Nunca se había reconocido como alguien que sintiera una especial atracción por los perros o los gatos. Ni siquiera en tiempos de "gathijos" y "perrhijos" y de ciudades enteras donde los cachorros humanos son minoría. Pero, una mañana destemplada, un animal con aspecto fantasmagórico, con el cuerpo marcado por un mapa de cicatrices y una delgadez que delataba un pasado de abandono, irrumpió en la galería de su casa. "Yo tenía una teoría, de esas que te armás para sentir que tenés el control de algo. Mi teoría dividía al mundo en dos: de la puerta para adentro, los humanos; de la puerta para afuera, los otros animales. En mi estructura mental, el humano duerme en cama y los perros y los gatos, en su cucha. Creía en una relación meramente transaccional donde a cambio de la provisión de comida, prestaban servicio de seguridad, los perros, y una casa libre de ratas, los gatos. Seguí creyendo en esto a pesar de que tuvimos muchos animales en la familia que fueron realmente adorables. Pero el universo, que suele ensañarse bastante con la gente que tiene planes, me mandó un emisario", reflexiona Gastón Bivort.Agonizaba en una zanja hasta que el día de Navidad alguien descubrió que todavía respiraba: "Era un milagro que siguiera con vida"Estaba flaco, famélico, al borde de la inanición. El cuerpo evidenciaba su lucha por la supervivencia. "Su pelaje negro (atención supersticiosos), se había convertido en un conjunto de chuzas duras y sucias que empeoraban aún más su fisonomía. Eso sí, tenía un collar con una chapa pesada que le colgaba como un yunque; un símbolo de la pesada carga que arrastraba. En esa identificación no había nombre. Solo un número de celular que nunca respondió a los innumerables llamados que hice. El mensaje era claro: alguien se había cansado y lo había dejado a la buena de Dios", detalla.Al principio, Gastón no quiso saber nada con aquel animal que pedía ayuda. Los otros dos gatos que ya vivían en su casa lo miraban con desdén. Pero el asiduo visitante de cuatro patas no se iba. Se quedaba ahí, parado frente a la puerta de la cocina, emitiendo un sonido que más que maullido era un llanto, un lamento, un ruego. Gastón recuerda: "De a poco empezamos a acostumbrarnos a su presencia e incluso nos alarmábamos si algún día no venía. Hasta le pusimos un apodo, Chapón, en homenaje a la pesada chapa que portaba. Cada día que pasaba, nos quedaba más claro que necesitaba ayuda, que iba a perseverar hasta conseguirla y que nos había elegido (¿o me había elegido?) para que se la brindáramos".Su esposa y sus hijas, "que tienen el corazón mucho más blando y menos cuadriculado" que el de él, asegura, empezaron con lo que llamó la logística de la piedad. Un poquito de alimento acá, una caricia allá y, finalmente, sacarle el collar que le pesaba un kilo. "Yo me hacía el duro. '¡Afuera!', gritaba, como si fuera un general romano. Pero la resistencia era inútil. Un día mi hija me miró con esa cara que tienen las hijas cuando saben que ya ganaron la guerra antes de empezar la batalla â??cuentaâ??. Me pidió adoptarlo. Para salvar los restos de mi dignidad, puse dos condiciones estúpidas: que no entrara a la casa y que yo le ponía el nombre".Lo bautizó Cuervo por dos razones: el color del pelaje y su pasión por el club de fútbol San Lorenzo de Almagro. Si iba a convivir con él, por lo menos tenía que ser del Ciclón: "Ese fue mi pequeño triunfo. Una victoria pírrica, porque a los diez minutos el gato ya estaba durmiendo en el sofá. Eso sí, al bautizarlo, lo sentí mío y ese feeling fue correspondido".Al poco tiempo â??y luego de la correspondiente visita al veterinario de confianza de la familiaâ?? Cuervo cambió su aspecto, engordó, suavizó su pelaje y dejó su lamento para volver a maullar. "Los gatos que están enfermos, cualquiera sea la causa, dejan de acicalarse, y eso se nota en el pelaje, que aparece opaco, áspero, desprolijo y despeinado. Por eso, cuando un gato se está recuperando de una enfermedad, estado de desnutrición o parasitosis, eso se nota en el pelaje porque se vuelve sedoso, brilloso, acicalado y pomposo", explica Patricia Paredes, médica veterinaria del equipo de Natural Life (M.P 7387). Durante el día, Cuervo duerme bastante, como todo gato, y lo hace