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En el invierno de 2021, cerca de 60 personas convivieron en el campo base del K2 (que se encuentra en la frontera entre Pakistán y China). Considerado uno de los picos más peligrosos del Karakórum, hasta ese momento también representaba un título por conquistar para el alpinismo, ya que era el único de los 14 picos de más de 8.000 metros que nadie había escalado en invierno. Con temperaturas de casi 50 grados bajo cero y vientos huracanados, el apodo que ganó con el tiempo lo dice todo: "La montaña salvaje".El 16 de enero ese título tuvo dueño: diez escaladores nepalíes, entre ellos Nirmal "Nims" Purja, llegaron juntos a la cumbre. Pero ese mismo día también llegó la primera muerte, la del catalán Sergi Mingote, que cayó durante el descenso.Con una expedición que no duró semanas, sino meses, uno de los puntos más angustiantes de este relato es la fuerte comercialización que sucedió en esta misión y que puso en riesgo la vida de muchos: alpinistas poco preparados para uno de los recorridos más extremos, falta de carpas y alimentos en las bases y errores humanos que terminaron con cinco muertos. El 5 de febrero, el búlgaro Atanas Skatov cayó mientras descendía, y el islandés John Snorri, el pakistaní Ali Sadpara y el chileno Juan Pablo Mohr fueron vistos por última vez acercándose al Cuello de Botella, el tramo más temido de la ruta. Sus cuerpos recién aparecieron en julio.A medida que las noticias se iban conociendo en medios especializados, también surgieron las teorías conspirativas: el alpinista pakistaní Nazir Sabir llegó a afirmar que los nepalíes habían retirado las cuerdas fijas del Cuello de Botella al bajar de la cima, lo que habría dejado sin protección a Snorri, Sadpara y Mohr. Otros los acusaron de haber mantenido en secreto su "ataque a cumbre" (la fase final y más exigente del alpinismo) para quedarse con el récord. Y en foros y redes se puso en duda la propia hazaña: no había una foto grupal en la cima y en el video de llegada se veían solo ocho de los diez escaladores.Tres años después de todo lo ocurrido, el documentalista Amir Bar-Lev investigó cada una de esas acusaciones y lo que encontró fue menos un crimen que una historia de fallas humanas.Amir Bar-Lev, el director: "La mayoría de las acusaciones no tenían sustento"Entiendo que al principio querían contar la historia como un true crime pero a medida que la producción avanzaba, cambiaron de idea. ¿Qué fue lo que pasó?Empezamos a trabajar en esta historia 3 años después de que ocurriera, o sea, en el 2024. El periodismo que se había hecho hasta ese momento, el relato que nos llegó, estaba lleno de acusaciones. Muchísimas, mucho señalamiento... de hecho, la mayor parte de eso ni siquiera está en la película; aunque sí se ve que hay gente que acusa al equipo nepalí de haber cortado cuerdas, pero hubo muchas otras denuncias que tuvimos que investigar. En el documental caminamos sobre la línea entre el arte y el periodismo, y el lado periodístico te obliga a seguir las pistas, sobre todo si apuntan a algo casi criminal. Por eso decimos que al principio fue un "¿Quién fue?" alpino, un true crime de alta montaña porque básicamente así se hablaba del tema. Pero descubrimos que la mayoría de esas acusaciones no tenían sustento. Eso no quiere decir que no haya salido nada mal: si hay cinco muertos, algo terrible pasó.Lo que encontré es que la historia más poderosa â??el fracaso más poderoso, en realidadâ?? tenía que ver con fallas mucho más humanas. Menos con conductas criminales y más con cosas que compartimos todos, incluso los que vivimos acá abajo, al nivel del mar. Hubo soberbia, hubo nacionalismo, hubo codicia, hubo fiebre de cumbre, hubo engaños y competencia. Pero probablemente no hubo cuerdas cortadas ni intentos de cumbre truchos. Eso también se dijo: pasamos meses investigando la idea de que los nepalíes ni siquiera habían llegado a la cumbre y que habían fraguado todo, como dicen que se fraguó la llegada a la Luna.O sea... todas teorías medio conspirativas pero poca realidadSí. Tenés que investigar esas cosas, aunque suenen descabelladas.Una pregunta que aparece mucho durante el documental es "¿Por qué alguien pondría en riesgo su vida de esa manera?". Después de hacer ese documental, cuál sería tu respuesta... ¿sentís que sería diferente para los sherpas?Creo que lo que hace tan interesante esta historia es que había 60 personas en la montaña y, con ello, diferentes razones de por qué estar ahí. Claro que podemos pensar que una gran mayoría es atraída por la experiencia de lo sublime: estar en un lugar muy ajeno, hermoso, que casi parece otro planeta. Después están los que disfrutan de la adrenalina, de la falta de seguridad, de los riesgos, de desafiarse y descubrir de qué son capaces. Pero