En la Segunda Guerra Mundial los alemanes volaron todos los puentes de Florencia menos uno, solo quedó en pie el célebre Ponte Vecchio (y aunque parecía que lo respetaron, hace nueve años surgió la tesis de que lo salvó un vecino cortando los cables del explosivo). Pero, aunque los nazis creían tenerlo vigilado, no sabían que había un pasadizo secreto, sobre sus cabezas, que permitía pasar de un lado a otro de la ciudad, según cuenta la película Paisà (1946), obra maestra de Rossellini, un relato de la resistencia en varios lugares de Italia, si bien el propio Hitler se había paseado por el corredor en su visita a la ciudad en 1938. Ese túnel aéreo era el Corredor Vasariano, llamado así por su autor, Giorgio Vasari, que lo construyó en solo nueve meses en 1565 sobre las casas del puente, tras levantar el propio edificio de los Uffizi (las oficinas de los Medici). El pasaje se hizo por orden de Cosimo I de Medici, para unir el Palazzo Vecchio, su centro de poder, con el Palazzo Pitti, que acababa de comprar e iba a ser su residencia. Así podía moverse rápidamente, sin ser visto y, sobre todo, sin riesgo de que lo mataran, pues tenía muchos enemigos.Es esa construcción uniforme de color crema que, al mirar el Ponte Vecchio, pasa por encima de todo el puzzle de casas de colores. Nunca antes había estado abierto al público, aunque se permitían visitas, y llevaba ocho años cerrado en restauración. Desde el pasado mes de diciembre se pueden recorrer sus 750 metros, en grupos reducidos y con reserva anticipada (el billete del museo es de 25 euros, y con el corredor, 43).Este pasadizo que hacía invisible, un objetivo también simbólico para contribuir al aura de poder de los Medici, ahora por fin es visible para todo el mundo. Los Medici, que gobernaron tres siglos la ciudad, del XV al XVIII, no tenían origen aristocrático, pero se las ingeniaron muy bien para dotarse de esa grandeza. "Recrearon en Florencia ese modelo de las cortes europeas en el que el mundo del soberano es más cercano al de Dios, a lo divino, vive en una dimensión paralela y el cuerpo del soberano es invisible para los súbditos", explica Simone Verde, nuevo director del museo desde hace un año y que está rediseñando toda la experiencia de la visita a la pinacoteca más visitada de Italia. "Se acercaron a esa visión teocrática aprovechando la elección del Gran Ducado de Florencia para establecer iconográficamente ese estatus principesco".La visita dura unos 45 minutos, se entra por el museo y se sale por una discreta puerta junto a la gruta Buontalenti, en los jardines de Boboli del palacio Pitti. Cuando se construyó el pasaje, Cosimo se acababa de comprar esta monumental residencia como otro gesto de poderío, pues los Pitti, banqueros, habían sido enemigos de su familia, y hacerse con su casa constituyó una revancha definitiva. "Lo compró con el dinero de su mujer española, Eleonora de Toledo, hija del virrey de Nápoles. Se casaron muy jóvenes, él con 19 años y ella con 17, y el palacio entonces estaba fuera de la ciudad, era como una isla en el campo", explica Simona Pasquinucci, responsable de la División de Conservadores de los Uffizi, durante un paseo por el pasadizo. A Eleonora le gustaba el palacio porque sufría de tuberculosis y quería huir de las callejuelas malolientes de la ciudad. Sin embargo, Cosimo y su esposa se metieron en obras y nunca llegaron a vivir allí. "Tampoco su hijo, Francisco I. El primero que fue a vivir allí fue Ferdinando I", apunta.El pasillo se presenta desnudo, vacío, como fue originalmente, pues con el tiempo los Medici comenzaron a usarlo para colocar obras de su vastísima colección. "Los Medici pasaron por aquí desde entonces a lo largo de toda su historia. Hay fuentes de la corte, por ejemplo, que cuentan que en invierno los niños venían aquí a jugar", relata Pasquinucci.La visita comienza en un lugar con una huella trágica. La responsable del museo señala un recuadro vacío en la pared de la gran escalinata de acceso a la galería. Al pie del edificio, en la calle Georgofili, desde una ventana del inicio del pasadizo se ve el lugar exacto donde la mafia hizo estallar una bomba en mayo de 1993. Murieron cinco personas y varias obras del museo fueron dañadas. En ese recuadro de la pared estaba la Adoración de los Magos de Gherardo delle Notti, pero la fuerza de la explosión borró el color, la dejó abrasada.El corredor desciende desde el edificio, va hacia el río y luego gira, paralelo a la orilla, sobre una serie de pórticos, hasta alcanzar el puente. Está flanqueado por ventanas para divisar la ciudad porque se hizo para impresionar, para una boda, la del hijo de Cosimo I, y por eso le encargó a Vasari construirlo rápido. Y así fue: lo hizo en nueve meses, de marzo a diciembre de 1565. El gran duque quería pasmar a sus invitados con una panorámica de la ciudad, sobre todo a la familia de la esposa, Juana de Austria. "Era un momento importante para la Florencia de los Medici, que saldaba relaciones diplomáticas y de sangre de una ciudad, que no era muy grande respecto a los estados de entonces, con la casa de Habsburgo y el emperador", dice Pasquinucci.La idea de caminar por los aires, como señal de poder, no salía de la nada, era una moda que comenzó a circular en la Italia del Renacimiento y luego en Europa a imitación del proyecto de Bramante, en el Vaticano, de unir la villa del Belvedere con el palacio apostólico. Que a su vez tomaba inspiración de la Domus Transitoria de Nerón, y por supuesto del Passetto, el corredor sobre el muro que desde el siglo XIII unía el Vaticano con el Castel Sant'Angelo. De su utilidad era muy conocedor el papa Clemente VII, de la familia Medici, pues por ahí huyó rápidamente, con los lansquenetes pisándole los talones, y se salvó por un pelo en el saqueo de Roma de Carlos I en 1527. En esos años Miguel Ángel también diseñaba en Roma un paso parecido sobre el río