cómo administrarlo.Fuera del escenario, sin embargo, era casi una desconocida. No le gustaba hablar de su vida privada y evitaba las reuniones sociales que para otras figuras eran parte de la rutina. El contraste entre aquella presencia deslumbrante y su personalidad reservada alimentó la leyenda. Por eso resultaba tan llamativo que una mujer como ella quisiera conocer a Carlos Monzón.El amigo que organizó la citaEl episodio fue reconstruido por Cherquis Bialo en un artículo publicado por Infobae en 2022. El periodista relató que, hacia fines de octubre de 1973, un amigo suyo llamado Sito, propietario de una sastrería de alta costura muy frecuentada por personalidades, le pidió ayuda para acercar a Roca al campeón. La vedette quería invitarlo a tomar el té en su departamento.Cherquis conocía bien a Monzón, con quien compartía conversaciones y encuentros en el ambiente del boxeo. Sabía que el santafesino podía ser imprevisible, pero también que difícilmente rechazara una invitación de semejante calibre. Cuando le transmitió la propuesta, el boxeador quiso saber quién era la mujer.â??¿Quién es? ¿La que baila? â??preguntó, según el recuerdo del periodista.Él le explicó que se trataba de mucho más que una bailarina: era la principal vedette de la revista porteña, una estrella internacional y una de las mujeres más admiradas del espectáculo.Monzón conocía su rostro por los carteles de los teatros. Aceptó la invitación con una condición: que el encuentro se mantuviera en secreto y que no se enteraran Amílcar Brusa, su entrenador, ni Tito Lectoure, su representante.También le hizo una advertencia a su amigo. Si la mujer no le gustaba, encontraría una excusa para marcharse; si decidía quedarse, Cherquis debía regresar a buscarlo unas dos horas más tarde.La escena ya tenía algo de película: el campeón mundial, famoso por su rudeza, preparándose para una cita a ciegas con la diva que hacía subir los precios de las primeras filas del teatro. El lunes acordado, Cherquis pasó a buscarlo después del entrenamiento. Fueron hasta el departamento de Roca, en Recoleta, y tocaron el timbre. La puerta se abrió y los recibió una empleada vestida con uniforme. Poco después apareció la dueña de casa.La reacción de Monzón no quedó registrada en una fotografía pública. Pero, de acuerdo con el relato del colega, no hubo necesidad de inventar una excusa para retirarse.Una historia de amor sin fotógrafosLa relación comenzó a tomar forma. No era un noviazgo destinado a las tapas de las revistas ni una pareja que buscara exhibirse en los restaurantes de moda. Ella tenía razones para proteger su vida privada. Había hecho de la discreción una regla y no quería que la curiosidad del público invadiera su casa.Monzón, por su parte, seguía casado legalmente con Mercedes Beatriz García, conocida como Pelusa, y tenía hijos. Sus relaciones sentimentales no se limitaban al matrimonio, pero eso no significaba que quisiera convertir cada una de ellas en un escándalo público.El romance se desarrolló, por lo tanto, lejos de las cámaras. No hay que confundir esa discreción con la certeza de que nadie supiera lo que sucedía: el testimonio de Cherquis demuestra que había personas del círculo íntimo que conocían la relación. Lo excepcional era la ausencia de exposición pública.En una época en la que las revistas de espectáculos seguían los pasos de las grandes figuras y las fotografías podían transformar un encuentro privado en un asunto nacional, conseguir una imagen de ambos juntos era una tarea difícil.La vedette no quería imágenes fuera del escenario. Monzón, que estaba habituado a que lo siguieran periodistas deportivos, tenía motivos adicionales para evitar preguntas sobre su intimidad.La combinación produjo una relación que, vista desde hoy, parece casi imposible de reconstruir: una estrella de enorme popularidad, un campeón mundial y un vínculo que sobrevivió a la curiosidad del ambiente sin convertirse en un espectáculo público. Pero había un detalle que terminaría revelando la intimidad de aquella historia mucho mejor que cualquier fotografía: un reloj."Che, me pidió un patéâ?¦"A principios de 1974, Monzón viajó a París para defender su título mundial frente al estadounidense José Nápoles, conocido como Mantequilla. Antes de partir, le preguntó a Roca si quería que le trajera algún regalo. La dama le respondió que no era necesario. Él insistió. Quería llevarle algo y le pidió que le dijera qué le gustaría recibir. Nélida terminó anotando el nombre de una marca en un papelito para que él pudiera comprarlo en Europa. Monzón lo guardó en un bolsillo y emprendió el viaje.Ya en París, se encontró con Cherquis y se lo mostró. Lo que escuchó fue una consulta que todavía hoy resulta irresistible.