personalmente creo clave adelantar que no todos los que forman parte de estas expediciones están ahí porque les gustan esas cosas, muchos de ellos están porque tienen que estar. Las personas que suelen quedar fuera del cuadro en el relato del alpinismo vienen, muchas veces, de partes del mundo con muchísimos menos recursos que los propios montañistas. Y sin embargo terminan unidos, formando casi un pelotón militar improvisado, gente que depende una de otra para sobrevivir, aunque estén ahí por razones muy distintas y a veces ni siquiera hablen el mismo idioma. Eso es algo que me parece muy interesante de esta historia.Algo que me gustó mucho del documental es cómo retratás a las familias. No aparece el enojo de "¿Por qué hizo esto?", sino más bien una comprensión de que este deporte era lo que amaban. Pensando en que la mayoría no conocemos este deporte extremo, ¿qué te gustaría que se lleve alguien que ve el documental?Quisimos, como dice la expresión, "Tener la torta y comerla también". Queríamos hacer una película que se sintiera como un documental de montaña, con lo que nos gusta de esas películas y de las historias de supervivencia. Soy fan de los libros y las películas que te dejan al borde del asiento, sobre todo cuando son historias reales. Y esta es una: gente que va a lugares donde la muerte está muy cerca, donde la cooperación es literalmente una cuestión de vida o muerte. En cierto modo es como una historia de guerra, y queríamos que el público lo sintiera. Pero también sabíamos que si contás ficción podés inventar el relato de supervivencia más angustiante y atrapante de la nada. En la no ficción, cuando intentás presentarle eso al público, puede aparecer cierta construcción, cierto artificio, algo falso, en definitiva. Y algunos documentales de montaña son un poco más artificiales y armados de lo que a nosotros nos resultaba cómodo. Entonces, cuando digo que quisimos tener la torta y comerla también, me refiero a que queríamos que la gente sintiera lo que te dan esas películas de adrenalina y, al mismo tiempo, se preguntara en qué son honestas y en qué no, y cómo pueden estar afectando aquello mismo que dicen solamente documentar. Espero que las personas de la película se vean en toda su complejidad, y que cada espectador se lleve algo distinto, porque es una de esas historias que no se pueden explicar en una sinopsis rápida. Así fue como la descubrimos nosotros mientras la hacíamos, y espero que así la viva el público.Otra cosa que trae el documental es el impacto de las redes sociales ¿Sentís que la necesidad de generar contenido cambió las cosas?No hay dudas de que las redes cambiaron el alpinismo. Pero a mí me interesa pensar qué cosas son permanentes y qué cosas son nuevas. Las redes son obviamente nuevas: poder llevar un pequeño estudio de cine a todas partes y filmar cualquier cosa, desde lo que desayunaste hasta tu cumbre en la montaña más alta del mundo. Lo que no es nuevo es esto: como seres humanos, nunca jamás hicimos algo valiente, algo que pareciera burlar a la muerte, sin querer volver a casa a contarlo. Por eso existen pinturas rupestres de gente cazando un bisonte con lanzas que seguimos encontrando 20.000 años después. No sé si esto está en la película o solo en mi cabeza, pero espero que no quede la sensación de "ay, qué malas son las redes". Es más complejo que eso. Esta es una de esas historias eternas, y en cierto modo las redes son lo mismo que las pinturas rupestres. Esto habla de la naturaleza humana, y por eso es una historia tan interesante: es sobre todos nosotros, no solo sobre los montañistas o la gente que está en las redes.The Last First: Winter K2, un documenal repleto de adrenalina y dolor"The Last First: Winter K2" (desde el 2 de octubre en Apple TV) se produjo a partir de más de 300 horas de material: documentales de expedición, videos para sponsors, clips de celular grabados dentro de las carpas y audios de radio, y, más tarde, las entrevistas que hizo el propio Bar-Lev. Logrando cierta coralidad al tomar las filmaciones de diferentes personas, el documental tiene un corazón claro: la amistad entre John Snorri y Ali Sadpara: un occidental rico que podía permitirse el alpinismo como pasión y un pakistaní que había salido de la pobreza trabajando en la montaña.Alrededor de ellos, la película despliega el resto: la comercialización del K2, la expedición de Seven Summit Treks con clientes novatos, la ruptura del "código de caballeros" por parte de un equipo nepalí que ya no quería ser el que fija las cuerdas para la gloria ajena, y la pregunta incómoda sobre cuánto cambian las cámaras aquello que dicen registrar. Un documental difícil de mirar con preguntas existenciales sobre la vida, los riesgos que corremos, pero también la comercialización extrema del alpinismo.