Tíber desde el palacio de los Farnese a la villa estival de la familia, justo enfrente al otro lado del río, aunque solo llegó a hacerse un arco, que sigue en pie en Via Giulia.Todo esto sucedía en Roma, y para los Medici, hacerlo en Florencia, suponía elevar su ciudad a la misma categoría. "El corredor nació como una suerte de mensaje de esplendor y de capacidad de mecenazgo de los Medici, envidiada por toda Europa. Porque esa moda se tomaba con una amplitud sin precedentes, no solo pasaba por el río, sino por los tejados de la ciudad. Y no es casual que, justo entonces, Caterina de Medici pida en París que se amplíe la gran galería del Louvre, para conectar el palacio con las Tullerías, siguiendo el mismo principio de Florencia", observa Pasquinucci.Vasari, con prisa y con la carta blanca del gran duque, se apoyó en la hilera de casas torre medievales que había a lo largo del puente, y esa es la razón por la que ya no queda ni una. Se confiscaron y se demolieron. Por eso el paseo por la galería, curioseando por las ventanas para ver el paisaje único de Florencia, transcurre en línea recta. Sin embargo, al llegar al otro lado del río Arno hace un extraño giro, da un rodeo. Se debe a que respeta la torre de Mannelli, la única que quedó en pie. "No era una familia que tuviera particular simpatía por los Medici. Pero se han encontrado documentos que demuestran que hubo una súplica de una mujer de la ciudad al gran duque, para que no se apoderara de ella, y él accedió", explica la conservadora del museo.Hay otra sorpresa antes de llegar al final del recorrido, pues de pronto, a la izquierda, se abre un espacio que se asoma directamente desde lo alto sobre una gran iglesia, la de Santa Felicita. Este templo llegó a asumir las funciones de capella palatina de Palazzo Pitti, y desde este mirador los Medici podían asistir a misa y bajar a la iglesia.El Corredor Vasariano es una pieza más en la pequeña revolución que Simone Verde está imprimiendo en los Uffizi, remodelando muchas salas para replicar su identidad histórica más señalada, perdida en sucesivas remodelaciones, como en la sala de escultura antigua de mármol, la de los pintores flamencos o el Ricetto de las inscripciones. "Hay que recordar que los Uffizi fueron el modelo del museo europeo. Queremos subrayar el sentido filosófico de esta primogenitura, recuperando los fastos del Grand Tour, la identidad de algunos espacios que luego se han perdido y olvidado", razona. Y sobre todo, uno de los anhelos del museo y de toda Florencia es retirar por fin este año la gran grúa que incomprensiblemente lleva en medio de la plaza de los Uffizi desde 2006. Así lo anunció Verde en la inauguración del Corredor Vasariano, su primera promesa al llegar al cargo: "Mi segunda promesa es derribar esa maldita grúa".
Inicialmente, se utilizaba la infusión de la corteza de la cascarilla, pero fue en 1820 cuando se logró extraer la quinina, el principio activo contra la malaria
Representa uno de los sucesos más relevantes en el ámbito cultural europeo del año.La obra estuvo desaparecida del registro público durante casi cinco siglos.
Terrazas, plataformas defensivas y esculturas únicas narran la historia de una cultura que floreció tras los olmecas y sobrevivió al declive de Teotihuacan
La presidenta Dina Boluarte destacó la importancia del reconocimiento y reafirmó el compromiso con la protección del patrimonio documental
Las listas de best sellers pueden ser una caja de Pandora retroactiva. Hace ya muchos años, Las mil y una noches llegó al tope de la lista de libros más vendidos por culpa -mejor: gracias a- una popular telenovela turca que tenía una vaguísima conexión con la clásica colección de cuentos orientales.En estas semanas se sumaron como variante sorpresiva a esas listas, que son un supuesto sinónimo de novedad, las Meditaciones, de Marco Aurelio. No se trata de las reflexiones de un influencer zen de las redes, sino, claro, de las del emperador que estuvo al frente del Imperio Romano entre los años 161 y 180. Quizá no debería sorprender: a lo largo de los siglos fue la lectura de cabecera de millones de personas y todavía hoy sigue siendo el libro más leído de los escritos en tiempos romanos, más allá del Nuevo Testamento. Pero ¿qué puede haberlo aupado ahora hasta codearse con Nexus y otros compañeros contemporáneos de lista? Tal vez que a partir de la pandemia, el estoicismo, la corriente filosófica que ponía la razón como valor central y la aceptación de lo que sucede y no se puede controlar como ética, volvió a estar a mano, como prueba la amplia y renovada bibliografía en circulación sobre el tema. Marco Aurelio, filósofo y gobernante, era justamente un estoico, un giro inesperado para la antigüedad porque hasta entonces los seguidores de esa corriente terminaban por lo general expulsados de Roma por oponerse de manera sistemática a los emperadores.Las Meditaciones pueden ser consideradas como el más antiguo -y extrañamente actual- libro de autoayudaMarco Aurelio actuó, no podía ser de otra manera, como un ser bifronte. Como Augusto -así llamaban los romanos a los emperadores-, fue un líder probo, que aspiraba a la justicia y la bondad, pero le tocaron tiempos difíciles: a las guerras en dos frentes fronterizos, hay que sumarle que Roma fue víctima, entre otros desastres, de una terrible y prolongadísima epidemia de peste. En su papel público, Marco Aurelio se mostraba sin fisuras: dejaba los lamentos para sus cuadernos, que son los que hoy conocemos. También él sigue siendo objeto de malentendidos por culpa de esos textos. Una estatua ecuestre que lo representa domina todavía el Capitolio (en realidad una copia; el original está a unos pasos, en un museo), pero no es un homenaje de la admiración filósofica, sino un error: fue colocada en ese pedestal muchos siglos después porque se creía que representaba a Constantino. Marco Aurelio, como