â??Che, me pidió un patéâ?¦Cherquis tomó el papel y descubrió la incógnita. Había escrito Patek Philippe, la prestigiosa marca suiza de relojes de lujo. Luego lo acompañó hasta la boutique de la marca, en la zona de la Place Vendôme, donde Monzón eligió un modelo femenino cuyo precio rondaba los 8500 dólares, una suma extraordinaria para la época.El problema era que no llevaba encima el dinero suficiente para pagar en ese momento. De acuerdo con el testimonio de Cherquis, se realizaron consultas y finalmente intervino el actor francés Alain Delon, amigo del boxeador, para facilitar la operación.Y entonces regresó con un obsequio que decía bastante más que cualquier declaración romántica: había escuchado el pedido de la mujer que le interesaba y estaba dispuesto a cumplirlo.La anécdota también permite asomarse a la diferencia entre los mundos de ambos. Roca era una mujer acostumbrada al lujo, la elegancia y los códigos refinados del espectáculo porteño. Monzón venía de una infancia humilde en Santa Fe y había alcanzado la cima del deporte a fuerza de golpes, disciplina y una capacidad extraordinaria para competir. En el ring sabía exactamente qué hacer. En una joyería de París, en cambio, necesitaba ayuda.Segundos, afueraEn esos años, Monzón atravesaba el momento más alto de su carrera deportiva. Había ganado el título mundial mediano en noviembre de 1970 al derrotar al italiano Nino Benvenuti en Roma y se convirtió en una de las figuras más importantes del deporte argentino con reputación internacional.Fuera del ring, sin embargo, su vida era mucho menos ordenada. Su matrimonio con Pelusa seguía existiendo, mientras él mantenía relaciones con otras mujeres. La fama multiplicaba las oportunidades y el ambiente del espectáculo lo acercaba a figuras que hasta pocos años antes parecían pertenecer a mundos distintos.Nélida no era una conquista más, sino una de las grandes estrellas de la revista, una mujer que podía entrar a un teatro y dominar la atención de toda la sala sin pronunciar una palabra. Monzón, que acostumbraba ser el centro de las miradas, encontró en ella a alguien que también tenía una forma particular de ejercer el poder.Quizá por eso el vínculo resultó atractivo para ambos: el campeón acostumbrado a imponerse en el cuadrilátero y la diva que reinaba en la calle Corrientes se encontraban en un terreno donde ninguno necesitaba demostrar quién era.Pero la relación tenía una fecha de vencimiento que ninguno podía prever con precisión. En marzo de 1974, mientras el romance con Roca llegaba a su final, Monzón se preparaba para entrar en otro escenario: el cine.La aparición de Susana GiménezDaniel Tinayre había decidido filmar La Mary, una película basada en la novela de Emilio Perina. Para interpretar a la protagonista eligió a Susana Giménez, una joven vedette que comenzaba a construir una carrera propia. Para el papel de El Cholo, el hombre del que se enamora el personaje, convocó a Monzón.La elección era arriesgada. El boxeador no tenía experiencia como actor y sus dificultades para expresarse podían convertirse en un problema. Pero Tinayre veía en él una presencia física y una rudeza que resultaban apropiadas para el personaje.El rodaje comenzó en 1974 y la convivencia entre ambos protagonistas produjo una atracción que pronto excedió el trabajo. Susana estaba vinculada sentimentalmente con el productor Héctor Cavallero; Monzón seguía casado con Pelusa y venía de su relación con Roca.La historia entre Susana y él comenzó durante la filmación, aunque las versiones sobre el momento exacto de su primer encuentro íntimo varían. En una reconstrucción publicada oportunamente por LA NACION, la fecha señalada para el inicio del romance es la noche del 15 de abril de 1974, después de una escena rodada en la Isla Maciel.A partir de entonces, el vínculo se volvió imposible de ocultar. Las revistas comenzaron a seguirlos, el rodaje adquirió una dimensión de acontecimiento sentimental y la pareja se convirtió en una de las más comentadas de la década.El contraste con la relación anterior era enorme. Con Roca, Monzón había vivido un romance de puertas cerradas, encuentros discretos y obsequios que quedaban