generalmente en su lugar preferido, el sofá del living. Come balanceado y rechaza cualquier otro alimento que se le ofrezca. A la tardecita se activa y sale y entra por una ventana que siempre queda abierta y tiene acceso al jardín de la casa, donde toma sol y se acicala. Cuando ve a Gastón escribiendo o trabajando, sube a su regazo o se acomoda al lado de la computadora y observa. Lo mismo hace cuando Gastón descansa en el sofá; esos son los momentos en los que le "amasa" la panza. Que un gato amase a su tutor significa que se siente seguro y feliz cuando está con él. "Siente la misma seguridad y felicidad que sentía cuando era cachorrito y amasaba la panza de su mamá mientras amamantaba (incluso algunos ronronean mientras lo hacen)", aclara Paredes.A Gastón le cambió la vida: "Cuervo se transformó en un filósofo estoico que me demostró que las dificultades no son obstáculos para cambiar, sino oportunidades para ejercitar el carácter. Cuervo resultó ser un maestro de la estafa emocional. En dos meses pasó de ser un espectro de la calle a ser un filósofo griego con piel de seda. El tipo me dio cátedra sin decir una palabra". De Cuervo aprendió que la perseverancia es la clave para alcanzar todo aquello que uno se proponga. Que la paciencia es buena consejera, porque las metas no se alcanzan de un día para el otro. Que pedir ayuda no es señal de debilidad cuando uno se da cuenta de que solo es imposible. Que rodearse de la gente que uno quiere es un ejercicio sanador. Que llevar cicatrices por la vida es señal de que hubo dolores que fueron superados."Cuervo me ganó. Me cambió los esquemas. Me demostró que los gatos negros no dan mala suerte, lo que dan es una lección de humildad que te deja pedaleando en el aire. Me recordó que, a menudo, los mejores gurús no visten túnicas naranjas ni hablan sánscrito: a veces tienen bigotes, ronronean y nos enseñan, simplemente, a ser", remarca. Compartí una historiaSi tenés una historia de adopción, rescate, rehabilitación o ayudaste a algún animal en situación de riesgo y querés contar su historia, escribinos a bestiariolanacion@gmail.com
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A la vera de la Ruta 1, a 45 kilómetros de Reconquista y a 250 de la capital santafesina, un pequeño muro blanco con letras rojas en mayúscula da la bienvenida a Romang, un pueblo de 8.000 habitantes marcado por su fuerte influencia suiza y conocido por ser sede de la Fiesta Provincial del Sol. El festival, que cada verano se desarrolla sobre la costa del río San Javier -un brazo del Paraná-, se ha convertido con los años en el evento más convocante de la región. Desde hace al menos un cuarto de siglo, miles de visitantes llegan desde ciudades y localidades cercanas para compartir tiempo con amigos, disfrutar el día al aire libre y escuchar buena música.Este año, sin embargo, los festejos se adelantaron: el Romang FC se consagró tricampeón de la Liga Reconquistense de Fútbol. Ganó el Clausura, el Apertura y el Torneo Petit, se clasificó al Torneo Regional Federal Amateur -la cuarta categoría de AFA- y también disputará la Copa Santa Fe, en la que, de avanzar, podría llegar a enfrentar a Colón, Unión, Newell's o Rosario Central. Lo logró con un plantel de jugadores que, en la mayoría de los casos, tienen otros trabajos: algunos, incluso, realizan tareas de mantenimiento dentro del propio club, como cuidar el césped, limpiar el predio o pintar las tribunas.Al frente del plantel hay un joven conocido en la zona que, antes de dedicarse a la dirección técnica, también fue futbolista: jugó en Platense de Reconquista, Colón y Boca Unidos de Corrientes, y hasta tuvo un paso por el ascenso italiano, pero encontró su pasión del otro lado de la línea de cal. Su nombre es Lucas Batistuta, es el segundo hijo de Gabriel y, a los 29 años, y en un contexto muy distinto al que cualquiera podría pensar, le dio un salto de calidad al club y sueña con llegar a las grandes ligas."Ni en los mejores sueños imaginé este presente: agarrar un equipo y conseguir tres títulos en el primer año. Estoy súper contento y muy agradecido a mi viejo, que antes de largarme a esta aventura me dijo: 'sí, andá, probá'", le cuenta Lucas a LA NACION, mientras negocia la renovación de su