todos los emperadores de entonces, no había sido particularmente contemplativo con los cristianos.De todas maneras, las Meditaciones pueden ser consideradas como el más antiguo -y extrañamente actual- libro de autoayuda. Uno de los rasgos de Marco Aurelio, tan distinto al orgullo romano, era el cosmopolitismo, al que tendía la escuela estoica, como lo refleja su apartado más citado: "Mi naturaleza es racional y está hecha para vivir en sociedad. Mi ciudad y mi patria como antonino es Roma, pero como hombre es el cosmos".El acento de sus reflexiones -pensemos que hablamos de emperadores, a los que en ese entonces se los veía como divinidad- está puesto en los asuntos humanos, en la vanidad de la vida y en la resignación ante la muerte: nuestras vidas, anota, son como un pájaro que surge de pronto y sale volando. "El tiempo es como un río cuya rápida corriente arrastra todo lo que lleva consigo. Tan pronto como hay una cosa nueva es arrastrada como a su vez lo serán todas las que vengan después". Así pasó con Alejandro Magno o Augusto. Si uno supiera que va a morir al otro día, dice, no hay que comportarse como un cobarde. "¿Representa algo este plazo? Lo mismo da morir mañana que dentro de varios años". También se asocia al mundo natural: "Sé como el promontorio contra el cual vienen a estrellarse continuamente las olas del mar; siempre inmóvil, y a su alrededor la furia se hace impotente".Marco Aurelio no escribió sus pensamientos en latín, sino en griego. Los anotó para sí mismo, en distintas etapas de su vida, sin darlos a conocer. A algunos, como el tercero de los cuadernos, les dedicó horas en las tiendas de campaña, en Carnuntum, en la frontera germánica. Esa intimidad es lo que desarma a sus lectores de hoy: aunque del emperador-filósofo no quede una mota de polvo, detrás de cada una de sus palabras sigue habiendo una persona, más cercana que muchas de las que puntúan nuestra vida cotidiana.
Coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer, Bicentenario Casa Editorial presentará este sábado una interesante recopilación que da cuenta del pensamiento femenino latinoamericano de la época
Los datos surgen de un informe publicado en vísperas del Día de la Mujer.Si bien hay una pequeña reducción en la brecha, solo fue de 4 puntos en 34 años.Actualmente, el 30% de las mujeres ocupa cargos directivos en las empresas.
Esta localidad tuvo que ser desalojada en 1959 como consecuencia de la construcción de un embalse
Desde el 28 de febrero al 4 de marzo los viajeros pueden disfrutar de una de las celebraciones más singulares de España
Se trata de un lugar de referencia para los amantes del senderismo
Esta especie se reintrodujo en nuestro país de forma ilegal en 2003, volviendo a poblar las márgenes de ríos como el Ebro o el Duero
La histórica decisión busca reducir costos, ya que fabricar cada centavo cuesta cuatro veces su valor, generando un debate entre tradición y eficiencia económica
Este 2025 se cumplen 553 años de la muerte de Nezahualcóyotl (1402-1472), destacado gobernante e insigne poeta, constructor de importantes obras públicas para Tezcoco (Texcoco) y Tenochtitlan, entre ellas el Acueducto y el Bosque de Chapultepec. Como legislador formuló una organización administrativa y una estructura legal para su pueblo, y estableció instituciones culturales como los archivos de los "libros pintados", escuelas y consejos superiores, academias de sabios y poetas, e importantes colecciones de flora y fauna
Estos objetos se encuentran bajo la custodia de la Biblioteca Nacional del Perú, institución encargada de su conservación, protección y acceso para las futuras generaciones
El INAH se encarga de elegir todos los días una imagen que retrata la grandeza y riqueza cultural del país
Una de las ciudades más antiguas de Estados Unidos atrae a miles de turistas luego de que su expedición se hiciera de conocimiento popular
Esta construcción es una de las más impresionantes de la región y gracias a su restauración se ha convertido en un gran atractivo turístico
Florida. La arteria rumorosa de la ciudad que es como un remanso del río de gente afiebrada que corre afanosamente tras el vellocino de oro. Allí brillan las mujeres, y gracias a ellas, la calle ofrece un aspecto que no tiene ninguna otra, quizá, del mundo todo. Para nosotros Florida es parte de la existencia ciudadana, porque ella en sí es esencialmente porteña. Así describían en 1903 a esta calle, cuyo recorrido atraviesa los barrios de San Nicolás y Retiro, desde Rivadavia hasta la Plaza San Martín. Llamada también "orgullo de los porteños", Florida fue testigo de episodios de la historia y lugar de paseos y encuentros durante varias generaciones.Desde su apertura en el trazado de Juan de Garay con la segunda fundación de Buenos Aires se la conoció como San José (su denominación original), del Correo y del Empedrado, y después de las invasiones inglesas como Baltasar Unquera, nombre de un edecán de Santiago de Liniers, caído en batalla. En 1821 recibió el nombre de La Florida, en recuerdo del triunfo de las tropas criollas en la batalla homónima, en el Alto Perú. Juan Manuel de Rosas lo cambió en 1837 por del Perú, y en 1857 se le restituyó el nombre actual.Fue una de las primeras calles empedradas, y en 1870 adoquinaron el tramo entre Cangallo y Cuyo (hoy Perón y Sarmiento). Parte del empedrado original se descubrió en 1971 cuando se hicieron los trabajos para convertirla definitivamente en peatonal, y dejaron un "retazo" a la vista, como evocación de aquel pasado, en el cruce con la Diagonal Norte.Y hasta estuvo alfombrada. En 1970, en una atrevida acción publicitaria, la empresa Meller la cubrió con su producto Tapizmel. Durante 40 días caminaron sobre la alfombra más de 15.000.000 de personas, y la transitaron vehículos. Al retirar el producto, un escribano certificó que había mantenido el colorido original y la textura.El