dentro de la intimidad. Con Susana, el amor se convirtió rápidamente en una historia pública, rodeada de fotógrafos, titulares, celos y una fascinación colectiva que duraría años.La relación con la Venus de la calle Corrientes quedó relegada a un capítulo anterior, conocido sobre todo por quienes habían formado parte de aquel círculo reducido. No hay pruebas suficientes para afirmar que Monzón abandonó a Nélida de un día para otro por un flechazo inmediato en el set. Lo que sí se sabe es que el romance con la vedette había terminado hacia mediados de marzo, mientras el vínculo con Susana se consolidó durante el rodaje de La Mary.El calendario permite ubicar las historias una detrás de la otra. Lo que no permite es reducirlas a una escena de película en la que una mujer sale y otra entra por la misma puerta.La diva que eligió desaparecerNélida Roca se retiró de los escenarios en 1974, después de más de dos décadas de carrera. Su alejamiento fue tan silencioso como había sido su vida privada: dejó de aceptar propuestas, evitó las entrevistas y se recluyó en su casa.Con el tiempo, la artritis reumatoidea que padecía limitó seriamente su movilidad. En 1998 se supo que estaba internada en el Instituto de Rehabilitación Psicofísica. Murió el 4 de diciembre de 1999, a los 70 años, después de una larga enfermedad.No dejó una extensa colección de entrevistas en las que contara sus romances ni una versión propia de su relación con Monzón. Tampoco convirtió su pasado sentimental en material para alimentar su leyenda. Su silencio fue parte de su personalidad, y por eso la reconstrucción de aquel romance depende de testimonios como el del respetado Cherquis Bialo.Monzón, en cambio, siguió una trayectoria pública mucho más turbulenta. Su relación con Susana Giménez se prolongó durante varios años y quedó asociada tanto a la pasión como a episodios de violencia. En 1988 fue condenado por el asesinato de Alicia Muñiz, su expareja, y murió el 8 de enero de 1995 en un accidente automovilístico mientras gozaba de salidas autorizadas de la cárcel.La historia con Roca quedó así encerrada entre dos momentos de su vida: el apogeo del campeón mundial y el nacimiento del romance más mediático de su carrera sentimental.Un secreto que duró décadasQuizá lo más revelador de aquella historia no sea el nombre de la mujer que ocupó el lugar de Susana Giménez antes de que comenzara La Mary. Tampoco que una de las vedettes más importantes de Buenos Aires se hubiera interesado por el campeón mundial. Lo que permanece es la imagen de Monzón, en París, buscando a su amigo para preguntarle qué clase de paté le habían encargado desde Buenos Aires.En ese papelito había mucho más que el nombre de una marca. Había una relación que no necesitaba declaraciones públicas, una mujer que prefería la intimidad y un hombre que, pese a su fama, podía quedar desorientado ante los códigos de un mundo que no era el suyo.El Patek Philippe fue el regalo de una historia breve. La anécdota sobrevivió porque permite imaginar lo que las fotografías no mostraron: la confianza de Roca para pedirle algo, la insistencia de Monzón en sorprenderla y la complicidad de un amigo que debió ayudarlo a resolver el encargo.Después llegó Susana, el cine y una apasionada relación que ya no pudo permanecer en secreto. El país siguió cada movimiento de la pareja, mientras el romance con Roca se hundía en la discreción que ella había impuesto desde el principio. La Venus de la calle Corrientes nunca necesitó explicar públicamente qué había significado Monzón para ella. Eligió retirarse, cuidar su intimidad y dejar que los demás contaran la historia.Antes de que Susana Giménez se convirtiera en el gran amor mediático de Carlos Monzón, hubo una diva que lo recibió a puertas cerradas, lo fascinó y le pidió un regalo que él no sabía ni pronunciar. La historia duró menos de cinco meses. El secreto, en cambio, sobrevivió durante décadas.
