En una París socialmente estremecida desde el fin de semana por los desmanes causados por los enfrentamientos entre manifestantes y policías, el Parque de los Príncipes se presentó como una burbuja para el deleite futbolístico. Pocos partidos garantizan previamente el espectáculo. Uno de ellos es Paris Saint-Germain-Barcelona. Dos equipos con estilos similares, audaces, obsesionados por controlar la pelota, por la presión alta, por armar circuitos de juego fluidos, con cadenas de pase. Y al servicio de esas propuestas tan ambiciosas había un largo catálogo de figuras, de individualidades de primer nivel internacional. Nada podía salir mal, y así lo confirmaron 90 minutos trepidantes, en un 4-2 de colección que siempre tuvo por delante a PSG en el marcador, pero con Barcelona llegando al empate en dos oportunidades. La segunda vez, a los 34 minutos del segundo tiempo, con una estupenda definición de Lamine Yamal, a la que el bicampeón de la Champions League respondió con otra ráfaga atacante.El partido fue por la tercera fecha de la Liguilla de 36 equipos. Un choque de escasa influencia para el cómputo final de la clasificación, pero con un alto perfil futbolístico por el despliegue de ambos conjuntos. Ya al minuto de juego se contabilizaba un remate a un palo de Kvaratskhelia. De arranque quedaba en claro de qué venía la noche. Un constante ida y vuelta entre dos rivales que se resisten a ser dominados y que les impongan condiciones. Son rebeldemente valientes.En el primer cuarto de hora, João Neves le ganaba el duelo individual a Pedri, pero todas las batallas eran con resultados parciales, porque al rato Pedri tomaba la batuta y modificaba el escenario del desarrollo.Sorprendió la suplencia de Rodri. Antes del encuentro, Hansi Flick dio una explicación que luego cobraría más sentido a la luz de lo que fue la exigencia del encuentro: "Necesitamos cuidar a todos los jugadores, incluidos aquellos que han estado con la selección nacional. Rodri disputó los últimos tres partidos. Esta noche habría sido el cuarto". El volante central ingresó en la última media hora.Lo único negativo del partido fue el costo en lesionados, con un parte médico más abundante del lado de PSG. A los 20 minutos dejó la cancha Ousmane Dembélé con un dolor muscular; a los 27, Dani Olmo fue reemplazado con síntomas similares. Antes de los 15 minutos del segundo período, Luis Enrique se vio obligado a realizar otras dos variantes por razones físicas, con las salidas de Marquinhos y Kvaratskhelia, llevado en andas por dos asistentes. PSG ya no contaba con Nuno Mendes desde días previos.Barcelona llegaba a la cita con un pleno de triunfos en la temporada -nueve por la Liga de España y dos por la Champions League- y un promedio de goles superior a cuatro por encuentro. Paris Saint-Germain había empezado a defender el título en Europa con un 6-1 a Slovan Bratislava y un 4-2 de visitante a Manchester City, mientras que en la Ligue 1 encarriló un comienzo más irregular de lo habitual.Estos dos equipos entienden el fútbol desde el riesgo y el coraje. La marcha arrasadora de Barcelona traía el lunar de que en casi todos los partidos concedía goles, ocultada por su opulencia ofensiva. Siempre hacía uno o más goles que el rival de turno. Pero frente a PSG, ese déficit defensivo se puede pagar caro, y más en un partido al que llegó sin el lesionado Eric García y un lateral izquierdo (Xavi Espart) de 19 años.En un choque con un total de 40 remates (22 -15 al arco- de PSG y 18 -5- del Barça), el gol se demoró en llegar. Fue a los 38 minutos del primer tiempo, a partir de un pase de Yamal interceptado por el ubicuo João Neves, que cedió a Desiré Doué para definir con un remate desde fuera del área. A esa altura, el arquero Joan García ya tenía trabajo a destajo con varias tapadas, un par ante su excompañero hasta hace un par de meses, Ferran Torres, que había sustituido a Dembélé.En la segunda etapa, una proyección de Espart encontró una débil oposición de Safonov y Barcelona se puso 1-1. PSG también demostró poderío en el juego aéreo con el cabezazo de Lucas Hernández para conectar el córner de