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La pareja de la India tenía un deseo especial: pasar su aniversario de casados en un lugar remoto y tranquilo donde pudieran pasar la noche sin nadie más. Tenían otra condición: hacer rafting en un río patagónico. Contactaron a Frasson Group, especializado en organizar experiencias excepcionales y eventos de lujo, que eligió un sector muy privado del Río Manso Inferior y armó un domo espectacular con deck y baño. Llegaron en helicóptero, tuvieron una cena gourmet, vivieron su aventura en los rápidos del Manso y se fueron felices. A la gente de Frasson Group le quedó picando la idea de armar más campamentos pop-up o itinerantes.Lo hicieron, pero fueron por más: armaron Río Manso Camp, un campamento de lujo que funciona de noviembre a marzo al borde del río, dentro de un campo privado, y ya va por la quinta temporada. Se encuentra a dos horas de Bariloche; luego cierran todo y lo guardan en containers hasta la temporada siguiente.El valle del río Manso se extiende entre dos grandes del turismo, Bariloche y El Bolsón. El sector conocido como Río Manso Inferior llega hasta el límite con Chile desde que el río sale del lago Steffen. Desde Río Villegas, en el kilómetro 1970 de la RN 40, se recorren unos 40 km hasta la frontera por la RP 83, un camino de montaña y ripio que bordea el río. Junto al camino hay proveedurías, casas de comida, campings y algunas cabañas.Todas las comodidadesRío Manso Camp es un campamento boutique instalado a unos 15 km de la frontera internacional, que se destaca por su exclusividad y su modalidad all-inclusive. "No solamente recibimos al público individual que busca estas experiencias, sino que también estamos preparados para recibir grupos y organizar eventos: podemos organizar una boda o hacer también la recepción de grupos de empresas que vienen a hacer un incentivo", destaca Ezequiel Garófalo, manager del camp.Lo primero que aparece al llegar al campamento es una enorme carpa beduina que funciona de lounge: punto de encuentro, estar y sector donde se sirven todas las comidas. Tiene un deck que mira al río, livings, bar, juegos de mesa y mantas, y grandes estufas hongo que se prenden cuando refresca. En el exterior hay un precioso fogonero.Senderos cortos llevan a las 14 carpas y al domo, montados también al borde del agua, entre coihues, sauces y arbustos de rosa mosqueta, y enmarcados por el Cerro Bastión. Un poquito más alejadas hay cuatro carpas-ducha de uso individual con todo el confort -buena luz, espejo, asiento, gancho para la toalla y ropa, secador de pelo-, además de varias estructuras de baños para hombres y mujeres con biodigestores. Todo es tan cómodo e impecable que cuesta creer que se está en un lugar agreste como este.Las carpas tipo tienda de campaña "bell tent" tienen cinco metros de diámetro y dentro de ellas se puede estar cómodamente parado. Son súper elegantes, tienen alfombra de yute y capacidad para tres excelentes sommiers (cama doble o individual). El domo geodésico está instalado sobre un deck, tiene siete metros de diámetro y piso de madera flotante, además de baño privado con ducha. Río Manso Camp forma parte del grupo que también integran Patagonia Glamping Co â??encargada de las carpas y de organizar eventos sociales y para empresasâ?? y Frasson Adventures, operador de viajes de lujo con propuestas de aventura privadas y personalizadas en toda la Patagonia. Sus dueños, Luciano Frasson y Andrea Ginaca, llegaron a Bariloche desde Buenos Aires hace 20 años. Empezaron como guías de kayak, sumaron gastronomía más cuidada a las excursiones y terminaron dándole forma a la compañía.Dos noches y tres díasEl programa clásico es la Experiencia Glamping: dos noches y tres días con actividades como trekking, rafting, cabalgata, pesca con mosca o bicicleta. La tarde del primer día, después del almuerzo, se puede hacer una caminata sencilla por los bosques del valle. Al Manso lo cruzan aquí dos pasarelas, Andrade y John (aunque a veces le dicen Jones), que toman el nombre de familias pioneras. Desde la primera se ingresa al sendero Entrepasarelas, muy conocido dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi. Tiene unos 20 kilómetros y es ideal para caminar o andar en bici. La pasarela John marca el final del sendero, que corre paralelo al río con vistas al agua verdosa.En lo que queda de la tarde hacemos un tramo corto del sendero - 5 km que transcurren por un bosque de altísimos coihues y que