contrato y se ilusiona con seguir cosechando éxitos.Al igual que Batistuta, el Rojo vivió, sin dudas, uno de los mejores años de su vida. Fundado en 1927, Romang FC logró algo poco habitual en la Liga Reconquistense, un torneo que se juega desde 1928, con algunas interrupciones y registros estadísticos a partir de 1967. Solo Racing Club, que también viste de celeste y blanco, obtuvo cuatro títulos seguidos entre 1983 y 1986.Nacido en Villa Santa Chiara, Florencia, en 1996, mientras su papá, ídolo de la Fiorentina, conquistaba la Copa de Italia y la Supercopa, Lucas Batistuta revolucionó el fútbol regional por mérito personal, sin depender de la herencia de su apellido. Asumió en diciembre de 2024 y en pocas semanas cambió la mentalidad del plantel, del club y de una parte importante de la ciudad. Llegó con un cuerpo técnico de cinco integrantes -más del doble de lo habitual en este nivel, incluido su ayudante de campo José Villarruel, con pasado en las inferiores de Tijuana-, sumó días de entrenamiento y estableció una identidad de juego "a lo Guardiola", lo que provocó que los hinchas colmaran el estadio.Clásico del Club Atlético Matienzo, del que lo separa apenas una tapia, el equipo movilizó a todo el pueblo: se consagró en los dos torneos cortos y en el Petit, disputado por el campeón y los otros siete mejores de la tabla general: Atlético Adelante, Platense, Matienzo, Defensores de la Costa, Barrio Norte, Atlético Tigre y Atlético y Tiro, al que venció en la final.Antes del partido decisivo, Lucas sorprendió al plantel al invitar a los familiares a participar de la charla técnica en el vestuario. La imagen final lo encontró dando la vuelta olímpica, mientras desde las tribunas bajaba el canto que lo emocionó casi hasta las lágrimas: "Que de la mano de Batistutaâ?¦".Como Joaquín, su hermano, que trabajó durante años en una fotocopiadora, Lucas también se hizo desde abajo. "Mi papá nos crió de manera espectacular. De chico lo puteaba un poquito, je. Con el tiempo se lo agradecí, porque nos enseñó a ganarnos las cosas por cuenta propia. Estoy convencido de que es mejor empezar así, paso a paso, y no desde allá arriba, porque si te va mal, un año después desaparecés", apunta."Cuando volvimos del exterior, en la escuela de Reconquista mis compañeros ya todos tenían celular, y mis hermanos y yo, no. Él nos decía: 'si no se llevan materias, les compro uno'. Años después, Colón y Unión me vieron jugar en un torneo y se abrió la chance de hacer una prueba. Antes de ir, mi papá me dijo: 'andá y presentate como Lucas Fernández' (el apellido de Irina, su mamá). Él no quería que me dieran una oportunidad solo por ser el hijo de Batistuta", remarca.Más allá de contar con las mejores instalaciones de la liga, Romang no deja de ser un club familiar, donde todo se hace a pulmón, además del respaldo económico de la mutual que lleva el nombre de la institución y que ayuda a cubrir parte de los sueldos del plantel, que oscilan entre los 600.000 y 800.000 pesos, una cifra digna para la categoría, pero muy lejana de lo que percibe un jugador promedio de la Liga Profesional, sin contar a los clubes grandes.El pueblo debe su nombre a Teófilo Romang, un médico suizo nacido bajo el nombre de Peter Wingeier. Según la leyenda popular, Wingeier era un notario y empresario relojero de Trubschachen, en el cantón de Berna, que a los 32 años decidió huir hacia Montevideo, apremiado por las deudas y problemas con la ley. En el barco en el que viajaba se encontraba un médico llamado Teófilo Romang, quien falleció a bordo. Allí, Wingeier vio la posibilidad de cambiar su identidad y, según se cree, adquirió de la viuda de Romang la documentación de su exmarido y hasta ejerció la medicina durante un tiempo bajo ese nombre. Finalmente se instaló en Santa Fe, donde años más tarde fundó primero la localidad de Helvecia, en 1864, y la de Romang, en 1865. Por este motivo, el pueblo mantiene una clara identificación con el país europeo, al punto de celebrar cada agosto la Fiesta Provincial Suiza. En 2015, Romang fue declarada ciudad, convirtiéndola en el segundo municipio del departamento de San Javier.Ese mismo año, Lucas Batistuta debutó como delantero en la quinta división del fútbol italiano, en un 0 