Doué. PSG tuvo un momento de desestabilización con dos cambios por lesión en un mismo minuto. Yamal demostró por qué es un candidato al Balón de Oro con una exquisita definición para el 2-2. Quedaban 11 minutos y el panorama parecía favorable a Barcelona, que solo lamentaba que Raphinha no haya regresado de la lesión con el registro goleador que traía. Pero además de fútbol, PSG también tiene corazón de campeón. El único resultado que lo conforma es la victoria, en cualquier circunstancia. Y la consiguió con dos goles de sus volantes, que asaltan el área rival con vocación de delanteros. Vitinha, uno de los mediocampistas más completos de la actualidad, puso el 3-2 a los 36 minutos. Le dolió el golpe a Barcelona, que volvió a abrirse ante la enésima proyección de Hakimi, asistente de la entrada de Fabián Ruiz por el segundo palo."Masacre a la parisina". El tifo de los ultras del PSG para recibir al Barça. pic.twitter.com/DDMBVEkCE2— Andrés Onrubia Ramos (@AndiOnrubia) October 20, 2026"Tengo a los mejores jugadores del mundo, no hay mejores que los míos. Veo al PSG como siempre. Este es nuestro estilo, agresivo. Con nuestros aficionados es más fácil presionar. Sentimos la energía de nuestra parcialidad. Estamos convencidos de que es el mejor camino para ganar partidos", expresó Luis Enrique, sobre un ambiente en el que antes del comienzo del encuentro se desplegó en una cabecera una inmensa bandera con la inscripción "masacre a la parisina", sobre la imagen de un hincha de PSG con una motosierra que destroza el escudo de Barcelona. En el campo, dos equipos construyeron un partidazo.El resumen de Paris Saint-Germain 4 - Barcelona 2
Una frase sobre aviones terminó siendo un principio universal de escritura y diseño.Saint-Exupéry la escribió en 1939, pero el contexto original casi nadie lo conoce.
Un cepillo de dientes de hueso pulido, botones de nácar, fragmentos de vajilla y antiguas cañerías ocultas entre los muros forman parte de las huellas conservadas en el Castillo San Carlos, en Concordia. Esos elementos ayudan a reconstruir cómo se vivía en una de las residencias más singulares de fines del siglo XIX. Pero el lugar guarda además otra historia: allí ocurrió uno de los episodios argentinos que Antoine de Saint-Exupéry transformó después en literatura.Las investigaciones arqueológicas iniciadas en 2012 permitieron reconocer objetos cotidianos, antiguos sistemas de circulación de agua y otras evidencias de cómo funcionaba la construcción. Décadas antes, en 1929, el aviador había aterrizado de emergencia en las cercanías y conocido a Suzanne y Edda Fuchs Valon, dos hermanas que vivían en el castillo y convivían con un zorro, un hurón, un mono y un enjambre de abejas.Aquella experiencia reapareció luego en sus escritos y, por las coincidencias entre algunos de esos elementos y el universo de El Principito, San Carlos fue señalado con el tiempo como una posible fuente de inspiración para la novela. Sin embargo, no existe evidencia que permita afirmar que el libro haya nacido allí ni que cada uno de sus personajes o símbolos tenga un origen directo en aquel episodio de Concordia.Las huellas que conservan las ruinas del Castillo San CarlosLa investigación arqueológica permitió identificar elementos que ayudan a reconstruir cómo funcionaba la residencia y cómo era la vida de quienes la habitaron."El trabajo de investigación arqueológica iniciado en 2012 resultó fundamental para rescatar la vida cotidiana del edificio. Permitió identificar, por ejemplo, restos de los antiguos sistemas de circulación de agua, como albañales construidos con ladrillo y cemento y ductos embutidos en los muros, algunos de los cuales todavía pueden reconocerse durante el recorrido", explica Silvina Molina, jefa del Parque San Carlos.Entre los objetos hallados en el área de las antiguas caballerizas, actualmente convertida en Centro de Interpretación, aparecen botones de nácar, fragmentos de vajilla, botellas de Bitter Secrestat, una plancha de hierro, un cairel de lámpara y un cepillo de dientes de hueso pulido."Más que hablar de 'tesoros' encontrados en el castillo, preferimos hablar