llega a una pequeña cascada - para acercarnos después en camioneta al paso internacional peatonal El León, por donde cruzan excursionistas y senderistas hacia Chile. Una curiosidad, a escasos cien metros del puesto de Gendarmería, es el terreno del poblador que tiene la casa en Chile y el patio del lado argentino. Y claro, las dos banderas.La noche en el campamento es mágica. Después de cenar, cada huésped retira su bolsa de agua caliente en el lounge y la lleva a su carpa o domo para calentar la cama. Eso, más un edredón abrigado, sábanas de línea hotelera, una ducha caliente con amenities biodegradables de Organ & Co y toallas gruesas, completan un combo perfecto. Dentro del domo o las carpas, la naturaleza parece magnificarse. Si llueve o hay viento, se está bajo la tormenta, pero a perfecto resguardo. Si no, el río y su susurro acunan.Al día siguiente nos servirán un desayuno muy casero: jamones y quesos, panificados y chipá, palta y frutas frescas, mermeladas, frutos secos, granola y cereales, café, té y jugos. "¿Les gusta mi oficina?", pregunta Matías, el guía de rafting, cuando la balsa con ocho tripulantes se interna en el cañadón de piedra, salteando rápidos. "Muy adrenalínico tu trabajo", respondo, mientras lucho por mantener el equilibrio y remo en equipo para que los movimientos no nos expulsen de la embarcación ni nos impulsen contra los paredones de piedra negra. Al final, concluiré que hace tiempo no me divierto tanto y que esta clase de adrenalina en el trabajo es un privilegio.El rafting del Manso se realiza para mayores de 14 años, en los últimos kilómetros antes de llegar a la frontera con Chile. Son unos 12 kilómetros de navegación que arrancan en la zona del camping La Pasarela y terminan a solo dos kilómetros de la frontera con Chile al cabo de una hora y media de navegación.Lleva un rato equiparse y atender las indicaciones de seguridad. Traje y botas de neoprene, chaqueta impermeable, chaleco salvavidas, casco y un remo para cada pasajero. Nos explican que los rápidos son de nivel III+, que los primeros sectores son más tranquilos y qué hacer en una emergencia. La posición de nado de seguridad es panza arriba, con las piernas corriente abajo, hasta poder pararse.Enseguida descubrimos que el Rafting Frontera no es una flotada descansada: hay que trabajar remando por cañones estrechos y exige un esfuerzo físico considerable para sortear rápidos con maniobras más técnicas. "Somos un equipo: trabajamos para que la balsa tenga el mejor motor", nos recuerdan. Entre comandos como "adelante, alto y atrás", el grupo rema con potencia y festeja cada rápido sorteado chocando los remos en el aire.El río cristalino es de un verde intenso en días de sol. Discurre por cañones de roca volcánica rodeados de selva valdiviana y bosques andino-patagónicos. Es tan encajonado que los rápidos se sienten más potentes, pero están separados por remansos donde el guía reorganiza la balsa. Tienen nombres informales puestos por los guías, como "Bienvenida", "Agujero de ozono", Picapiedras, Intestino del Diablo o Éxtasis. Para familias con chicos recomiendan, en cambio, el Manso Inferior clásico, con rápidos más amables.Nos enteramos de que este río marca el límite sur del Parque Nacional Nahuel Huapi. Nace en los glaciares del Monte Tronador, que forman el Manso Superior (ahí el agua se ve más lechosa por sedimentos glaciarios); llega al lago Mascardi, atraviesa el Hess y el Steffen (Manso Medio) y, luego de recorrer el valle del Manso Inferior hacia el oeste, cruza la cordillera a Chile y desemboca en el estuario de Reloncaví y luego en el Pacífico. Es uno de los pocos ríos argentinos que atraviesa los Andes en lugar de desembocar en el Atlántico.El almuerzo del segundo día llega tarde, al regreso de la experiencia de rafting. Betty, cocinera del Camp, va por su cuarta temporada y viene de Carmen de Patagones. Trabajó también en cocinas de El Chaltén y lodges de pesca. De su cocina â??instalada con todas las comodidades en un domo escondido en el sector de servicios del campamentoâ?? salen platos gourmet. Probamos sopa de calabaza con leche de coco y pimentón; risotto con tres tipos de hongos; bombón tibio de papa trufada, agnolinis rellenos con ricota y muzzarella y manteca de salvia, o pavlova con mousse de frutos rojos.Su propuesta es una carta con productos locales y típicos patagónicos como trucha, cordero, hongos y verduras que se consigan a lo largo de la temporada.Si el calor pega a la hora