alumbrado a gas y el alumbrado eléctrico también fueron adelantos que llegaron a Florida antes que a otras calles de la ciudad.En Florida 97 (actual 273) tuvo su vivienda María Sánchez, a quien su esposo Juan Thompson le había obsequiado como regalo de bodas la manzana comprendida entre las calles Cuyo, Cangallo, San Martín y Florida. El salón de esa casa, tapizado en seda, con espejos en el techo y una araña de plata, fue uno de los frecuentados por personajes de la época durante los primeros tiempos de la vida social porteña. Allí el maestro murciano Blas Parera interpretó por primera vez el Himno Nacional en 1813, hecho que recuerda una placa en el frente del edificio que hoy ocupa parte de ese solar.La casa de Federico de Elortondo e Isabel Armstrong, construida en la década de 1870 en la esquina sudoeste de Florida y Corrientes, también fue conocida por sus fiestas. Al edificio -que ocuparon Casa Mayorga, una hamburguesería y ahora una librería comercial- se le hicieron algunas modificaciones a pedido de Carlos María de Alvear, casado con Mercedes Elortondo.A una cuadra, en Florida 460, se levanta la vivienda diseñada por el arquitecto Jules Dormal para Juan Gregorio Peña Zelaya y completada en 1903, hoy sede de la Sociedad Rural.En distintas épocas fueron habitantes de la calle Domingo Matheu, Mariano Haedo, Adolfo Carranza (fundador del Museo Histórico Nacional), Cosme Argerich, Carlos Pellegrini, Bernardo de Irigoyen, los médicos Rafael Herrera Vega (quien introdujo el uso del termómetro clínico en el país) y Pedro de Elizalde; la familia Tornquist; Francisco Moreno (padre del Perito) y también su hijo Facundo (fundador del Club del Progreso y de La Estrella, la primera compañía de seguros del país); Francisco Chas (el que dio nombre al intrincado Parque Chas); Ladislao Martínez (dueño de la manzana donde se levantó el Bon Marché y quien donó los terrenos para la ciudad de Martínez); el financista José de Carabassa, fundador del banco comercial del mismo nombre, cuya vivienda fue vendida a Gath & Chaves para construir su Casa Central en la esquina con Cangallo, y Luisa C. de Gandulfo, quien donó el hospital que lleva su nombre en Lomas de Zamora. Entre Tucumán y Viamonte vivió el marino y pintor Antonio Somellera, que estaba a cargo de la Capitanía del Puerto y quien plantó los primeros mimbres en el Delta del Paraná junto a Domingo F. Sarmiento.Una descripción pormenorizadaEn 1869, en su libro Handbook of the River Plate los hermanos Mulhall describían así a Florida: "Es quizás la mejor calle de la ciudad. La vivienda de Mr. Lumb, un antiguo residente inglés, la de la familia Dorrego y muchos negocios de moda junto con las oficinas de Russell Shaw, Mitchell & Co. y E. Glover componen la primera cuadra; la segunda tiene también numerosas joyerías y bazares; la tercera tiene la hermosa casa de Álzaga, después de la cual viene la de Mr. Plowes, y luego la oficina de Darbyshire, Krabbé and Company; la cuarta contiene algunas casas de hospedaje y el Club Alemán, después del cual viene el Consulado de España; la quinta comprende las casas más elegantes de la ciudad. El resto de la calle hasta el Retiro comprende el barrio más de moda, aquí encontramos las casas de Ocampo, Jackson, Blye, Mackinlay, Riestra y otras. En la esquina de la calle Tucumán está la botica de Espinosa y Kyle. En la novena cuadra el Señor Madero construyó un mercado en 1865, pero ha sido cerrado; enfrente hay un vivero muy bonito. En la esquina de calle Paraguay hay un conjunto de casas pertenecientes a Mr. Armstrong. Cruzando la calle Paraguay hay un puente levadizo de madera para transeúntes en época de lluvia, al no haber drenaje el arroyo que baja después de las fuertes lluvias es tan grande que un hombre se ahogó aquí en octubre de 1868. Una cuadra nos lleva ahora al hermoso Paseo del Retiro".El diario La Prensa, en su edición del 22 de noviembre de 1869, informaba acerca de este puente: "Llamamos la atención a la Municipalidad, sobre el puente que existe en la esquina de Florida y Paraguay, pues las familias que se encuentran del otro lado de la calle Paraguay quedan aisladas cuando llueve, porque el puente está en el peor estado posible".Florida fue lugar de celebraciones de fiestas patrias y de desfiles, que viniendo desde la Plaza de Mayo llegaban hasta la esquina de la residencia de Ignacio Sánchez, en la Plaza San Martín. Entre otros, el ejército de Urquiza desfiló luego de la Batalla de Caseros y en 1870 lo hicieron las tropas que regresaron de la guerra contra el Paraguay. Escenario de marchas, manifestaciones políticas, cortejos fúnebres camino al Cementerio del Norte o procesiones religiosas desde y hacia la Catedral, Florida también tuvo un corso en días de Carnaval. En todas estas manifestaciones los balcones de las residencias servían de palcos privilegiados.Por Florida circularon los tranvías de tracción a sangre de la Compañía Buenos Aires y Belgrano, que hacía el trayecto entre la Plaza de Mayo y Belgrano, que en ese entonces era un pueblo. Como el tranvía causaba molestias y algunos accidentes, a fines de 1889 la empresa suprimió ese recorrido. Pero seguían transitando carruajes y automóviles, lo que llevó a que, en 1911, a pedido de los comerciantes, se impidiera la circulación de vehículos entre las 11 y las 21, y en 1922 se dictara una ordenanza prohibiendo el tránsito vehicular entre las 11 y las 20.El Noticiero de América, que se exhibía en los cines en 1956, así se refería a esta calle: "Desde los años apacibles de la gran aldea, Florida, la del perfil personalísimo, ha sido y es la sala de recibo de Buenos Airesâ?¦ no es una calle más, es la calle de la belleza y de la graciaâ?