A los 79 años, murió el martes 6 de octubre, en la ciudad de Córdoba, la escritora, traductora y profesora Susana Romano Sued. Había nacido en la capital cordobesa el 7 de junio de 1947. Se licenció en Letras Modernas por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) en 1971 y en Psicología en 1988; en 1986, obtuvo el doctorado en Filosofía por la Universidad de Mannheim, en Alemania. Fue docente e investigadora de la Facultad de Filosofía y Humanidades (FFyH) y de la Facultad de Artes de la UNC, e investigadora superior del Conicet. Estaba casada con el cineasta Mario Bomheker y era madre de dos hijos, Miguel y Manuel.En 1977, Romano Sued fue secuestrada por la dictadura y trasladada al Campo de la Ribera, donde sufrió torturas hasta mediados de agosto de ese año. Su experiencia como presa política se plasmó en la novela documental Procedimiento. Memoria de La Perla y La Ribera y en el poemario Verdades como criptas, que en 1980 recibió el primer premio del certamen de poesía Luis José de Tejeda y fue censurado durante la dictadura. Décadas más tarde, la obra fue reeditada por la editorial Las Nuestras. View this post on Instagram Desarrolló una obra cosmopolita y singular, y participó en actividades académicas en universidades de América del Sur, Estados Unidos, Canadá, Europa y Japón. De 1989 a 1999, dirigió la revista E.T.C., dedicada al ensayo, la teoría y el pensamiento contemporáneo. Por su labor recibió, en 1992 y en 1994, la Distinción Máxima de Docencia e Investigación de la UNC. Sus investigaciones se orientaron hacia la estética y la teoría de la traducción literaria, y a las relaciones entre cultura, ciencia y diásporas. Tradujo a Gabriela Mistral, Rafael Alberti y Sor Juana Inés de la Cruz al inglés, al francés y al alemán, y a Jorge Luis Borges y Alejandra Pizarnik al italiano. Y al español, obras teóricas y literarias de lengua inglesa, alemana, francesa, italiana y portuguesa de autores como Ingeborg Bachmann, su amado Paul Celan, Else Lasker-Schüler, Walter Benjamin, William Blake, Robert Frost, Allen Ginsberg, Clarice Lispector y Cesare Pavese, entre muchos otros. Con el músico Federico Flores dio a luz la obra experimental de poesía y música Leere. Los silencios del sonido."Dada la condición multilingüe de mi familia, en la que el árabe, el ladino, el hebreo, el idish, el inglés y el francés concurrían en charlas y lecturas, en canciones y bailes, en recitados y cuentos provistos por los mayores, a nosotros, descendientes de distintas generaciones, desde temprana edad me interesé por la lectura, la escritura y la traducción, actividades que practiqué en forma continuada en múltiples géneros -dijo en una entrevista con Rolando Revagliatti-. [...] Practiqué la escritura de la poesía ya desde la escuela primaria, alentada por maestros y por mis padres, quienes poblaron de libros y enciclopedias los anaqueles de nuestra biblioteca familiar". Como ensayista publicó varios libros, tres de ellos premiados por el Fondo Estímulo Editorial de la Municipalidad de Córdoba: La diáspora de la escritura. Una poética de la traducción poética, La escritura en la diáspora. Poéticas de traducción y La traducción poética. Como poeta, dio a conocer El corazón constante, Decantar (Premio Publicación Antología Ediciones del Dock), Escriturienta (Premio Fondo Estímulo Editorial Municipal), Nomenclaturas / Muros, Algesia, El meridiano, Journal, Parque temático y la antología Algo inaudito pasa. Su libro de relatos Rouge salió en 2012."Con Susana nos conocimos en la universidad, cuando se abrieron los primeros concursos después de la dictadura -dice a LA NACION la escritora Silvia Barei, exvicerrectora la UNC-. Compartimos lugares, saberes y alumnos en Teoría Literaria y luego en Estética. Siempre me impactaron su inteligencia, su humor que develaba el sinsentido del mundo, su vitalidad desbordante, su solidez teórica y, sobre todo, su hacer poético. Académica, poeta, ensayista, traductora, toda su obra se presenta como una larga reflexión sobre una lengua que le suscita este desafío: 'Debo conservar puro el castellano, bien que haya sido y esté siendo el idioma de la confesión forzosa; el idioma del mal del sur', dijo. Su escritura está marcada por la dictadura, el exilio, la revivida experiencia de la Shoá, los padecimientos de las mujeres asesinadas y los desprotegidos, las plegarias que le vienen del linaje hebreo y que se repiten en los diversos paisajes de la patria en el sur del mundo. Asumiendo distintas formas de la memoria, su palabra nos trae el pasado sin desmarcarse de la condición agónica y crepuscular de este nuevo siglo. En ella se condensan la fragilidad de lo humano, la endeblez de la condición amorosa, el santo y seña de un lenguaje llamado a pensar acontecimientos, lugares, rostros, diálogos que, sumergidos en el tiempo, aúnan desconsuelo y renacimiento en una escritura indispensable y vital en el campo literario argentino. Su obra aporta el andamiaje de una diferencia