Para Fabián Elía, el movimiento no era una simple rutina: era su idioma y su manera de habitar el mundo. Durante casi dos décadas el rugby forjó su carácter en la cancha, y con los años esa misma pasión se transformó en kilómetros de maratones y desafíos de aventura. Correr por senderos abiertos y descubrir paisajes nuevos le daba una vitalidad inquebrantable, siempre impulsado por esa búsqueda constante de superarse a cielo abierto.Vivía con la tranquilidad de quien hace todo bien. Activo, independiente y con una disciplina rigurosa, cuidaba su cuerpo con la precisión de un atleta: chequeos cardiológicos al día, análisis médicos constantes y hábitos saludables que avalaban cada línea de largada. Nada en su organismo encendía alarmas ni insinuaba fragilidad.En vísperas de aquella jornada en Ramallo, Fabián se sentía pleno, fuerte y en total sintonía con sus objetivos. La posibilidad de un golpe repentino, de esos que quiebran la certeza en un instante, simplemente no tenía lugar en su horizonte.Desconcierto absolutoLa mañana avanzaba bajo un calor sofocante, pero para Fabián la carrera iba sobre ruedas. Habiendo largado a las siete, su ritmo era parejo, los tiempos se cumplían según lo planeado y su organismo, siempre habituado a la exigencia, respondía con total solvencia. No había cansancio extremo ni señales de alarma; solo el disfrute y la satisfacción de quien domina el terreno y el esfuerzo.Sin embargo, en cuestión de segundos, la certeza dio paso al desconcierto más absoluto cuando su cuerpo dejó de obedecerle. Empezó a trastabillar sin explicación y terminó desplomándose en la tierra. Mientras varios corredores y asistentes se acercaban a socorrerlo mojándolo y ofreciéndole agua creyendo que se trataba de un golpe de calor, la escena se volvía irreal: él sabía que estaba bien hidratado, pero sus piernas ya no encontraban el punto de apoyo."Nunca perdí la conciencia, veía todo lo que pasaba a mi alrededor, pero mi mente no lograba descifrar por qué el cuerpo se me apagaba así. No entendía nada. Sentía una impotencia enorme porque venía impecable físicamente y jamás tuve un aviso previo. Me acuerdo del momento en que llegó la ambulancia; a partir de ahí, la memoria empezó a nublarse en un vacío de recuerdos, marcando el fin de la carrera y el comienzo de algo totalmente desconocido"."Para mí era chino básico"El traslado al hospital de San Nicolás transformó la pista de carreras en una guardia médica donde el diagnóstico cayó sin anestesia: había sufrido un ACV. Para un hombre habituado a la plenitud física y a los controles preventivos impecables, el término sonaba a idioma ajeno. La gravedad de la situación flotaba entre los médicos y su entorno, pero en medio del estupor inicial, su cabeza todavía intentaba asimilar el tamaño del quiebre."Para mí era chino básico, no tenía dimensión de lo que implicaba porque jamás me había tocado enfrentar algo así. Lo único certero era que todo mi lado izquierdo no respondía: el brazo estaba inmóvil y las piernas no me sostenían. Podía escuchar y entender lo que pasaba, pero mis hijas me iban soltando los detalles de a poco, cuidándome, con ese miedo lógico a cómo podía impactarme semejante golpe".La internación en el Centro Hirsch marcó el punto de inflexión. Atrás quedaba la perplejidad del asfalto para abrirle paso a un trabajo interdisciplinario diario, donde kinesiólogos, terapeutas y médicos se convirtieron en su nuevo equipo, devolviéndole en cada sesión la motivación para no rendirse. "Cuando llegué a ese lugar entendí que mi mayor maratón no era contra el reloj ni por una medalla, sino por recuperar mi vida."¿Quién sos para que no te toque?"La verdadera dimensión del golpe no se medía en los pasillos concurridos ni en la rutina diurna llena de terapeutas y visitas, sino cuando se hacía de noche. A las ocho, cuando las luces se apagaban y el silencio ganaba la habitación de la clínica, Fabián quedaba a solas frente al espejo de su propia vulnerabilidad. "Durante el día estás contenido, pero de noche te encontrás solo con tus pensamientos. Al principio me castigaba preguntándome: '¿Qué hago acá? ¿Por qué a mí?', hasta que una noche apareció otra pregunta que me sacudió la cabeza: '¿Y por qué a vos no? ¿Quién sos para que no te toque?'