a 0 entre su equipo, el Porta Romana de Florencia, y el Giallo Blu Figline. Hincha de Boca desde chico, sus referentes eran Carlos Tevez y dos exRiver: Gonzalo Higuain y Radamel Falcao García. El club peleó el ascenso a la Serie D, pero él tuvo problemas con el pasaporte y, tras perder en las instancias finales, decidió regresar a la Argentina para sumarse a la empresa familiar, Batistuta y Batistuta S.A., a cargo de la administración de los campos."Hace unos años, en medio de la crisis que se vivía la Argentina, empecé a analizar con mi esposa la posibilidad de irnos del país. También sentía la necesidad de vivir esa experiencia. Pero, si me iba, quería dedicarme a algo que realmente me motivara. Entonces, pensé en formarme como director técnico. El primero en oponerse fue mi papá. Me aconsejó que no me metiera en ese mundo, porque era un ambiente difícil, con muchas mentiras y manejos poco claros. Él había sido manager de Colón durante dos años y no había quedado conforme con esa experiencia; de hecho, fue lo último que hizo en el fútbol. Pero al ver que era algo que a mí me apasionaba, me dijo: 'si vas a hacerlo, yo te voy a acompañar, pero tenés que encararlo a full'". recuerda.Hoy, de no ser por su DNI, pocos descubrirían que Lucas es hijo de uno de los máximos ídolos de la selección argentina, de quien fue el máximo artillero nacional hasta la irrupción de Lionel Messi. Lleva "una vida tranquila", sin lujos, pese a que su familia es, sin dudas, una de las más reconocidas del lugar. Vive en Malabrigo, a 45 kilómetros de Romang, distancia que recorre cada día con el mismo entusiasmo del primer viaje. Antes de dirigir al Rojo, fue DT de la Reserva de Reconquista Fútbol Club, y ahora, si bien sueña con llegar a Europa, piensa seguir desarrollando su carrera en la liga, donde fue ganándose el respeto de todos."Los jugadores me contaron que al principio me miraban con cara rara. Se preguntaban: '¿Quién trajo a este pibe acá, que nunca dirigió en primera?'. Creían que estaba ahí por ser el hijo de mi papá. Pero en la primera charla que tuve con ellos les hablé de la humildad con que me habían criado mis padres. Creo que a partir de ese momento empezaron a verme como un par, y esa fue una de las claves para lograr lo que logramos", subraya Lucas, quien, a diferencia de lo que muchos suponen, creció en un hogar donde casi no se hablaba de fútbol: "Lo que menos parecía era la casa de un deportista. No había camisetas, trofeos ni medallas, nada. Mi papá mantuvo siempre un perfil muy bajo. Es más: lo vi jugar solamente dos veces. El famoso partido entre Roma y Parma, en 2002, en el que recibió una patada de Fabio Cannavaro y se desmayó en el campo de juego, y otra vez, cuando me llevó a un entrenamiento del Inter".Con un coqueto estadio para 2.000 personas, el Romang FC se potenció notablemente tras la llegada de Lucas Batistuta. Su arribo al club se dio a través de Daniel Zanuttini, hoy jefe de Cardiología del Sanatorio Británico de Rosario, pero en su juventud futbolista de Romang y compañero de Gabriel en la selección de Reconquista. Batistuta y él se probaron juntos en Newell's: Bati, que jugaba en Platense, fue seleccionado, mientras que Zanuttini volvió al pueblo. Aun así, nunca perdieron el contacto. En marzo de 2024, coincidieron de casualidad en un aeropuerto y Zanuttini le comentó a Batistuta sobre el proyecto que estaba llevando adelante en Romang FC, donde su padre, Diolindo, fue presidente durante más de tres décadas, y que buscaba un entrenador. Entonces, Batistuta sugirió el nombre de su hijo Lucas, recién recibido en la escuela de César Luis Menotti. Poco después, el exgoleador de River, Boca y Fiorentina, entre otros equipos, fue invitado a recorrer el club, quedó encantado y entendió que era el lugar perfecto para que Lucas diera sus primeros pasos. View this post on Instagram "Mi papá está siempre muy pendiente del equipo. Las veces que fue se generó tal revuelo entre la gente que prácticamente no pudo disfrutarlo, así que prefería reservarse para los partidos importantes. Ahora tenía la intención de venir a la final del Petit, pero justo lo convocaron para el sorteo del Mundial", explica sobre Gabriel, quien desde 2018 tiene un monumento en Reconquista