desafiante, nuevas formas de decir, una presencia y un nombre como marca de agua".Este año, la Editorial de la UNC publicó Obra poética completa, que reúne sus diez poemarios publicados y se presentó en la 50ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. "En la escritura de Romano Sued tiene un gran peso el reservorio cultural, la tradición (judía, griega, cristiana), hay poemas que provienen de ideas cernidas en busca de una forma clásica, otros son hijos de un pasaje bíblico o de una lectura convocante o de un mito, o se trasladan imágenes desde el ensayo a la poesía y viceversa, siempre para dar cuenta de la relación intrínseca entre el fondo y la forma -se lee en el prólogo de María Teresa Andruetto-. Así entre la denuncia y lo profético, la poeta construye, con oficio extremo, un permanente regreso a la tradición, tránsito y a la vez ruptura de conceptos y lugares comunes de la cultura". La UNC y la Agencia Córdoba Cultura, además de escritores, profesores, estudiantes y lectores, despidieron a Romano Sued en redes sociales. Sus restos descansan en el cementerio israelita sefardí de su ciudad natal.
La diva de los teléfonos se refirió a las diferencias y similitudes entre su carrera, y la de la mediática.Ocurrió luego de que Nora Colosimo asegurara que su hija superó a la conductora en logros profesionales.
La virtual autoridad cuestionó la concesión vigente, afirmó que el predio genera cerca de 28 millones de soles anuales y anunció que revisará otros espacios públicos entregados a privados
Comenzó su carrera como actriz, primero en teatro de texto y luego en musicales como Gotán, Nine y El romance del Romeo y la Julieta. Incluso hasta trabajó en televisión: en la novela Hombre del mar, junto a Gabriel Corrado. Pero después se inclinó completamente por el canto y no dejó ningún boliche ni café concert por abarrotar de fans. Hoy, Ligia Piro es toda una rara avis en el panorama local: tiene 10 discos grabados independientemente y un gran prestigio como intérprete de jazz y standards norteamericanos. Aunque es hija de Susana Rinaldi y Osvaldo Piro, su camino musical fue y es otro. Pero no se niega al tango ni a ningún otro género. De hecho cantó alguna vez junto a su madre, y también rindió tributo a los ritmos folclóricos, a la bossa nova y hasta el bolero. Ahora va por más: acaba de terminar la grabación de un álbum dedicado al rock nacional, titulado Supernova, con cinco canciones de Gustavo Cerati y tres de Luis Alberto Spinetta.La primera parte de ese homenaje, o el primero de los dos EP, estará disponible en todas las plataformas a partir del sábado 10 de octubre. Ese mismo día, la cantante estrenará en vivo todo el material grabado en La Trastienda (Balcarce 460), en un recital que promete, asimismo, abarcar lo mejor de su repertorio. Antes, recibió a LA NACION en su casa de Florida para hablar de su nuevo trabajo discográfico, de lo que heredó de sus padres, de su deseo de volver a la actuación y, también, repasar toda su carrera.-¿Cuáles son los temas de Gustavo Cerati y Luis Alberto Spinetta incluidos en Supernova?-El disco saldrá en dos etapas o en dos EP o capítulos. El primero contendrá "Durazno sangrando" y "Tu nombre sobre mi nombre", de Spinetta, y "Crimen" y "Zona de promesas", de Cerati. Y el segundo, que saldrá 20 días después del primero y del show presentación de todo el disco, incluirá "Cielo de ti", de Spinetta, y "Té para tres", "Cactus" y "Adiós", de Cerati. Estos temas saldrán más tarde, simplemente porque no llegamos con la masterización, porque yo produzco todo sola, así que dependo de mis tiempos y de mi dinero.-¿Por qué ahora un disco de rock nacional?-Surgió sin pensarlo. No pensaba sacar un disco ni sabía qué iba a hacer. Yo simplemente me había metido en el estudio a grabar temas inéditos que compusimos con mi marido (David Libedinsky, su productor musical) durante la pandemia, todos sobre el amor. Como para probarlos, nomás. Y de repente se me ocurrió también grabar "Tu nombre sobre mi nombre" y luego "Cielo de ti" y más tarde "Durazno sangrando", que lo canto hace un montón en los shows pero nunca lo había grabado; y ahí me llegaron los arreglos que le había encargado alguna vez a un músico muy querido, Diego Schissi, para "Crimen" y "Cactus", que quería empezar a cantar; y ahí el asunto empezó a tomar forma. Es la primera vez que trabajo así. Siempre me metí en un estudio sabiendo lo que iba a grabar, con todo bien ordenadito. Pero esta vez no fue así, de hecho no tenía una banda armada para la grabación, fui llamando y mezclando músicos según las necesidades. Por eso, por ejemplo, tengo bajistas y bateristas distintos en todos los temas. Sólo Hernán Jacinto se hizo cargo del piano en todas las canciones. Evidentemente la pandemia me desordenó, pero para bien. Porque esta ha sido una muy buena experiencia. Nos llevó ocho meses, pero valió la pena. Es sin dudas mi disco más experimental.