. Fue un quiebre absoluto. Entendí que tenía dos caminos: quedarme en la cama lamentando lo perdido o empezar a pelear con la disciplina y el esfuerzo que me había enseñado el deporte. Tuve miedo y angustia, claro, pero elegí ir para adelante; me juré que no me iba a quedar".Durante la internación Fabián tuvo que desarmar la certeza de los movimientos automáticos y volver a empezar desde cero, como un niño que descubre el equilibrio por primera vez. Cada gesto mínimo que antes pasaba inadvertido â??incorporarse en la cama, sostener el peso del cuerpo o intentar mover una piernaâ?? se transformó en una conquista monumental.¿Cuáles fueron las secuelas más severas?Fabián ingresó con una hemiplejía izquierda completa que le paralizaba el rostro, el brazo y la pierna, acompañada de dificultades para hablar, deglutir y una absoluta dependencia para las tareas cotidianas. En el plano anímico, la angustia era profunda y su estado emocional reflejaba el desconcierto de quien ve su vida pausada de golpe."En ese primer abordaje interdisciplinario tuvimos que actuar rápido en frentes muy concretos: cuidar los aspectos posturales del brazo para evitar que la mano se cerrara y el hombro cayera, adaptar la consistencia de sus alimentos para que comiera seguro y brindarle un sostén cercano desde salud mental", explica el Dr. Julián Ezequiel Inacio Settembrini, médico fisiatra especialista en Medicina Física y Rehabilitación. A lo largo de cinco meses de internación, el equipo estructuró un plan diario intensivo y coordinado. Fonoaudiología trabajó en la articulación de la voz, la deglución y el foco atencional; Terapia Ocupacional se abocó al posicionamiento en cama y silla de ruedas, el uso de órtesis y el despertar del brazo afectado; mientras que Kinesiología fortaleció el hemicuerpo derecho y reentrenó la postura de pie y los primeros pasos con ayudas técnicas, encendiendo de a poco la confianza de volver a andar."Fabián fue un paciente con un optimismo altísimo"El esfuerzo diario empezó a dar sus frutos más visibles al segundo mes, cuando Fabián logró ponerse de pie para realizar transferencias básicas: pasar de la cama a la silla de ruedas y de allí al inodoro, conquistas fundamentales que marcaron el despertar de su independencia. Con ese terreno ganado, al ingresar al tercer mes llegó el momento clave del tratamiento: dar inicio a la rehabilitación de la marcha propiamente dicha, volviendo a poner el cuerpo en movimiento hacia adelante."Fabián fue un paciente con un optimismo altísimo. Su pasado como deportista fue determinante: cada ejercicio y cada meta representaban para él un desafío de superación personal, no una carga. Tuvo siempre una predisposición admirable, una adhesión absoluta a las terapias y una constancia inquebrantable, incluso en los días difíciles, enfocado únicamente en volver a ser autónomo", dice Settembrini.Se aferró al amor incondicional de sus hijasEl pilar sobre el que Fabián apoyó su recuperación llevó el nombre de sus dos hijas, de 29 y 31 años. Ellas tomaron las riendas desde el minuto cero: buscaron el centro de rehabilitación, gestionaron cada decisión clínica y permanecieron firmes al pie del cañón, transformando la angustia inicial en un escudo de contención incondicional que le devolvió las ganas de pelear por volver a casa.Esa entrega implicó para él una deconstrucción profunda y silenciosa. Acostumbrado a liderar equipos en su trabajo y a ser el padre resolutivo que acudía de inmediato ante cualquier necesidad doméstica, debió asimilar de golpe la fragilidad absoluta. La vida invirtió los roles de un día para el otro, obligándolo a deponer el mandato de la autosuficiencia para entregarse, con humildad y gratitud, al cuidado amoroso de quienes antes dependían de él."Pasar de ser el papá que resolvía todo a que mis hijas me organicen los remedios y me lleven al médico fue un golpe durísimo a mi orgullo, pero también la lección más hermosa de amor. Lloré muchas noches en soledad y me pregunté mil cosas, pero decidí no anclarme en el dolor. Motivos para bajar los brazos sobran siempre; lo verdaderamente valioso fue encontrar, en la mirada de ellas y en las ganas de volver a mi hogar, una razón diaria para