de pequeñas huellas materiales de la vida cotidiana. Cada fragmento nos aporta información sobre cómo funcionaba esta residencia y sobre la época en que estuvo habitada", añade Molina.De la residencia de los Demachy al incendio de 1938La historia del edificio comenzó en 1886, cuando el industrial francés Édouard Demachy encargó la construcción de una residencia de 1200 m² en las tierras que había adquirido en Concordia para desarrollar un saladero y fábricas de conserva, velas y jabón. El proyecto se realizó a partir de planos traídos de Francia."El Castillo San Carlos fue una construcción extraordinariamente moderna para la Concordia de fines del siglo XIX, construida con materiales y elementos importados, hierros provenientes de Inglaterra, maderas de Alemania, mármol italiano, cristales y terciopelos franceses. También contaba con iluminación a gas, agua corriente, sanitarios móviles y sistemas de calefacción", explica Molina.La cocina estaba separada del edificio principal y se ubicaba a unos 260 metros, en el sector donde actualmente se encuentra el Jardín Botánico."La explicación tradicional es que Madame Demachy buscaba evitar que los olores de la cocina llegaran a la residencia. La comida era trasladada hasta la casa mediante un sistema que permitía conservarla caliente. También resulta muy llamativo el sistema de calefacción. Se describe la utilización de estufas de mármol de Carrara y materiales refractarios importados de Francia, otro indicador del nivel de sofisticación de la construcción para aquella época", señala la jefa del Parque.La familia Demachy dejó la propiedad en 1891. Durante las décadas siguientes, el inmueble atravesó distintas etapas hasta que el municipio lo adquirió en 1929 y lo alquiló a la familia Fuchs Valon.Nueve años después, en septiembre de 1938, un incendio destruyó los techos de chapa y los dinteles de madera. El deterioro continuó durante décadas de abandono y saqueos, que modificaron profundamente la estructura original."Hay algo muy interesante en este punto: hoy no quedan las 27 habitaciones completas, porque el incendio de 1938, el abandono posterior y décadas de saqueos modificaron profundamente el edificio. Sin embargo, todavía quedan suficientes huellas como para reconstruir mentalmente cómo era aquella residencia", explica Molina.La recuperación patrimonial posterior no buscó reconstruir el palacio como si permaneciera intacto, sino consolidar las estructuras sobrevivientes y conservar las huellas que permiten interpretar su historia. Ese trabajo se profundizó con las investigaciones arqueológicas iniciadas en 2012.El aterrizaje que cambió la historia de San CarlosEn 1929, un monoplano Latécoère 25 de la compañía Aéropostale sufrió una avería luego de enganchar una de sus ruedas en una vizcachera. El piloto debió aterrizar de emergencia sobre una planicie cercana.Allí fue asistido por Suzanne y Edda Fuchs Valon, que hablaban francés y vivían en el castillo junto a su familia. Las jóvenes convivían además con un zorro, un hurón, un mono y un enjambre de abejas.La experiencia apareció después en el relato "Las princesas argentinas", publicado en la revista Marianne en 1932, y más tarde en el capítulo "Oasis", de Tierra de hombres."En Tierra de hombres, en el capítulo 'Oasis', Saint-Exupéry describe a las jóvenes Fuchs Valon en una relación muy particular con la naturaleza y menciona al zorro, el mono, el hurón y las abejas. Es difícil no encontrar ciertas coincidencias con el universo de El Principito â??el zorro, las serpientes, las rosas, la naturaleza, el encuentro inesperadoâ??, aunque no podemos afirmar que cada elemento de la obra tenga un origen directo en San Carlos. Lo interesante es que Saint-Exupéry convirtió una experiencia real en materia literaria, y esa convivencia tan particular entre las jóvenes y la naturaleza fue, sin dudas, parte de la historia que se llevó consigo".La historia que también llegó a un proyecto de cineLa experiencia de Concordia volvió a aparecer años después, cuando el escritor conoció al director francés Jean Renoir en 1940, a bordo del barco Siboney rumbo a Estados Unidos."A