-¿Por qué estos autores y no otros del rock nacional?-Porque me gustan mucho y siento que tienen canciones que deben ser cantadas todo el tiempo. Justamente, mi aspiración fue revitalizar esas canciones para que se mantengan en el tiempo. Por eso el título del álbum: Supernova tiene que ver con eso. Como que, así, la estela de vida de ambos y de sus obras seguirán dando vueltas. Esto lo hago por ellos, por mí y por mis hijos (Román, de 19 años, Álex, de 15, y Elisa, de 12). Me da un poco de escozor la música actual, lo que se escucha masivamente. Pienso en lo que hoy escuchan mis hijos y en todo lo que les falta escuchar. Con esto no quiero anular a la música contemporánea, que tiene exponentes muy buenos, pero hay géneros musicales en los que las letras son muy preocupantes. En fin, mi nuevo disco es para toda la juventud, pero sobre todo para mis hijos, para que mis hijos ahora empiecen a escuchar la buena música.-¿Vos los escuchabas de adolescente?-De adolescente yo escuchaba a Soda Stereo. Luis Alberto entró a mi vida más tarde, a los 20 años, cuando empecé a estudiar teatro. De chica yo escuchaba mucho a The Police y Duran Duran, hasta que un día llegó a mi casa el primer disco de Soda Stereo. ¿Y cómo llegó? Porque mi mamá era muy amiga de una tía de Gustavo y se ve que, por cortesía, ella nos lo envió. Yo tenía 14 años y recuerdo que el primer tema que escuché fue "¿Por qué no puedo ser del jet set?" y me encantó. Ahora mi hijo del medio también tiene esa edad y le gusta Soda Stereo; lo mismo le está pasando al mayor, el de 19. En ese sentido creo que estoy haciendo las cosas bien. Asi que sí, se podría decir que grabé Supernova para ellos, para que estén bien en contacto con la buena música.-Supernova es tu décimo disco y, al igual que todos los anteriores, fue grabado en forma independiente. ¿Por qué? ¿Se trató de una decisión artística? ¿Nunca te tentó grabar para una discográfica?- No, nunca me tentó, pero nunca apareció ninguna. Tampoco busqué que eso sucediera. Yo no me quejo porque para mí el hecho de grabar en forma independiente es muy positivo. Es verdad que todo se hace más lento, pero eso tampoco me preocupa porque así los tiempos los manejo yo. La única contra es que tenés que poner mucho dinero y no sabés si lo recuperás. Sería un beneficio que el dinero lo ponga otro, ¿pero ahí qué pasaría? Que tendría que grabar lo que decide ese otro. Sería una panacea encontrar la discográfica que me de la plata para grabar lo que yo quiera. Y que después se encargue de las presentaciones, de las giras y de todo aquello. Sería maravilloso, pero, bueno, a mí me tocó esta. Tal vez podría haber elegido otro camino, es cierto, pero en este, pese a todo, me siento cómoda y segura.La actuación, el jazz y el bajo perfil-Empezaste como actriz. ¿Cuándo y por qué decidiste convertirte exclusivamente en cantante?-Es cierto que empecé como actriz. En mis 20 estudié teatro con Agustín Alezzo, al que adoraba, y luego armé con unas amigas el grupo Buenayunta, con el que hicimos mucho teatro independiente. Más tarde vino el teatro comercial y los musicales. Pero en mis 30 comencé a alternar el teatro con la música, o hacer todo paralelamente. Para ese entonces la música ya me había ganado y yo gestaba mis propios proyectos musicales. Armé un trio y empecé a cantar en las trasnoches de Clásica y Moderna y de ahí pasé a Notorius y a Oliverio y a La Casona del Teatro, todos boliches del centro. Yo aceptaba todas las fechas que me proponían, laburaba como una loca, vivía sola y lograba mantenerme. Era maravilloso. Todo eso se cortó cuando me fui un año a Mar del Plata a grabar la telenovela Hombre de mar, junto a Gabriel Corrado. Cuando volví comprendí que lo que realmente me encendía era el vivo y que no podía vivir sin él. De hecho hoy puedo estar mucho tiempo sin grabar, pero sin el vivo, no, jamás. Cantar en vivo es parte de mi esencia.-¿Hoy extrañás la actuación?