¦ obligadamente es el primer paseo del turista y su mejor recuerdo".Pasen y veanA fines del siglo XIX y principios del XX, se establecieron en Florida talabarterías, como la de Mattaldi, y locales de zapaterías. Alberto Capelle ofrecía calzado de lujo y un importador la famosa marca estadounidense Walk Over Shoes. Años más tarde, surgieron otras como Grimoldi con sus tradicionales zapatos de medio punto y la línea Joyce California promocionada como "un pedazo de cielo para sus pies"; Pandora, que vendía la línea de zapatos sportivos que fabricaba Mingo Sport; Guante, Astoria, Carlitos, Mendizábal, Los Angelitos -de Luis Aguirrezabalaga-, Tonsa, Bescós -especialista en zapatos para damas-, Spinelli y Guido, la de los tradicionales mocasines.En su época de esplendor, al mediodía Florida era un popurrí de personas haciendo trámites y circulando a paso rápido, y otras de andar más tranquilo, en su hora de almuerzo, mirando vidrieras o algunos de los kioscos donde se podían conseguir diarios y revistas de todo el mundo.Las tiendas también tuvieron su apogeo: a principios del siglo XX La Maison de Soieries, ubicada en la esquina con Rivadavia, ofrecía sedas, gasas y muselinas de Francia y Japón y Al Ajuar de París, de Yañez y compañía, telas importadas en su local de Florida al 400. Años más tarde Etam tuvo en Florida tres de sus sucursales.Gath y Chaves se instaló en 1901 en un edificio de tres plantas en Florida y Bartolomé Mitre, con un anexo (posterior) en Perú y Avenida de Mayo. Le siguieron los dos edificios en las esquinas de Florida y Cangallo y El Palacio de los Niños, otro anexo, en la esquina sudoeste con Sarmiento.A la Ciudad de México, de Alejandro Ollivier y José Albert, fundada en 1889, estuvo en la esquina noroeste con Sarmiento. Un incendio destruyó el edificio en 1907, y al año siguiente inauguraron uno nuevo, de cinco pisos. Expropiado, pasó a ser sede de las Grandes Tiendas Justicialistas, y en 1955 cambió su denominación a Grandes Tiendas Empleados de Comercio, para finalmente convertirse, en 1967, en la Casa matriz del Banco Ciudad.Con un capital de 25.000 libras esterlinas la tienda inglesa Harrods llegó a Argentina en 1912 y abrió un local en la esquina de Florida y Tucumán 599, que publicitó como "El Templo de la Moda". Dos años más tarde, ya como Harrods Buenos Aires Limited, inauguró su maravilloso edificio de Florida 877 -lamentablemente cerrado desde 1998- al que presentó como "Palacio de Venta", "Centro de Modas" y "Emporio de la Elegancia".En la esquina noreste de Florida y Cuyo (Sarmiento) existió a principios del siglo XIX la pulpería Almacén del Plata, y posteriormente en ese lugar tuvo su vivienda el General Prudencio Ortiz de Rozas, hermano menor del Brigadier Juan Manuel de Rosas: una casa con columnas en su entrada, amplios patios internos y aljibe, que llegaba casi hasta mitad de cuadra por la calle Cuyo. En 1889, se instaló en esa esquina Madame Carrau, una de las modistas más importantes de la época, que tuvo su primer local en Florida 61. Los diseños de los vestidos de la "Maison Carrau" provenían de las casas europeas Charles F. Worth; Chernit; Callot Soeurs; Jeanne Paquin (primera gran diseñadora femenina) o Jacques Douce, y trabajaban géneros como el "Haitienne Broché" (tela de seda o de algodón con estampado de raso, de moda a mediados de la década de 1880), "Pekin Moare" (seda), "Satin Merveilleux" (satén liso), "Epingline" (seda o rayón; o seda con lana peinada con una superficie de crêpe) y "Faille Française" (seda suave con canalé). También vendían pieles y los afamados sombreros de Caroline Reboux y Madame Georgette. Cuando, en 1920, Madame Carrau se mudó a Arenales y Cerrito, ocupó esa esquina la Farmacia Franco Inglesa, que luego anexó la casa lindera sobre Florida y en 1931 construyó un edificio de tres pisos y tres subsuelos, lo que llevó a considerarla la farmacia más grande del mundo.Famosas galeríasLa primera galería que se construyó fue la Güemes, en Florida 165, proyecto del arquitecto Francesco Gianotti, inaugurada en 1915. De estilo Art Nouveau, tiene cuatro torres de 14 pisos, hermosos murales y ornamentos, locales comerciales, oficinas, un mirador desde el que se puede ver la ciudad y un teatro que supo tener funciones desde la mañana hasta las 12 de la noche y donde actuaron Carlos Gardel y Pepe Biondi. Entre 1929 y 1931 el escritor francés Antoine de Saint-Exupéry vivió en el departamento 605 de la Torre Mitre de la Galería, y allí escribió su libro Vuelo Nocturno, acompañado por una cría de lobo marino que tenía en el baño, traída de uno de sus viajes al sur.La Galería Florida, en el número 251, tuvo entre sus locales una sucursal de la Confitería Las Delicias, la tienda La Atracción y la Compañía de Publicaciones Anaconda. También estaban Astro, una casa de aeromodelismo, hobby muy de moda; Al millón de lapiceras, que vendía lapiceras fuente, y en la planta alta la confitería Adlon de Alberto Grimoldi, donde se presentaban cantantes melódicos y de tango y actuaron las orquestas Hamilton-Varela y la del saxofonista Booker Pittman.Entre otras galerías se pueden mencionar a la Del Sol, Larreta -con el mural abstracto de Luis Seoane-, Central, Boston, del Este, Londres, Buenos Aires y Jardín.Duelo de cúpulasEn la concurrida zona del cruce con la Diagonal Norte se destacan los magníficos edificios del Banco de Boston y los de Miguel y Massimiliano Bencich, coronados por hermosas cúpulas, y el de la Compañía de Seguros La Equitativa del Plata que en su planta baja tuvo el local de la financiera Maura y Coll y en el tercer piso una de las sedes de Academias Pitman, de enseñanza comercial e idiomas. En esa primera cuadra estaba el Grand Hotel, la importadora de café El Cafetal (que después ocuparía el local de la esquina, donde había estado la financiera), la joyería y relojería de José Santarelli y una sucursal de Bonafide.Grosso y Compañía, que producía el pan de Graham "La Piedad" tenía su negocio en Florida 31 y la compañía japonesa de navegación Osaka Syosen Lines y las aerolíneas Panam, Panair y Panagra sus oficinas en el edificio de la vereda