de la siesta, en lugar de las carpas -que pueden ser calurosasâ?? se eligen las zonas de relax a la sombra, dentro de un bosquecito de sauces o coihues, con hamacas tipo paraguayas y nido ideales para desconectar.Primeros pobladoresSebastián forma parte de la familia John, antiguos pobladores y pioneros de la región, que hoy dedican el verano al turismo. Seba tiene en el campo cordillerano familiar de unas 1.400 hectáreas un restaurante-cervecería con gran vista sobre el valle, base logística de sus cabalgatas, hidrospeed y rafting. Después de abril se ocupa de las ovejas y las vacas.Remolacha, Hidalgo y Bandolero son mansos e ideales para que la cabalgata del tercer día sea apta para todos. En unas dos horas recorren un sector precioso del campo junto a Corbata, Cachorro y Goku, los perros que acompañan a los jinetes. "Mi abuelo se vino a la Argentina en 1937 de Suiza con sus padres a los 10 años, comenzaron por Córdoba, después Bariloche â??eran fanáticos del esquíâ?? hasta que llegaron a este valle en 1954 buscando un lugar lo más parecido al lugar donde vivían en Europa", relata Sebastián. La historia familiar cuenta que al bisabuelo la zona le hizo acordar a sus pagos (Mels, en el cantón de Saint Gallen) y compró tierras al antiguo propietario."Mi abuelo Antonio John, que era mecánico en Bariloche, vino con su mujer Beatriz y un hijo, y acá nació el resto, incluido mi papá Darío", dice, y explica que el apellido original era Iong. Fueron de los primeros pobladores estables de este valle remoto; eran autosustentables porque no había camino, tenían vacas lecheras y cultivaban papa y alfalfa. "Era una vida cruda: mi abuelo laburó toda la vida y salía al campo todos los días a las siete de la mañana", sostiene, y muestra un Ford canadiense fabricado para la guerra que su abuelo compró cuando aún no había camino. Lo usaba para vender las papas que producía y traer productos para la despensa. El camión es del 47 y Seba todavía lo hace funcionar: con él saca leña de la cordillera.Hoy Seba, que nació en el valle, y su mujer Sara, que estudia licenciatura en turismo, siguen la tradición criando vacas y ovejas y complementan las tareas con turismo. Su padre es dueño del campo donde está instalado Río Manso Camp; un tío y un primo se encargan del camping La Pasarela y otro es dueño de la cervecería cercana El Ventisquero. "Como no había camino vehicular hasta la frontera, cuando arrancaron los primeros a hacer el río en kayak mi abuelo los recibía con el desayuno y el almuerzo", dice.Llueve al terminar la cabalgata. De regreso en el camp, nos espera una comida sofisticada: ceviche de hongos, trucha glaseada con puré de coliflor y verduras grilladas, y una deliciosa pera al azafrán. Un cierre perfecto para los tres días all-inclusive en este exclusivo campamento boutique. Datos útilesRío Manso Camp El programa Experiencia Glamping incluye traslado desde Bariloche, estadía de 3 días y 2 noches, trekking, rafting y cabalgata, comidas y bebidas (desayuno, almuerzo, merienda y cena), y uso de las instalaciones del campamento: u$s 1.100 por adulto en carpa en base doble (menores u$s 890), en Domo Deluxe u$s 1.360 por persona (menores u$s 1.150). Válido del 1 de noviembre al 22 de diciembre, y del 2 de enero al 31 de marzo. Consultar tarifas Navidad y Año Nuevo. T: (294) 590-6369. IG: @riomansocamp
Manuela no verá salida tras la dura reacción de su padre en el próximo capítulo de 'Valle Salvaje'
La ficción de TVE afronta un nuevo capítulo marcado por las amenazas de Enriqueta, las maniobras de Manuela y unos sentimientos que empiezan a ser imposibles de ocultar
La ficción de TVE encara un episodio decisivo marcado por estrategias arriesgadas, tensiones familiares y un giro que amenaza con alterar el equilibrio del valle
Victoria y Mercedes lanzarán a Enriqueta una oferta en el próximo capítulo de 'Valle Salvaje'
La serie de La 1 pone en jaque a Manuela esta semana y da carta blanca a los enamorados