seguir dándolo todo"."Cuando Fabián llegó conmigo a la modalidad ambulatoria en la sede Belgrano, fruto de su internación él ya se ponía de pie y daba sus primeros pasos. Con nosotros lo que hizo fue afinar lo que tenía, darle continuidad y adquirir mayor confianza en esa primera caminata, usando menos la silla de ruedas y logrando independencia. En los primeros meses tras un daño cerebral se juegan los mayores logros; pudimos afianzar cada avance hasta alcanzar una meseta de estabilidad y mantenimiento donde cada paso ya era una conquista propia", destaca la Dra. Amparo Libreros Rangel, médica fisiatra especialista en Medicina Física y Rehabilitación.Nuevos desafíosLejos de los grandes hitos médicos, la verdadera independencia de Fabián se edifica en los detalles mínimos de su hogar. Cada mañana comienza con un desafío silencioso que para él representa una victoria colosal: levantarse e ir al baño por sus propios medios. A ese logro inicial le siguen rituales cargados de sentido, como cebarse sus propios mates, asomarse al balcón a contemplar el día, coordinar las viandas o sentarse a estudiar junto a su hija menor, que cursa Abogacía, un hábito compartido que mantiene su mente despierta y en constante ejercicio.Frente a los pisos blancos de su departamento, donde no tolera una sola marca, se equipó con una aspiradora para limpiar despacio, tramo a tramo, combinando las tareas domésticas con el uso de barras de apoyo para ponerse de pie y trabajar el equilibrio. Complementando la labor de los dos kinesiólogos que lo asisten en su casa, cada rincón higienizado y cada movimiento autogestionado le devuelven la certeza tangible de que vuelve a tener las riendas de su propia vida.Si pusieras frente a frente al Fabián que largó esa carrera en Ramallo con el de hoy, ¿en qué cambió tu manera de entender la fortaleza física y mental?Yo siempre amé la vida, pero antes había muchas cosas que daba por sentadas. Levantarme, caminar, correr, trabajar, hacer deporte. Todo me parecía natural. Hoy aprendí que nada de eso es tan sencillo como uno cree. Antes podía correr kilómetros y kilómetros y siempre estaba pensando en el próximo desafío. Hoy mi desafío puede ser levantarme solo, caminar unos pasos o ir al baño sin ayuda.¿Cuál es la mayor lección que este episodio te obligó a aprender?Aprendí la importancia de la paciencia y de la disciplina. La disciplina siempre estuvo presente en mi vida por el deporte, pero ahora tiene un sentido diferente. Es levantarte todos los días y hacer los ejercicios, aunque estés cansado o, aunque los resultados no lleguen tan rápido como quisieras. Y, sobre todo, que no hay que compararse permanentemente con quien uno era antes. Esa vida ya pasó. Hay que valorar lo vivido, pero entender que hoy estamos escribiendo una página nueva.
Al acostumbrarnos a ver a reconocidas figuras de Hollywood rodeadas de cámaras, estrictas agendas y la fría distancia de la industria, a veces olvidamos que detrás de la fama hay personas capaces de conectar profundamente con el otro; y esto fue exactamente lo que demostró Kate Winslet en un conmovedor video que se volvió viral en las redes sociales.La secuencia ocurrió en 2023, cuando la protagonista de Titanic realizaba la rueda de prensa para la cadena alemana ZDF, para promocionar su esperada participación en Avatar: The Way of Water. Durante la charla, la estrella no dudó en rememorar cómo fue reencontrarse bajo las órdenes de James Cameron, el visionario director con quien ya había hecho historia décadas atrás. "Nos hemos mantenido siempre en contacto a lo largo de los años. Es muy bueno con los regalos de Navidad y cumpleaños. Siempre recuerda las fechas", bromeó en ese entonces.Sin embargo, el momento más memorable de la jornada lo protagonizó Martha, la joven reportera del segmento infantil que se enfrentaba a su debut frente a las cámaras. Al notar el evidente nerviosismo de la cronista, quien le reveló con timidez que era su primera vez entrevistando, Winslet frenó por completo la dinámica habitual y le regaló una lección imborrable de contención. "Cuando hagamos esta entrevista, será la entrevista más increíble jamás vista. ¿Y sabes por qué? Porque hemos decidido que así será. Lo hemos decidido ahora