-Sí, extraño la actuación, sobre todo la comedia. Amo hacer comedia. Lo último que hice fue el espectáculo de boleros (Mucho corazón), con la orquesta A Zaidera (una big band de 15 músicos), por el que me gané el premio Hugo (como Mejor actriz de music hall). Me encantó hacerlo, cantar y actuar a la vez.-¿Podrías volver a actuar?-Sí, claro. Pero, te repito, tendría que ser una comedia. Hoy no haría un drama. ¿Por qué? Porque no quiero llorar yo ni hacer llorar a los demás. Y eso que soy buena haciendo drama, ¿eh? Lo he constatado muchas veces. Pero en este momento quiero reírme y hacer reír. Hoy no veo películas que sean un golpe bajo. Si me dicen que son para llorar o que en ellas se muere alguien, las descarto de plano. Creo que esto es parte de las secuelas de la pandemia. Todos quedamos en otro modo. Además, es parte de lo que me pasa. Es que, bueno, mi viejo se murió hace un año y mi vieja está grande, retirada, es como que voy olfateando un poco la despedida de tanta gente que quiero que, en fin, no quiero enfrentarme en lo artístico, si puedo, a algo que me movilice demasiado. -A la hora de convertirte en cantante y escoger tu repertorio, ¿la elección del jazz y los standards fue inmediata?-Sí, porque en cuanto Paco Poblet, de Clásica y Moderna, me dio una fecha para debutar como cantante allí, un viernes a la 1 de la mañana, me dije: voy a hacer el repertorio que me gusta cantar en mi casa. Yo tenía 19 años y venía de escuchar todo el tiempo a Billy Holiday y Ella Fitzgerald. A eso le sumé también la bossa nova, ya que también escuchaba a Maysa Matarazzo y a Elis Regina. Así que armé un show de jazz y bossa nova. Y así estuve durante años. Y mi primer disco, que logré concretarlo gracias a mi madre, es reflejo de todo eso. Yo no tenía un mango, sin embargo ella un día me dijo: "grabá, grabá, yo te doy la plata y después ves si me la podés devolver en algún momento". Esa fue mi carta de presentación, un disco que se llama LP y que incluye todo lo que yo escuchaba en mi casa desde la niñez.-¿Esa música se escuchaba en tu casa? Supuse que se escuchaba todo el tiempo tango.-Nunca se escuchaba tango en mi casa. En la casa de mi mamá, digo, donde yo vivía. En la casa de mi papá, en cambio, sí. Y en la de ambos se escuchaba mucha música clásica. En lo de mi vieja también se escuchaba mucho jazz y mucho Judy Garland y Frank Sinatra. Eso sonaba todo el tiempo. Mis padres se separaron cuando yo era muy chica y yo iba de casa en casa escuchando distintas músicas, aunque en mi vida prevaleció la de la casa materna. En la de mamá también sonaba la música latinoamericana, porque ella era muy amiga de Chabuca Granda y hasta habían hecho un espectáculo juntas. También se escuchaba a Julia Elena Dávalos y los discos de Mercedes Sosa y Marian Farías Gómez, toda gente que entraba a mi casa y se quedaba a cenar como si se trataran de familiares. Ellos fueron, sin darme cuenta, mi primera escuela musical, lo mismo que Marikena Monti y Nacha Guevara, que cantaban cosas muy locas, incluso en otros idiomas. A mí todo eso me sonaba maravilloso, original y genuino.-A pesar de provenir de una familia de artistas populares y con temperamento, vos siempre cultivaste un bajo perfil. ¿Por qué? ¿Fue algo buscado?-No, no fue adrede ni premeditado. Yo soy esto. Yo soy temperamental también, pero no tengo ganas de demostrarlo todo el tiempo. Digamos que, en general, yo soy como era mi papá: más bien tranquilo. También era temperamental, pero no solía enojarse; pero, claro, cuando realmente se enojaba bajaba la persiana y no la volvía a subir jamás. Yo creo que soy también así.Susana Rinaldi, el tango y María Elena Walsh-¿Qué otros rasgos heredaste de uno y de otro, de tu papá Osvaldo Piro y de tu mamá, Susana Rinaldi?-De mi vieja heredé el amor por la profesión; bah, eso más bien de los dos, porque ambos siempre se han tomado muy seriamente el trabajo. También el amor por el público que les profesa todo el tiempo un agradecimiento constante. Por eso ellos se han ocupado de brindarse al máximo desde un escenario, siempre dándolo todo. Por ahí de mi vieja también heredé la desorganización. Ella siempre tuvo alrededor gente que le organizaba todo, la agenda de trabajo, la lista de teléfonos, todo lo que se te ocurra. Tuvo una asistente durante 35 años, santa Mecha, que se ocupaba de todo. Yo soy todo lo contrario, a mí no me gusta tener asistente ni nada, pero, claro, en cuanto trato de hacer todo sola, me desordeno y eclosiono. Ahí si me podés llegar a ver temperamental (risas), pero después termino conviviendo con ese caos interno y salgo por la tangente airosa y sin problemas. Lo que no puedo remediar es la impuntualidad. Volviendo a mis padres, creo que lo fundamental que me brindaron desde chica -aunque en ese momento no me diese cuenta- fue un gran sentido de la libertad para explorar todo lo que considerase necesario y desarrollarme a mis anchas.