opuesta, donde estaba la Farmacia Nelson. Otras aerolíneas que tuvieron oficinas en Florida fueron SAS y Air France.Los más variados rubrosPulperías, hojalaterías, restaurantes, fondas, rotisseries como la de Alfredo Charpentier y la Sportsman, almacenes, carpinterías, panaderías, fábricas de guantes, armerías, sastrerías, boticas, fábrica de velas, mercerías, venta de alfombras, depósito de semillas y plantas, puestos de frutas, bazares, armerías, cuchillerías y hasta un depósito de cal, un corralón de leña, una herrería y varias agencias de autos -como Recht y Lehmann, representantes de los vehículos Panhard, Maison Paris, que vendía los Renault, y Odell e Hijos -que importaba los Mitchell- fueron algunos de los tantos rubros que tuvo Florida.La Perfumería Ruiz y Roca, el comercio más antiguo de la ciudad y que fuera originalmente peluquería, estuvo en la esquina noroeste de Florida y Corrientes, para luego instalarse en la Galería Güemes.Renombrados fotógrafos tuvieron sus estudios en Florida, entre ellos Christiano Junior, Samuel Boote, Tomás Bradley, Enrique Moody, G. Chandler, Arthur Terry, Charles Fillebrown, Chute & Brooks, Alejandro Witcomb y Sivul Wilenski.Cassels y Compañía exhibió en sus vidrieras los primeros fonógrafos y F. R. Guppy el megalófono, "la más poderosa de las máquinas parlantes" que se alquilaba para fiestas, y profesionales de varios rubros establecieron sus consultorios, como los dentistas Tomás Coquet, Ralph Newbery (padre del aviador), Jorge Kimball y Carlos Small.También eligieron Florida las joyerías Ornstein, Cats, Fredenhagen, Kramer, Fadre & Weil, "The Manchester" de los hermanos Chiswell, Eibar, Escasany, Santarelli y Mappin & Webb, proveedores de la Casa Real británica, que ocuparon el edificio histórico de Florida 32.Conocidos cafés (Sorocabana, El Cafetal, Paulista, Bom Café) y confiterías (Del Águila, L'Aiglon, Richmond, Florida Garden) también se instalaron en Florida, y el Bazar Francés de la Viuda de Lehmann (que representaba a Christofle de París), el Gran Bazar Colón y el Bazar Dos Mundos del catalán José Roger Balet fueron algunos de ese rubro. En Florida 400, esquina Corrientes, tuvieron un local de exposición los hermanos Azaretto, autores de las magníficas arañas del Salón Blanco de la Casa de Gobierno y del Congreso de la Nación.En Florida nunca faltaron las librerías, como la Europea de Luis Jacobsen, Espiasse, Kraft, L' Amateur, Moën, San Marco, Mackern y Kramer, destacándose El Ateneo, fundada en 1912 por el español Pedro García, que en 1917 se instaló en Florida 371 y en 1938 se trasladó a Florida 340, un edificio propiedad del empresario Max Glucksmann. Allí trabajó más de 50 años Francisco "Paco" Gil, amigo de Borges y otros escritores, reconocido como "Librero Mayor de Buenos Aires", quien tuvo la idea de las primeras exposiciones de libros en la calle, antecedente de la Feria del Libro. Oliva y Schnabl, Lutz, Ferrando y Cía., Griensu y Di Si fueron algunas de las ópticas más conocidas.El edificio de estilo neocolonial donde funcionó la redacción del diario La Nación, obra de los hermanos Estanislao y José Manuel Pirovano, aún está en Florida 343. Se inauguró en 1930 y durante décadas frente a sus pizarras de letras móviles se agolpaba un público ávido de conocer al instante las últimas noticias.Las bombonerías Iris Blanc y Minotti; los sombreros para damas de Sporting Stepper; las camisas Milord, la lencería de Azorín y Tesira, Casa Tow, Los Gobelinos, la Mueblería Thompson, la casa de música Ricordi, los pianos Breyer y Neumann, Mc Gregor, James Smart, El Trébol, la peletería de Charles Calfun, la sucursal de Casa López, la Biblioteca Lincoln, el cine Novedades, el Teatro Nacional, las galerías Broadway, la Casa del Banderín, Marilú y las Perfumerías Ivonne son otras recordadas presencias y marcas.En Florida también se instalaron sucursales de empresas extranjeras, como Johnson (una de las primeras agencias de publicidad del país); Remington (la fabricante de máquinas de escribir de New York) y The Oriental Carpet, fabricante de alfombras cuya casa principal estaba en Esmirna. Felipe Fürst tuvo aquí la primera fábrica de Sudamérica de boquillas de espuma de mar y ámbar, y artículos para fumadores.La empresa Granix eligió Florida para instalar en 1981 un restaurante vegetariano, que atendía a más de 4.000 comensales por día.Círculos y clubesEl Círculo Militar, creado en 1880, tuvo varias sedes en la ciudad, tres de ellas en esta calle: Florida 162, 166 y Florida y Charcas. En 1923 compraron la casa de Federico Leloir y Hortensia Aguirre en Florida 770. A ella se refiere Victoria Ocampo en su autobiografía. Dice: "La casa nueva y enorme de mi tía Hortensia era mandada a hacer para perderse en ella". La nueva sede nunca se construyó, y la casa se demolió, ya que el Círculo Militar adquirió el Palacio Paz, en el que se establecieron en 1938. Algunos muebles, tapices y arañas de la residencia de los Leloir adornan ese palacio.El Jockey Club inauguró en 1897 su sede en Florida 571, proyecto del arquitecto vienés Manuel Turner, terminado por Alejandro Christophersen y Emilio Agrelo. Se lo presentaba como "un magnífico edificio, situado en la aristocrática calle de la Florida. A la entrada, en el primer descanso de su grandiosa escalera ornamental, se encuentra la célebre Diana de Falguière. De este descanso parten las dos rampas simétricas que conducen a la galería del primer piso, adornadas con pilastras y columnas de estilo corintio, que completan la ornamentación de esta soberbia construcción, en la cual el rico ónice de San Luis de los pasamanos, la piedra del Azul de los escalones, el tono gris amarfilado de los balaustres y el estuco que cubre las paredes, imitando mármoles de variados colores, forman un conjunto precioso. Este palacio podría figurar con honor en la más opulenta capital de Europa". El edificio fue destruido en 