mismo, tú y yo. Esta será una entrevista realmente fantástica", le expresó la actriz con una cálida sonrisa. Lejos de mantener la distancia protocolar de los estudios, continuó guiándola para dejar a un lado cualquier rastro de miedo: "Y puedes preguntarme lo que quieras, y no tienes que estar asustada, todo va a estar increíble. ¿Okay? Lo tienes. Está bien, ¡hagámoslo!".Emocionada por la experiencia y la cercanía de la actriz, la joven no dudó en pedirle una foto para el recuerdo. El clip acumuló millones de reproducciones y recibió cientos de comentarios de fanáticos que remarcaron el gesto de Winslet. "Es tan fácil ser amable y empático. Es una pequeña decisión, una palabra, un gesto, una sonrisa: y se produce la magia que cambia una vidaâ?¦ y esa vida cambiará otra en la siguiente conversación y así sucesivamente"; "Por eso fue que Jack la salvó" y "Porque hemos decidido que así será. Wow", fueron solo algunos.Pero esta no es la única vez que la actriz británica protagoniza un gesto de genuina cercanía. En 2012, durante una rueda de prensa para el reestreno de Titanic en 3D, un periodista le comentó de forma respetuosa que la veía no solo más joven, sino mejor y más radiante que 15 años atrás. Lejos de emitir una respuesta formal o fría, Kate se alegró, se levantó de su asiento y fue a darle un gran abrazo. El día que Kate Winslet abrazó a un periodista"¿Te puedo decir que te amo?", le exclamó efusiva. Ante la sorpresa, el periodista le preguntó por qué, a lo que ella le respondió con total sinceridad: "Porque hasta ahora, todo el mundo ha dicho: 'Bueno, ¡Leo luce completamente diferente, pero tú luces exactamente igual!'. Y yo pienso: ¡No, no, no!".
La frase pertenece a una de las canciones más famosas de Carey.Su mensaje central es que, incluso en los momentos de mayor fragilidad, puede existir una reserva interior de fuerza.
La modelo desfiló por la alfombra roja del Academy Museum con un diseño a medida en blanco y negro, decorado con lunares y moños a la cadera
Hay historias que logran trascender las fronteras y emocionar a miles de personas por la sensibilidad que transmiten. En esta oportunidad, una escena ocurrida en España se volvió viral en las redes sociales y conmovió a los usuarios por un gesto de solidaridad y humanidad. La protagonista fue una mujer que atravesaba una situación delicada de salud y que, gracias a la colaboración de un equipo médico, pudo cumplir un deseo muy especial: volver a contemplar el mar por última vez.Se trata de Silvia, una paciente que tuvo la oportunidad de regresar a la playa gracias a la intervención de los profesionales del SAMU 061 de las Islas Baleares. La iniciativa forma parte de una propuesta del servicio de salud destinada a cumplir los deseos de pacientes que se encuentran en la etapa final de sus vidas.El momento quedó registrado en un video que posteriormente fue compartido por el Servei de Salut de Baleares a través de sus redes sociales. En las imágenes se observa cómo el personal sanitario organizó un operativo especial para trasladar a la mujer hasta la costa y permitirle disfrutar de una experiencia que tenía un enorme significado para ella.El emotivo momento en el que una mujer cumplió su deseo de volver a ver el marPara concretar el traslado, los profesionales utilizaron una camilla y brindaron la asistencia necesaria para que Silvia pudiera llegar hasta la orilla de manera segura. Una vez allí, la mujer disfrutó del paisaje y recorrió parte de la costa acompañada por sus allegados.La escena estuvo marcada por la emoción de quienes participaron de la iniciativa. Los profesionales que hicieron posible el encuentro también contemplaron el momento. "El deseo de Silvia era volver a ver el mar y se ha hecho realidad", expresaron desde el servicio de salud en la publicación que acompañó al video.Una vez finalizada la visita, Silvia recibió nuevamente la asistencia del personal sanitario para regresar a la ambulancia y continuar con su traslado.La publicación también incluyó un mensaje de agradecimiento para todas las personas que colaboraron con la iniciativa. "Una historia que nos recuerda que cuidar también es escuchar, acompañar y ayudar a hacer posibles los deseos de las personas", escribieron.