-Has cantado de todo, pero casi nunca tango. ¿Por qué? -Nunca elegí el tango y nunca me pregunté por qué. Ojo, he cantado algunos tangos, sobre todo con mi padre cuando me ha invitado a cantar junto a su orquesta. Y siempre elegí para hacer el mismo tipo de tango: los tangos canción, los tangos románticos. Si bien me fascina, yo nunca cantaría "Desencuentro". Lo escucho en la voz de mi madre y me pongo a llorar. Lo mismo me pasa con "Mimí Pinsón" y con "Mariposita", que, cantados por Roberto Goyeneche, me lloro toda la vida. Pero yo nunca cantaría ese tipo de tango. Así como mi vieja no cantaría, ni siquiera en castellano, "The Man I Love" o "Summertime". Sin embargo, a mí me emociona toda la historia del racismo que aflora de la música de Gershwin, que para mí es el pope máximo del jazz mundial. Empiezan los primeros compases de cualquiera de sus partituras, ejecutadas por el clarinete, y a mí se me representa el ambiente de los boliches de jazz de los años 30 y 40, con mucho humo y alcohol, donde siempre había una negra acunando a un bebé. -¿Todo eso te despierta el jazz?-Sí. Todo eso me provoca el jazz, nada comparable a lo que me puede despertar la imagen de un conventillo con inmigrantes o la de un tanguero con chambergo y polainas. Yo no viví ninguna de esas épocas, ok, pero una me pega mucho más que la otra. De todos modos, yo creo que el tango y el jazz tienen una cosa muy emparentada desde la poesía, la historia y las melodías. Además, cualquier balada de jazz se puede pasar al tango y viceversa. Yo lo he probado y es así. ¿Por qué? Porque la melancolía mancomuna a ambos géneros. Además, el jazz tiene que ver con mi aprendizaje del idioma inglés. A propósito, ¿sabés quién me enseñó el idioma?-No. ¿Con quién aprendiste el inglés?-¡Con María Elena Walsh! Mamá era muy amiga de ella y yo, a los 9 años, tenía que aprender sí o sí el idioma para ingresar a un colegio bilingüe. Fue entonces que María Elena, que hablaba perfecto inglés, le dijo a mamá: "quédate tranquila, en tres semanas te la preparo para que apruebe el examen de ingreso". Y así fue nomás. ¿Y cómo lo logró? Entre otras cosas, me dijo: "¿sabés lo que está bueno? Que escuches muchas canciones en inglés y las traduzcas". Y ahí le empecé a dar al casete como loca, a buscar palabras en el diccionario y a volcar todo al papel. Como no eran épocas de Internet, fue un laburazo el que tuve que hacer. Incluso recuerdo haber ido a Ricordi a comprar partituras para traducir las letras. Bueno, toda esa base de aprendizaje fueron temas de jazz y standards americanos.-En varios momentos hiciste referencia a tu mamá, de la que no se sabe prácticamente nada desde hace un tiempo. ¿Cómo está de salud?-Mi vieja está bien, pero, como dije al principio, está grande. Ya tiene 91 años. Está retirada definitivamente. Vive en su casa, pero cuidada por otras personas. Hace dos años que decidió no dar más entrevistas. Un día me dijo: "no tengo más ganas, no quiero exponerme". Así que ahora está muy tranquila en su casa. Y ya casi no sale para nada. Hoy, fundamentalmente, le gusta recibir a sus nietos y estar en familia. Yo la voy a visitar seguido y nos tomamos unos tecitos.-Cuando grabás un disco, ¿se lo hacés escuchar?, ¿le pedís su opinión? ¿Pensás que este último, dedicado al rock nacional, le va a gustar?-Este aún no se lo hice escuchar, pero sí, siempre lo hago. En cuanto a Supernova, no creo que haya problema: mi vieja acepta todo. El tema es que, con respecto a mí, ella no es muy objetiva. Puedo estar cantando cualquier cosa y siempre me dice lo mismo: "sos una genia"; a lo cual yo le respondo: "no me digas así, eso no me sirve, ¡decime la verdad! Pero ella insiste con "todo lo que hacés es tan hermoso, hija". Para agendarLigia Piro. Presentación de Supernova. Junto a Hernán Jacinto (piano), Javier Malosetti y Norbi Córdoba (bajos), Sebastián Peyceré (batería), Rama Molina (guitarra) y Fede Botti (director musical). En La Trastienda, Balcarce 460. Sábado 10 de octubre a las 21. Entradas por Passline.
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