Lo que comenzó como una iniciativa para incorporar una especie de caza a Tenerife terminó convirtiéndose, décadas después, en un problema para uno de los ecosistemas más particulares de Canarias. El protagonista de esta historia es el muflón, un herbívoro que fue llevado a la isla por decisión humana y que actualmente es considerado una especie exótica invasora.La introducción ocurrió alrededor de 1970 y, según documentación específica sobre especies exóticas, en 1971 fueron liberados 11 ejemplares en el Parque Nacional del Teide. La intención era utilizarlos con fines cinegéticos, pero el animal encontró en las cumbres de Tenerife condiciones favorables para mantenerse y reproducirse.Con el paso de los años, la población se expandió en un entorno donde no existen depredadores naturales capaces de controlar su presencia. Así, una especie que había sido incorporada con un propósito concreto comenzó a generar un impacto diferente al esperado: su alimentación afectó a la vegetación de las cumbres y puso presión sobre plantas propias del ecosistema.El problema adquirió especial importancia por las características del Parque Nacional del Teide. La zona concentra numerosas especies endémicas, algunas exclusivas de Canarias y otras que solo crecen de manera natural en Tenerife. Entre ellas se encuentran plantas amenazadas como la violeta del Teide.El muflón se alimenta de distintas especies vegetales y, cuando lo hace de manera constante, puede dificultar su regeneración. Pero el daño no se limita al consumo de plantas: el desplazamiento de los ejemplares también genera pisoteo y puede contribuir al deterioro del suelo y a procesos erosivos.Por estas razones, el animal fue incluido en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras. Las autoridades comenzaron a implementar medidas para controlar su población y reducir el impacto sobre la flora del parque.Las características de este animalEl muflón es un mamífero de la familia de los bóvidos. Los machos pueden pesar entre 50 y 55 kilos y se caracterizan por sus grandes cuernos curvados hacia atrás, mientras que las hembras son más pequeñas y generalmente no tienen cuernos.Su presencia en Tenerife es un ejemplo de cómo una especie trasladada por el ser humano puede adquirir un papel completamente diferente al previsto. Lo que comenzó como una introducción con fines de caza terminó obligando a implementar programas de control para proteger una flora que evolucionó durante miles de años en el aislamiento de la isla.
La ficción de TVE cierra la semana con un capítulo marcado por la ruptura de Alejo y Manuela, las acusaciones de José Luis y una decisión de Victoria
La ficción de TVE afronta un capítulo marcado por las consecuencias del enfrentamiento entre Alejo y Manuela, mientras una nueva revelación puede poner en peligro las investigaciones de Genaro
El Land Cruiser frena en seco sobre la barranca del río Mara y el guía apaga el motor sin decir nada. Del otro lado hay miles de ñus amontonados. Se acercan al agua, retroceden, vuelven. Nadie manda, nadie da la orden. Y entonces, sin que se sepa por qué, uno se tira. Después, otro. Después todos, en una avalancha de polvo y agua marrón, donde a veces puede haber algún cocodrilo merodeando y atento a que un ñu pierda la brújula. Las crías cruzan en el medio del pelotón, protegidas por los cuerpos de los adultos como si el rebaño entero fuera una sola cosa con muchas patas.Somos cuatro adentro de la camioneta. Ninguno dice una palabra. Mientras se escucha el obturador de mi cámara disparando en ráfaga, siento una mano que se apoya en mi brazo y no se mueve hasta que termina el cruce. Es la mano de Bibi.Escuchamos por primera vez esa palabra la noche que llegamos, a la 1.30 de la madrugada. Robat, nuestro guía, nos esperaba en el aeropuerto de Kilimanjaro. Cuando le presentamos a nuestra madre de 87 años, no le dio la mano: se la tomó con las dos suyas y la llamó Bibi. Tardaríamos quince días en entender lo que había dicho.Se entra a Tarangire y el paisaje se vuelve prehistórico. Los baobabs están cada 200 metros, tirados por la llanura como monumentos que nadie construyó; la leyenda local dice que los dioses los plantaron al revés para castigar la soberbia humana.Es el parque de los elefantes, y "en familia" no es una manera de decir. En una manada, quien dirige todo es la hembra más vieja. Ella va adelante y decide todo: el camino, el ritmo, cuándo se toma agua. No es la más fuerte: es la que se acuerda. Sabe dónde había agua hace 30 años, en la última sequía grande. Las crías caminan en el medio, con una tía o una hermana mayor de escolta. Cuando la manada cruza un camino, las adultas se ponen de costado, hacen pared, y los chicos pasan por atrás.El fenómeno natural que este año sorprenderá como nuncaDebajo de la sombra de un baobab, improvisamos nuestro almuerzo. Robat saca un mantel y lo tiende sobre el capó, saca cuatro copas de acero inoxidable. Tenemos la vianda que prepararon en el lodge donde dormimos