1953 por un ataque incendiario, el predio se vendió en 1967 y allí se construyó la Galería Jardín.El Circolo Italiano (hoy Club Italiano) alquiló en 1901 a los hermanos Antonio y Bartolomé Devoto un edificio en Florida 8, que el ingeniero Bruno Avenati adecuó a las necesidades de la institución. Según crónicas de la época "tenía características palaciegas, expresadas en un exquisito lenguaje italianizante, salones amplios y lujosos, salón de baile, sala de armas, sala de lectura, biblioteca, sala de billar, restaurante y salas de reuniones".La primera sede propia la tuvo en Florida 374, un edificio de doce pisos proyectado por el arquitecto Luis Broggi y finalizado por el arquitecto Gino Aloisi, que fue inaugurado en 1924 con la presencia del Presidente Marcelo T. de Alvear y el Príncipe Umberto de Savoia, heredero de la Corona de Italia. En ese lugar hoy está la Galería Central.En la esquina de Florida 691 (y Viamonte) estuvo la casa que el Ingeniero Manuel S. Ocampo, padre de las escritoras Victoria y Silvina, proyectó en 1908 para sus hermanas. Silvina, en uno de sus cuentos, la definía como "la casa de mi tía más vieja adonde me llevaban los sábados de visita"â?¦una "casa con cielo de claraboyas". Allí se instaló luego el Automóvil Club Argentino. En Florida 659 estuvo el Yacht Club Argentino y el Centro Naval tiene su sede en el magnífico edificio de Florida y Córdoba, luego de haber estado en Florida 316, 319 y 659.El Salón Castillo, el Salón Costa, Witcomb y Van Riel fueron algunas de las galerías de arte que se destacaron sobre la transitada calle.Tiempos pretéritosEl famoso payaso Frank Brown, hijo y nieto de payasos, malabarista, equilibrista, acróbata, prestidigitador y empresario circense, también tuvo un lugar en la calle Florida, aunque eso resultó conflictivo. En 1910, la Comisión organizadora de los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo le ofreció la posibilidad de construir una carpa de circo en un terreno entre Córdoba y Paraguay, lo que Brown aceptó, entendiendo que podía ser un aporte a la celebración. Pero eso motivó reacciones adversas de quienes consideraban que una construcción de madera y lona no era adecuada para esa zona de la ciudad, y la noche del sábado 14 de mayo de 1910 un grupo de jóvenes prendió fuego a la carpa, que se quemó totalmente. Luego de este episodio, Frank Brown dejó el país e inició una gira por Sudamérica, para volver en 1912.El estanciero Leonardo Pereyra era dueño de un cuarto de manzana con frente por Florida y salida por Paraguay. En Historia de la calle Florida Ricardo Llanés nos cuenta que para 1831 en ese lugar, conocido como el Hueco de Florida, había un anfiteatro "con pretensión de teatrillo, rodeado de jardines con mesitas al aire libre". Era el llamado Jardín del Concierto y luego Jardín Florida, un espacio arbolado con un pabellón, un palco, una gruta, una fuente, asientos y servicio de restaurante.Allí, en abril de 1875, se realizó la primera Exposición de la Sociedad Rural Argentina, de la que participaron 6 agricultores y 85 ganaderos y a la que asistieron 18.000 personas.Años después, un aviso en el periódico El Pueblo Argentino de diciembre de 1879 informaba que "ha sido prohibido el ingreso de negros en el Jardín Florida".En mayo de 1880 debutó en el Jardín Florida la Compañía Circense Rosso-Podestá, y fue en ese lugar donde, en 1889, se reunieron los jóvenes que organizaron la Unión Cívica de la Juventud, partido político que tuvo entre sus líderes a quienes más tarde organizarían la Unión Cívica Radical, la Unión Cívica Nacional, el Partido Socialista y el Partido Demócrata Progresista.En 1901 se inauguró la Asociación Nacional de Ejercicios Físicos, entidad que organizó el domingo 4 de octubre de 1903 la primera carrera de larga distancia en la ciudad, de la que participaron 30 atletas que hicieron un recorrido de ida y vuelta entre el Jardín Florida y Olivos. El ganador fue Claudio Peralta, de 19 años, con un tiempo de 3 horas, 2 minutos y 10 segundos. Ese año también ocurrió en esa esquina el primer accidente de tránsito. El Jardín Florida cerró en 1907 y se demolió en 1910.En la esquina de Florida 989 y Charcas Ernesto Tornquist construyó su casa, la primera vivienda del país que tuvo ascensor. Y en la vereda opuesta -en el sitio donde existió el almacén en el que por primera vez se bailó tango entre un hombre y una mujer- el empresario decidió la construcción del Plaza Hotel, obra del arquitecto Alfred Zucker. El proyecto incluía varias torres, que quitarían luz natural a la casa de los Tornquist, particularmente a la habitación donde Rosa Altgelt, esposa de Ernesto, solía sentarse a bordar. Como ella no quería perder esa luminosidad, pidió a su esposo hacer alguna modificación, a lo que Ernesto accedió, y se cambió la orientación del hotel. Tornquist también hizo construir en las cercanías varias casas para su familia. En la de Florida 939 vivieron su hija María Luisa y su esposo Benjamín Muniz Barreto, coleccionista dedicado a la recuperación de materiales arqueológicos, que en ese lugar instaló un museo con más de 15.000 piezas del Noroeste argentino y Perú. Parte de esa colección, única en América, es la más importante del Museo de La Plata, que la recibió en 1933.En Florida 936 estuvo hasta 1970 el Instituto Di Tella, creado en 1958 en homenaje al empresario Torcuato Di Tella. Dirigido por Enrique Oteiza, Jorge Romero Brest, Alberto Ginastera y Roberto Villanueva, es recordado como un centro de vanguardias artísticas de la pintura, el teatro y la música, del que surgieron numerosos artistas.Habría mucho más para decir sobre esta calle, lo que podría sintetizarse con las palabras del Noticiero Sucesos Argentinos al hacerse peatonal en forma definitiva: "Florida es un verdadero símbolo lleno de historia que se impone sobre toda novedad, ya que a pesar de los cambios, Florida siempre será Florida".