La excandidata presidencial aseguró que "los encapuchados" les hacen "mucho daño" a los países, en línea con los mensajes emitidos por el presidente Abelardo de la Espriella sobre las protestas
El actor, que tenía 18 años cuando rodó el filme, reconoció que tardó una década en volver a tener una buena experiencia en un set
En el podcast Seen on the Screen, la actriz de 49 años habló sobre el desafío de interpretar dos facetas de la maternidad y las referentes femeninas que marcaron su vínculo con el cine desde la infancia
La defensa del tapatío a la cinta de Alejandro González Iñárritu continúa
A 52 años de su revolucionaria llegada a los escenarios, la emblemática obra de Carlos Mathus se presenta en el Teatro Empire con dirección general de Yamila Gallione. En diálogo con Vivo Perfil, la directora repasa el fenómeno de permanencia, la vigencia de sus textos y el profundo significado detrás de los clásicos desnudos que marcaron la historia del teatro argentino. Leer más
Los monarcas han comenzado su visita en Helsinki con un encuentro con españoles residentes en Finlandia
Enrique Llamas de Madariaga conserva el timbre tan característico de su voz. Ese decir con el que acompañó a generaciones de argentinos, a través del cual ha insuflado información desde el lenguaje radial o frente a las cámaras de la televisión. Fue y es un obstinado de la palabra. "El periodista nunca se retira", afirma desde el vamos, aun cuando, desde hace varios años, se encuentra alejado del ajetreo cotidiano de la actualidad más cruda y urgente. "Nunca quise, por respeto a mi oficio, hablar de la pobreza, de las trágicas inundaciones o de la corrupción en los gobiernos y luego decir 'el mejor jabón esâ?¦'". En las líneas finales de su autobiografía, titulada Serás periodista, dejó sentadas algunas bases. Sus bases. Un vademécum que hoy hasta resuena exótico. Un nuevo comienzoEn 2009, ante ciertas desavenencias profesionales y luego de varios hechos que pusieron en riesgo su integridad física y la de su pareja -la periodista Denise Pessana-, decidió radicarse en la ciudad uruguaya de Punta del Este: "Fue un tiempo donde me decían que los avisos para mis programas estaban prohibidos". En esa época, mientras conducía su vehículo por la autopista Panamericana, un disparo le destrozó el parabrisas. Poco después, delincuentes desvalijaron la casa que habitaba con su mujer en la localidad de Olivos, "a metros de la quinta presidencial". -Cuando aconteció el robo en su domicilio, ¿se encontraba en su casa?-Estábamos con Denise (Pessana) a punto de salir, fue impactante ver entrar a esos desconocidos. Los delincuentes amenazaron a la periodista con un cuchillo y la condujeron por toda la casa en busca de algún tipo de botín, mientras que a Llamas de Madariaga lo apuntaron con un arma: "Cuando fueron en busca de mi computadora les consulté si no querían que los ayudara". En la puerta aguardaba el vehículo con el que los delincuentes escaparían. Cuando los miembros de la patrulla llegaron para esclarecer el caso, el periodista le indicó al jefe del operativo: "oficial, en esa camioneta se va toda mi casa".-¿Qué le respondió?-Que primero tenía que labrar un acta, mientras le seguía señalando la camioneta de los delincuentes. En un momento le dije: "oficial, usted está en la joda". -¿Entonces?-Denise (Pessana) me preguntó: "¿qué estamos haciendo acá?". Tomaron la decisión sin titubeos. Cruzar el Río de la Plata implicaba desarraigos familiares, pero también la certeza de una vida más pausada y menos expuesta.-¿Atribuye lo que le sucedió a su mirada crítica sobre la realidad del país?-No lo puedo afirmar, pero fue una enorme casualidad.-De estar en actividad en la Argentina, ¿qué trato considera que le hubiese dispensado el presidente Javier Milei o el exvocero Manuel Adorni?