partir de entonces comenzaron a intercambiar correspondencia y grabaciones en las que Saint-Exupéry desarrollaba el proyecto", explica Molina.En esos materiales reaparecían San Carlos y varios elementos vinculados a aquella experiencia."Aparecen las dos jóvenes del Castillo San Carlos, el paisaje rural, la casa, el campo donde había aterrizado el avión y distintos elementos de la naturaleza que habían quedado asociados a su experiencia en Entre Ríos: las hierbas silvestres, las serpientes, las iguanas y los animales del entorno".El homenaje a El PrincipitoDentro del predio se encuentra la escultura El Principito y su Asteroide, de la artista entrerriana Amanda Mayor. "Se inauguró en diciembre de 1997 a partir de la iniciativa de un grupo de chicos de cuarto grado de Paraná que, fascinados tras leer la novela, quisieron visitar el lugar que inspiró al autor. No podemos afirmar que San Carlos sea el lugar donde nació El Principito. Lo que sí podemos decir es que la experiencia de Saint-Exupéry en Concordia presenta numerosas coincidencias con elementos que posteriormente aparecen en su obra y que ha sido considerada una posible fuente de inspiración", concluye Molina.Cómo visitar el Castillo San CarlosDónde: Parque San Carlos, Av. Belgrano y Arruabarrena, Concordia, Entre Ríos. El ingreso al Parque San Carlos es libre y gratuito todos los días del año. El Área Natural Protegida tiene 70 hectáreas y comprende las ruinas del Palacio San Carlos, el Jardín Botánico "Aníbal Carnevalini" y el Monumento Histórico Nacional "Éxodo Oriental".Visita guiada al Palacio San Carlos: el sector de ruinas y Centro de Interpretación abre todos los días de 9 a 19. Las visitas guiadas se realizan diariamente, con salidas cada hora y una duración aproximada de entre 40 y 50 minutos. El recorrido aborda la arquitectura, las historias de sus habitantes y el proceso de puesta en valor patrimonial.Precio de la visita guiada: $3200.Informes: 345-422-8587, de 9 a 19.
Ganó fama mundial durante los 50 y dedicó más de siete décadas al cine, la televisión y el teatro. Leer más
En estos tiempos de famas fugaces, imposturas exhibidas con inexplicable orgullo y asuntos banales transformados a la fuerza en cuestiones de interés público, vale más que nunca sostener el recuerdo de las estrellas más genuinas como Eva Marie Saint, que ya era por mérito propio un auténtico mito de Hollywood mucho antes de la noticia de su fallecimiento, conocida hace pocas horas. Saint murió a los 102 años en su casa de Los Ángeles rodeada de familiares y seres queridos, según informó este martes su representante. Era una de las últimas sobrevivientes de una historia que a partir de ahora solo se alimentará de recuerdos y testimonios registrados en imágenes o libros de historia, con estrellas que podían contar sus experiencias junto a grandes realizadores clásicos como Alfred Hitchcock, Elia Kazan y Otto Preminger. Solo queda entre nosotros Vera Miles como exponente de la misma condición en una etapa irrepetible del cine. Saint fue la última y dignísima representante de la estirpe de aquellas grandes estrellas femeninas rubias que en un momento se adueñaron de la tradición hollywoodense en una transición clave. En su caso, lo más llamativo es que supo llegar a lo más alto en el cine a través de una carrera que comenzó en la televisión. El papel más memorable de Saint fue el de la novia de Terry Malloy (Marlon Brando), el protagonista de Nido de ratas (1954), papel por el que ganó su único Oscar como actriz de reparto de la película dirigida por Kazan. Pero también la recordaremos casi a la misma altura como Eve Kendall, la enigmática, seductora y muy inteligente pareja de Cary Grant en Intriga internacional (1959), una de las obras maestras de Hitchcock, inolvidable entre otras cosas por haber sido la película que alteró para siempre el concepto tradicional que siempre tuvimos de las rubias fatales elegidas por el Maestro del Suspenso para protagonizar sus historias. No hubo jamás en toda la filmografía de Hitchcock una rubia tan resuelta y decidida como la Eve Kendall de Saint. "Me tomé mucho trabajo con