a orillas del lago Burunge. El almuerzo más improvisado del viaje en el lugar más salvaje.Casi 15.000 kilómetros cuadrados, y adentro la gran migración: un gran rebaño de cebras y ñus que no para de moverse nunca en todo el año, siempre atrás del pasto que crece. Lo que nadie avisa es que no es un evento con horario y día fijo.Dormimos en un campamento a orillas del Mara, en carpas con alfombras y lámparas, y con una radio en la mesa de luz. Mientras nos preparábamos para dormir, entendimos para qué servía: un rugido de león. No una vez, sino uno cada cinco minutos. Con esa frecuencia, el tema tiene otro matiz. Según nuestro guía, la distancia no es de temer: estaría a 500 metros. Estando dentro de una tienda de tela, se puede entender por qué los locales viven en comunidades.A la mañana siguiente, Bibi comenta que había descansado bien, mientras pide que vengan a sacar una araña pollito del tamaño de su palma de la mano. Viene un guardia, la saca con un frasco y la suelta en el exterior de la tienda. No se mata nada, ni siquiera adentro del cuarto.En el valle del Seronera estuvo el leopardo, arriba de un árbol, con su presa colgada de una horqueta. Y una leona con dos cachorros escondidos en un pastizal del mismo color de su pelaje. Pero lo que se me queda grabado no son los felinos. Es una manada de cebras divirtiéndose en un río con poca agua. Corren los más jóvenes -como niños que saltan en un charco un día de lluvia- sumergiendo sus patas en el agua, mientras los mayores beben para que el calor sofocante no atente contra ellos.El jardín amuralladoSe sale del Serengeti temprano y en un par de horas el mundo cambia de color. El Ngorongoro es la caldera de un volcán que explotó y se desplomó sobre sí mismo. Se baja media hora por un camino de cornisa entre nubes bajas y abajo hay agua, verde, un lago con flamencos y unos 25.000 animales que no se van nunca porque no necesitan irse.Después de días de sabana amarilla, el cráter parece un jardín. Vemos rinocerontes negros, que es lo que uno viene a buscar acá: quedan poquísimos y se los ve de lejos, dos manchas grises moviéndose despacio en el pasto. Almorzamos adentro del auto, y no por comodidad: los milanos, aves rapaces, bajan en picada y sacan el sándwich de la mano.A medida que visitamos parques, también nos internamos en la cultura propia de las tribus, visitando las aldeas.En el sur, en el valle del lago Eyasi, estuvimos con los hadzabe, uno de los últimos pueblos cazadores-recolectores del mundo. Quedan alrededor de mil y solo una parte sigue viviendo así. Hablan una lengua con chasquidos que muchos lingüistas consideran aislada, sin parientes conocidos. No tienen jefes, ni calendario, ni propiedad acumulable. Los hombres cazan con arco; las mujeres recolectan tubérculos y frutos de baobab, que es la base real de la dieta. La visita tiene su parte de puesta en escena, y conviene decirlo. Pero queda algo cierto: lo que se caza se reparte entero el mismo día, y acumular no tiene sentido porque hay que caminar.Después vamos a los datoga, vecinos y viejos rivales de los masáis. Son pastores y además los herreros de la región: funden metal recuperado en fraguas de barro con fuelles de cuero. Las mujeres llevan vestidos de cuero bordados con abalorios y muchas tienen tatuajes de puntos alrededor de los ojos.Volvemos varias veces a territorio masái: primero en las tierras altas entre el Meru y el Kilimanjaro, después en el lago Natron, a los pies del Ol Doinyo Lengai, la montaña sagrada que sigue en actividad. Los masáis son pastores seminómadas. Su riqueza se mide en cabezas de ganado y en hijos, y las dos cosas se cuentan juntas. Viven en un círculo de casas bajas de ramas, barro y bosta seca, rodeado por un cerco de espinos, con el ganado adentro durante la noche. El diseño es la idea: los animales en el centro, las casas alrededor, los espinos afuera. Toda la arquitectura es la respuesta a una sola pregunta: ¿cómo se protege lo que uno quiere?En esta visita, nos recibe la madre de todos en esa aldea. Nos abre la puerta hecha con caña y nos invita a pasar a su choza, de unos 2,5 metros de diámetro. Colgado sobre una pared hay un recambio de manta. Y no hay ningún otro elemento, más que los cacharros que usan para cocinar. Así viven.Barro y flamencosUna mañana vamos a la orilla del lago Natron a ver los flamencos. El Natron es alcalino, de aguas rojizas y costras de sal, y su borde no es orilla: es un barro pesado, tibio, que agarra. Kummo, nuestro