-(Manuel) Adorni es un personaje inferior, de segunda y (Javier) Milei, si no decís lo que él quiere que uno diga, te puede tratar con la guaranguería más grande del mundo, mezcla la guaranguería con lo payasesco, es muy difícil tratar con un tipo que no tiene límites.DueloHace un mes, Llamas de Madariaga formó parte de una de las habituales cenas sociales que recrean sus noches en Punta del Este. Uno de los comensales recurrentes con los que compartía esas comidas era Oscar González Oro, el popular comunicador, también radicado en Uruguay, quien falleció el viernes 25 de septiembre pasado: "Se dejó caer". Desde hacía varias semanas, González Oro había dejado de participar de los convites. -¿Se frecuentaban?-Nos veíamos todos los jueves en una comida, junto a dos veterinarios muy queridos y Jorge Rodríguez, quien fuera jefe de Gabinete de la Argentina. -¿Cómo eran esos encuentros?-Teníamos unas discusiones muy lindas. El "Negro" me decía: "Cuando lo vuelvas a ver a Jorge Luis Borges preguntale si me dedicó a mí eso de 'he cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer, no he sido feliz'". -Toda una reflexión.-Íntimamente no se sentía feliz, aunque le gustaba discutir, charlar y reírse.-¿Cómo recuerda la conversaciones con González Oro?-Había momentos donde nos poníamos muy serios y yo le decía: "'Negro', cada vez nos están pegando más cerca los balazos". Alguna vez, me confesó que se había quedado pensando en esa frase y que sentía que se le estaban yendo las ganas de vivir. Me decía: "Estoy solo, soy un saldo y no quiero serlo; o tengo una vida plena o no la tengo". -¿Se lo percibía abatido?-Se dejó estar, no deseaba comer ni salir, no se quería mover de su cama. No presentía su muerte, pero, tal vez, la buscaba, porque buscaba la paz. Líderes-Alguna vez, Juan Domingo Perón, en ejercicio de la presidencia, le comentó: "me visitan todos, menos los argentinos".-Me lo dijo porque le pregunté: "general, ¿quiénes vienen a verlo?" y me respondió elocuentemente: "acá llegan comunistas, trotskistas, gremialistas, radicales, peronistas. Enrique, ¿sabe quiénes no vienen?, los argentinos. Cada uno que me visita viene a buscar agua para su molino". Era consciente de que se le acercaban por interés. -¿Cómo era Juan Domingo Perón?-Le tenía cero simpatía, pero hablando era un fenómeno, aunque, a veces, mentía como loco.-En alguna declaración pública, usted sostuvo que los presidentes uruguayos suelen ser más cultos que los de nuestro país. ¿Por qué?-Porque es así, son distintos. Aún recuerdo cuando fuimos con Denise (Pessana) a un casamiento y, en la misma mesa, estaban sentados (Julio María) Sanguinetti, (Luis) Lacalle Pou, (Jorge) Batlle y (Pepe) Mugica, se hacían bromas, charlaban civilizadamente. Es más, suelen dar conferencias juntos. Lacalle (h) anda en moto por todos lados y su padre (Luis Alberto Lacalle) va al supermercado y hace la cola de la caja como cualquier vecino. -Una dinámica muy alejada a la de los dirigentes argentinos. -Una escena así es imposible en la Argentina. Mordazas-¿Qué pasó con su carrera y con su vida personal a partir del Golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y la irrupción de la dictadura militar?-Estuve varios días en terapia intensiva. -¿A qué se debió?-Me dieron una gran paliza, me rompieron dos costillas. En el sanatorio en el que me atendí se portaron muy bien. Un médico me dijo: "Enrique, estás acá por un accidente de auto terrible y no te acordás cómo fue, porque, de lo contrario, caerá la policía de investigaciones". -¿Qué le sucedió puntualmente?-Con los años descubrí que se trató de un atentado de la Fuerza Aérea. Me dieron una paliza tremenda. -¿Cómo fue?-El 1° de mayo de 1976, casi medianoche, estaba escribiendo para la séptima edición de La Razón, cuando ingresaron varios agentes que se identificaron como integrantes de la Policía Federal. Les pregunté dónde tenía que presentarme al día siguiente, pero me dijeron que me iban a llevar en ese mismo momento. Es más, me pusieron una capucha que aún conservo. -¿A dónde lo condujeron?-A un campo de deportes de la Fuerza Aérea cercano a la Panamericana. Pasó algo curioso, una vez que terminaron de destruirme me dijeron: "señor, póngase los zapatos, esto es todo". Después me mandaron a un tipo que me indicó: "vos de política no hablás nunca más".-¿Qué tipo de actividad periodística desarrollaba en ese momento?