ella, transformándola y haciéndola aparecer elegante y sofisticada. Controlé hasta el último pelo de su cabeza", llegó a confesar el propio Hitchcock sobre su experiencia con la actriz, que siempre salió airosa de cualquier comentario insidioso que circuló a lo largo de los años sobre los vínculos entre el realizador y sus estrellas, en especial las rubias. Saint siempre ejerció en pantalla una presencia magnética y llena de sensibilidad que contrastó con la aparente fragilidad que su apariencia física sugería. El gran personaje que completó la trilogía de sus mejores apariciones en el cine, el de Katty Fremont, la enfermera estadounidense que se une a la lucha por la conformación del Estado de Israel en Éxodo (1960), de Otto Preminger. Allí muestra valor, sensibilidad y una poderosa veta romántica junto al personaje encarnado por Paul Newman. Saint nació en Newark (Nueva Jersey) el 4 de julio de 1924. Llegó a la actuación casi por azar durante sus estudios universitarios en Ohio, lugar al que llegó con la intención de formarse como maestra. Fue una precoz actriz de radionovelas, trabajó fugazmente como modelo y completó su formación en el Actors Studio antes de empezar formalmente en los primeros tiempos de la televisión estadounidense una carrera que a partir de ese momento nunca se detuvo. Gracias a su presencia en la primera adaptación teatral de un drama televisivo (The Trip To Bountiful, de Horton Foote), Elia Kazan la eligió para ser la protagonista femenina de Nido de ratas. Después de ese trío consagratorio de películas que filmó con Kazan, Hitchcock y Preminger, Saint se consolidó como una reconocida y prestigiosa actriz de reparto, a pesar de que muchas de sus apariciones no alcanzaron la trascendencia que su talento merecía. A cada cual su propio infierno (1962, junto a Warren Beatty), 36 horas de suspenso (1964), Almas en conflicto (1965), ¡Ahí vienen los rusos! (1966), Grand Prix (1967) y El amor es así (1970) fueron muestras acabadas de ductilidad y destreza artística en un abanico de géneros, del drama romántico a la comedia y el gran entretenimiento. Se movió desde allí con mucha comodidad entre el cine, Broadway y la televisión. En el regreso a su medio originario se destacó sobre todo personificando a la madre de Cybill Shepherd en la formidable serie Moonlighting. Y también se hizo conocer entre generaciones más jóvenes gracias a algunos títulos de su etapa de madurez: Nada en común (1986, junto a Tom Hanks), Pasión por Africa (2000) y sobre todo Superman regresa (2006), donde personificó a Martha Kent. Se despidió del cine en 2014 con un papel secundario en Un cuento de invierno, de Akiva Goldsman. Cuatro años después, se sumó a las celebraciones por los 90 años del Oscar entregando esa noche el premio al mejor vestuario, adjudicado a El hilo fantasma. Tenía en ese momento 93 años y fue recibida con una de las más grandes ovaciones de toda la noche. Allí recordó que ese mismo año había fallecido el productor y director Jeffrey Hayden, el hombre con el que estuvo casada 65 años. "Veníamos a la fiesta de la Academia de Hollywood todos los años, lo extraño mucho y este momento compensó tanta tristeza. Pero acabo de darme cuenta de algo. Soy mayor que la Academia. Cuatro meses más, tal vez cinco. Estoy muy orgullosa de eso". La próxima ceremonia del Oscar seguramente tendrá un lugar reservado para recordarla. Sobre todo porque fue protagonista de otro momento inolvidable de la historia del premio máximo de la industria de Hollywood. Cuando Frank Sinatra anunció que había ganado como la mejor actriz de reparto de 1955 (la única estatuilla de toda su carrera) gracias a Nido de ratas, subió al escenario entre aplausos luciendo un muy avanzado embarazo. "Podría dar a luz en este mismo momento", señaló al recibir el Oscar. Dos días después nació Darrell, el primero de sus dos hijos.
La legendaria intérprete, reconocida con la estatuilla dorada, partió a los 102 años en su residencia en California, rodeada de afectos.Recordada por su papel en "Nido de ratas", dejó huella en la época dorada del cine, trabajando junto a icónicas figuras del séptimo arte.