Me gustaba pararme en la orilla mirando al mar, dejar que la ola llegara y subiera hasta mis rodillas y después sentir la fuerza cuando se retiraba y me dejaba parada sobre dos pequeños montículos de arena. En ese momento, cuando el agua dejaba la arena brillosa antes de desaparecer por completo, quedaban a la vista pequeños tesoros: caracoles de varios colores, piedras perfectamente pulidas o, en alguna vacación caribeña, un pedacito blanco de coral. El hallazgo preferido era el de los caracoles de dos colores, casi como esos helados de crema y chocolate que salían de una máquina en el Pumper Nic de La Lucila al que nos llevaba la mamá de una amiga los viernes a la salida del colegio. También estaban esos otros con interiores tornasolados que yo juraba que, como algunas ostras, supieron encerrar una perla.En mi ojo infantil también tenían valor las piedras. Lo importante era que cumpliesen con ciertos criterios. El primero, el color: tenía que ser atractivo y sobresalir en el fondo de arena; verdes, negras, terracotas o de un blanco impoluto. Casi en el mismo nivel de importancia, el pulido. El juicio final lo daba el tacto. Había que sostenerlas sobre la mano, enjuagarlas bien con el agua del mar, y ahí sí frotarlas entre los dedos hasta llegar al veredicto. Finalmente, estaban esas que se destacaban por ser únicas: traslúcidas, casi esféricas o, por el contrario, con bordes facetados o con alguna incrustación particular en su interior (a veces un caracol diminuto). Las llevaba de vuelta a casa como testigos de unas vacaciones inolvidables.Desde el siglo XVIII tiene lugar una práctica particular en las orillas barrosas del río Támesis en Londres, una actividad que en sus comienzos quedaba relegada a los pobres y hambrientos y que en la actualidad es una suerte de privilegio. Su nombre es mudlarking y consiste en buscar objetos (hoy tesoros arqueológicos) en las orillas del río cuando la marea se retira. Los primeros registros de la actividad tienen doscientos años. Los habitantes de Londres que estaban sumidos en la más absoluta pobreza andaban raspando con sus palos el suelo barroso en busca de cualquier objeto que pudiera ser vendido (aunque más no fuese por unas cuantas hogazas de pan duro). En su mayoría se trataba de niños y los hallazgos podían ir desde carbón a pedazos de soga, algún clavo de hierro, restos de cobreâ?¦ todo podía ser vendido por unos peniques.El alimento que mejora el estado de ánimo en solo 4 díasCientos de años después, en la actualidad, cuando la marea está baja, una persona que camina por la orilla del río puede encontrarse con todo tipo de sorpresas. Con buen ojo, pueden aparecer entre el lodo fragmentos azules y blancos de cerámica del siglo XIX, o tal vez los delicados tallos de pipas de arcilla. Más pequeños y ajustando todavía un poco más la mirada, los botones de abrigos de elegantes caballeros y monedas que datan hasta tiempos de los romanos, cuando Londres era Londinium.Pero hay unos objetos misteriosos que tienen a los mudlarks (así se llaman quienes se dedican a esta actividad) perplejos desde hace años: se trata de unas pequeñas piedras de color rojo profundo y oscuro, que en un día de sol brillan casi como si fuesen las semillas de una fruta de granada recién partida al medio entre el resto del canto rodado. Son granates, los granates del Támesis. Algunos rugosos, otros facetados, perfectamente pulidos y tallados, casi listos para ser engarzados en una joya. Hasta aquí ningún misterio, salvo que, a diferencia de otras piedras, los granates no fueron extraídos de minas británicas. Además, los expertos indican que los granates de Gran Bretaña son demasiado oscuros y fracturados para ser usados en joyería.Algunos teorizan que son remanentes de la producción de abrasivos que los usan pulverizados en lijas. ¿Podría tratarse de eso? En algún momento la ciudad de Londres fue una gran productora de muebles de madera y requería de importantes stocks de lijas.El alimento que mejora el estado de ánimo en solo 4 díasUna versión alternativa, mucho más romántica y trágica, habla de naufragios. Es probable que sea la correcta. El Támesis, usado como vía comercial, podría haber sido navegado por barcos con pesados cargamentos de estas piedras semipreciosas que, según los arqueólogos de la Universidad de Oxford, eran apreciadas por los antiguos anglosajones que las cortaban y usaban en joyería. Durante siglos, los granates pueden haber navegado las aguas del río y hoy unos pocos afortunados (y autorizados explícitamente por el gobierno) cuentan con una licencia para buscarlos y encontrarlos.En aquellas caminatas en la orilla del mar cada tanto me topaba con algún trozo de vidrio verde o turquesa que estaba tan pulido, suave y redondeado que bien podía pasar por una esmeralda o un zafiro. Enjuagado y libre de arena lo guardaba en mi baldecito, convencida de haber encontrado una verdadera gema. Alguno de los chicos que vacacionaban en la playa podían burlarse y decir que eran simples vidrios de colores, peroâ?¦ ¿quién puede decirnos que no hemos encontrado un tesoro?