-Escribía para France Press y United Press, donde contaba qué estaba sucediendo en el país, explicaba, por ejemplo, que el poder se había repartido entre las tres Fuerzas Armadas. Cuando me estaba recuperando de la paliza, ya dado de alta, me visitó en mi casa un capitán de navío, quien me dijo: "no hay que dividir a las Fuerzas Armadas, dedíquese a otra cosa, no hable, olvídese". En ese entonces, decidió abandonar el país y recorrer destacados destinos internacionales: "Me pasé siete años viajando por el mundo para VideoShow con la llamada 'máquina de mirar'". El aparato no era otra cosa que una cámara portátil de televisión, una vanguardia para la época. Aquel programa estaba a cargo del recordado animador y periodista Cacho Fontana.-¿Existía competencia entre ustedes?-No, para nada, pero recuerdo que él era muy cabezadura, aunque tenía una gran intuición periodística. -Entonces, su destino forzoso fue el mundo. -Todos se lamentaban porque no podía regresar al país ni mencionar la palabra "Argentina", solo hablaba de cuestiones referidas a los países que visitaba. Me podía pasar seis meses viviendo en París. -¿Le acarreó algún costo personal?-Extrañaba mucho a mis hijos. Volvía a Buenos Aires y, en la cena con los chicos, comenzaba a contarles dónde había estado y ellos, como si nada, se dirigían a la madre para organizar sus salidas con los amigos. Un día le dije a mi mujer: "no me dan pelota" y ella me respondió: "es lógico, si no te ven nunca". -Alguna vez, ¿experimentó la sensación de miedo?-Siempre fue más importante lo que tenía que hacer. El miedo, a veces, puede hacer que te niegues a hacer tal o cual cosa. -¿Qué no hizo por miedo?-Nada.Palabras mayores-Estuvo con la Madre Teresa, ¿Cómo fueron esos encuentros?-Me encontré con ella en dos oportunidades. Primero fue en la Argentina, más precisamente en la localidad de Tigre, y la segunda vez la vi en India, en la ciudad de Bombay. Era una mujer dulce, carismática, de una ternura inusitada. Nunca levantaba la voz. Cuando hablabas o caminabas junto a ella, te agarraba del brazo. -¿Recuerda alguna reflexión puntual?-Tenía una gran aversión por el aborto. Cada tanto decía: "voy a ir a Naciones Unidas y repetir que el aborto es algo criminal". El comunicador también reconoce algunas frustraciones en torno al ejercicio de su oficio: "Nunca pude entrevistar a Mandela, estuve cerca suyo, pero se me escapó varias veces". -¿Qué le sucedió con Jorge Luis Borges?-En televisión, más de una vez, se refirió hacia mí como "mi amigo", algo que me emocionó mucho. Estando con él en Egipto, recuerdo que le dije: "justo que usted ya casi no tiene vista, se pierde a las pirámides".¿Qué le respondió?-Me dio una lección cuando me dijo: "me senté en el borde de una pirámide, tomé un puñado de arena y lo dejé caer despacito, así advertí cómo transcurría la historia". No pude más que decirle: "usted ve más que yo".-¿El Papa Juan Pablo ll le reconoció que no siempre hay que decir la verdad?-Nos dio una entrevista a Félix Laiño y a mí, aunque, previamente, el Nuncio Apostólico nos había dicho que no podíamos preguntarle nada, solo una reflexión, porque "el enviado de Dios no da reportajes". Finalmente, una vez que nos encontramos con él, le pude preguntar: "Santo Padre, ¿siempre hay que decir la verdad?", a lo cual me respondió "no en todo momento, no a cualquier persona y no en cualquier situación". Cuando nos fuimos, le dije a Félix Laiño: "no nos contestó nada y nos contestó todo" y Laiño me retrucó: "¿te pensás que a Papa se llega por pelot...?". IniciosA pesar que su inclinación era la abogacía, Salvador de Madariaga, su tío, le sentenció "serás periodista". No solo cumplió con el dictamen, sino que así tituló su autobiografía: "Siempre me interesó estar cerca de la gente, observar qué le ocurre". Resultaría dificultoso resumir en pocas líneas su trayectoria. Llamas de Madariaga es de los profesionales que se ha destacado por sus inicios en la gráfica -la gran escuela-, pero logró masividad pública al frente de ciclos en radio y televisión. Fue parte de las emisoras Rivadavia, El Mundo y Splendid, entre otras. Ante las cámaras, además de su rol en VideoShow, se lo recuerda al frente de su propio espacio El mundo en Llamas y como conductor, durante años, del noticiero de América TV, donde conoció y compartió la conducción con Denise Pessana.