guía en el Natrón, nos indica el camino y me acerca sigiloso hacia la zona de los flamencos. Entonces escucho risas a carcajadas detrás de mí, como a unos 100 metros. Es mi madre -Bibi- a quien ese barro denso y absorbente le succiona la sandalia y, lejos de perder el equilibrio o frustrarse, se hunde en una risa contagiosa. Tengo veinte fotos en secuencia de esa mañana y ninguna de un flamenco.En las tres comunidades sucede lo mismo. El primer gesto de los anfitriones es idéntico: buscar con la mirada a la persona mayor del grupo que llega, ir hacia ella antes que hacia nadie, tomarle las dos manos y decirle una palabra corta que nosotros oíamos como "Bibi".La escuchamos en el fogón masái, en la aldea de Natron, en la choza de los datoga, en la recepción de cada alojamiento, en un mercadito al costado de la ruta. Siempre la misma palabra, siempre dicha a la misma persona, siempre antes que cualquier otro saludo. Si bien sabemos qué decía, de repente entendemos qué significaba.La ciudad española donde las tapas son inolvidables y la arquitectura sorprende a cada pasoComenzaron a aparecer secuencias, flashbacks, que ahora, hilvanados, transforman el sentido real del viaje.Bibi, en suajili quiere decir abuela. Es también una fórmula de respeto para una mujer mayor, y no se dice de costado ni al pasar. Se dice de frente, tomándole las manos, antes que cualquier otra cosa. Durante quince días, en cada aldea y en cada camino, un país entero que no la conocía la saludó a ella primero. Nosotros dos somos, en el mejor de los casos, los que vienen atrás.Toda la sabana está diciendo lo mismo todo el tiempo, y hay que viajar once mil kilómetros para escucharlo. La matriarca elefanta va adelante porque es la que se acuerda, y cuando muere, la manada entera pierde el mapa. Las cebras, regocijadas, viendo a los más jóvenes disfrutar. Los ñus ponen a las crías en el medio cuando el río está lleno de cocodrilos. Y los masáis construyen su casa en círculo, con lo que quieren adentro y los espinos afuera.Ella hizo eso durante 60 años. Comandó una casa, decidió el camino, se acordó de dónde había agua cuando todo estaba seco y nos cubrió la espalda mientras dormíamos convencidos de que el mundo era un lugar seguro por naturaleza.Este viaje es al revés. Por primera vez, el paso lo marca ella y nosotros acomodamos el ritmo: el brazo en la bajada del cráter, una parada más, la manta sobre las rodillas en el amanecer de Tarangire. Y ella, que a los 87 tiene dos hijos de más de cincuenta, nos sigue mirando como se mira a los chiquitos que van en el medio del rebaño.Decenas de imágenes quedan en mi retina: practicando sus pasos de baile al salir de un baño al costado de la ruta, su paso cansino y agotado después de tanto traqueteo sobre el jeep, su carcajada al ser succionada por el barro, su nado en la piscina del lodge a orillas del lago Burunge, después de una jornada sofocante, convencida de que lo hace como Esther Williams.Tanzania no nos enseñó nada que no supiéramos. Simplemente lo dijo en voz alta, en otro idioma, todos los días, delante de nosotros. Bibi.Datos útilesCuándo irLos cruces del Mara en el norte del Serengeti suelen darse entre julio y octubre, sin ninguna garantía: es cuestión de estar ahí y esperar.SaludConsultar con medicina del viajero seis a ocho semanas antes. Verificar el requisito de fiebre amarilla según las escalas del vuelo. Profilaxis antimalárica indicada por un médico; hepatitis A, tifoidea y tétanos al día. Agua embotellada siempre, también para lavarse los dientes. Seguro con evacuación aérea. Y un consejo que no suele darse: preguntarle al médico también qué sobra. Cuando viaja una persona mayor, el entorno tiende a acumular vacunas y remedios "por las dudas"; en alguien sano, eso agrega riesgo en lugar de sacarlo.RopaNada de blanco ni de negro, y todo en capas. Los amaneceres en el borde del cráter, a 2300 metros, son de campera y manta; al mediodía hay 28 grados.AlojamientoLos alojamientos son de pensión completa y están aislados; no hay dónde salir a comer ni comprar. El wifi es escaso y casi nunca llega a las habitaciones. En los parques no se baja del vehículo salvo en zonas señalizadas, y no se ve una sola botella de plástico tirada.Con adultos mayoresEs un viaje absolutamente posible. Conviene avisar al operador para pedir asiento delantero, paradas más frecuentes y alojamientos sin escaleras. Los caminos de ripio son duros y las jornadas, largas. Al igual que el vuelo.