-¿Cómo recuerda sus comienzos?-A los 21 años me convertí en el secretario de redacción más joven que tuvo el diario Clarín. En realidad, estaba destinado en La Rural, donde hacía el reporte diario, pero, cuando se produjo una vacante en Casa de Gobierno, me enviaron a cubrir ese puesto hasta tanto no se encontrara al profesional definitivo. -¿Cuánto duró esa "suplencia"?-Once años. -Fue testigo privilegiado de los laberintos del poder. -Conocí a algunos personajes a los que se los cree insignificantes, pero que han sido maravillosos para el país, como José María Guido, quien decía: "soy San Pablo, estoy aquí para recibir las bofetadas, porque estoy salvando algo mayor". En cambio, (Arturo) Frondizi era pomposo, te enseñaba y explicaba todo, en algunos aspectos fue un gran presidente, pero también un gran macaneador.-¿Por qué?-Cuando estaba acorralado, respondía: "¿qué quieren que haga? Me lo pidió mi amigo (John F.) Kennedy". Nadie podía comprobar eso. También estaban los presidentes que se aburrían. -Difícil aburrirse en Balcarce 50. -Creo que (Roberto Marcelo) Levingston se aburría, no tenía vocación.-Enrique, ¿tiene discípulos?-Podría mencionar a Marcelo Longobardi y a la periodista y productora Amelia Troisi.Suelos-¿Dónde se crio?-Nací en Buenos Aires y, al poco tiempo, nos trasladamos a Formosa, porque papá tenía un campo en esa provincia. Allí se quedó la familia hasta mis trece años, fue cuando mi papá enfermó y el doctor Enrique Finochietto le dijo: "a lo sumo te queda un año de vida". Como era español, arregló todos sus papeles y decidió irse a morir a su país. Finalmente, regresó a la Argentina poco antes de fallecer. Su padre formalizó tres matrimonios, siendo el periodista el fruto de la última relación. -Enrique, ¿siguió la escuela afectiva de su padre?-Tuve dos grandes parejas en toda mi vida. Con mi primera mujer, Marta, me casé; pero con Denisse (Pessana) estamos juntos hace treinta años, lo que se llama en Uruguay "unión de hecho". -¿Cuántos años duró el matrimonio con su primera mujer?-Treinta años, soy un hombre metódico. Siempre digo que mi tercer matrimonio también tendrá que ser de treinta años. Con su primera esposa tuvo cuatro descendientes: "Además, tengo dos hijos del corazón". FuturoEl calendario de Llamas de Madariaga marca 87 años. Elegante, activo. Solo un bastón que utiliza "por precaución" lo aleja de la estampa que difundió durante décadas por televisión: "No siento el paso del tiempo desde lo psíquico, aunque aparecen los achaques físicos". -¿Cómo se proyecta la vida a su edad?-En una época tuve algo parecido a una depresión, quería el descanso eterno. Me decía "basta, basta, basta". Ahora, en cambio, me propongo llegar a los 90 años y volver a fumar. -¿Volver a fumar?-Es una cábala, porque a los 80 dije lo mismo y no volví a dar ni una sola pitada.-Con Denise Pessana, quien tiene treinta años menos que usted, conformó una pareja televisiva recordada. ¿Cómo ha sido el tránsito para pasar del espacio laboral y público a compartir la vida personal?-Le dije "cuando quieras podés cambiarme por uno más joven". Tenía 55 años cuando encontré a una muchachita de 25 años que me enamoró.-¿Qué dolor lo acompaña?-Sigo extrañando a mis padres, pienso que, cuando me vaya, me voy a encontrar con ellos. Mi mamá era un encanto, cuando yo estaba mal, me tocaba el piano. No la puedo olvidar. -Finalmente, pienso en aquello que le dijo el papa Juan Pablo ll y no me queda más que pensar si usted, en esta entrevista, me ha dicho o no la verdad. -Siempre he tratado de decir la verdad y estoy seguro de algo, jamás desfiguré las cosas.
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Las palabras del célebre emperador estoico han sido mencionadas por el creador de Microsoft al hablar de su exitosa carrera en Silicon Valley.