y que dos años más tarde fue abuelo por primera vez gracias al nacimiento de Lautaro, hijo de Lucas y su pareja, Dalila.Tras la obtención de la triple corona, Romang FC busca seguir fortaleciéndose para competir en el Federal. Para eso, el club planea aumentar el presupuesto del fútbol, incorporar un nuevo asistente para Lucas y ya trabaja en un proyecto integral, con participación activa del DT, que abarca además la construcción de un gimnasio y una pensión. "Es importante que lleguen jugadores jóvenes y que, si tienen un trabajo, no sea demasiado pesado. Vamos a enfrentar a rivales que viven únicamente del fútbol y no podemos otorgar esa ventaja", analiza.A futuro, el sueño de Batistuta es dirigir en alguna de las cinco ligas principales de Europa -la Premier League, LaLiga, la Serie A, la Bundesliga y la Ligue 1-, aunque entiende que aún queda mucho camino por recorrer. Sus modelos a seguir son Diego Simeone, Pep Guardiola, Marcelo Bielsa, Jürgen Klopp y Mikel Arteta. "Uno trata de tomar aunque sea lo más mínimo de ellos, y luego ver qué se puede aplicar al nivel de la liga. Me gustan los equipos intensos, que manejan la pelota y son protagonistas, pero manteniendo un orden para atacar y también para defender". Por ahora, los sigue todos por TV: "Hace un tiempo le pedí a mi papá que me diera una mano para hablar con alguno y presenciar un entrenamiento. Me respondió: 'primero ganá dos títulos y después lo charlamos'. Yo ya cumplí, así que ahora le toca a él".
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"¿Justo acá te encuentro? ¿Vos sabés la historia del dodo?", el que me lo pregunta es Carlos Farfán, director general de la consultora de tecnología Practia Global. Nos cruzamos por casualidad en este café del microcentro porteño que se llama Dodó antes de una charla que compartimos sobre transformación digital un rato más tarde. Nunca había escuchado esta historia ni tampoco sabía que el dodo era un pájaro hasta ese momento. Originario de la isla de Mauricio, cerca de Madagascar, este pájaro de unos 20 kilos, pico curvado y alas reducidas pero musculadas, fue descubierto por colonos portugueses alrededor de la década de 1580 y se extinguió solo 100 años después. Viviendo en aislamiento, el ave no tenía miedo del hombre que cambió su entorno ni de los nuevos depredadores que el hombre introdujo. Como resultado, se convirtió en una presa fácil para los cerdos, perros, gatos y ratas que los hombres trajeron. Tampoco pudo adaptarse a la pérdida de su hábitat habitual a manos de los colonos. Fauna corporativa: guía práctica para sobrevivir en la jungla del trabajoNo es la historia de un pájaro tonto, es la historia de una especie que no pudo adaptarse a un entorno complejo y cambiante. Como la naturaleza suele ser una buena maestra para resolver los problemas de la vida, podríamos también pensar ¿qué nos enseña el dodo acerca del cambio? Un ambiente nuevo o un cambio de contexto requiere tomar riesgos, pero estos tienen que ser informados y calculados. En lugar de observar a los nuevos visitantes desde la distancia para aprender más sobre ellos, el dodo ingenuamente se quedó para recibirlos sin cautela y los animales que llegaron con los colonos no tardaron en comer o destruir los huevos de las crías. El dodo necesitaba recopilar buenos datos y luego actuar. En tiempos de cambios complejos, es necesario abordar riesgos calculados â??que sean rápidos pero reflexivosâ?? para evitar ser depredados. La llegada del ser humano y los animales fueron fuerzas de destrucción para el dodo de comportamiento confiado y que tenía sus nidos en el suelo. No reconoció estas fuerzas como destructivas y sucumbió ante un entorno cambiante y rápidamente se extinguió. Hay empresas que no solo no ven las fuerzas destructivas que llegan desde el exterior, sino las que ya habitan en su interior como la incapacidad para innovar por apego al status quo o no gestionar dinámicas interpersonales destructivas. La adaptación requiere mirar y entender al mundo tal como es ahora, no como deseamos que fuer o como era antes. El día que los colonos llegaron a Mauricio, la vida del dodo, tal como la conocía, terminó para siempre. No importaba cuánto deseara aquellos tiempos más tranquilos con su rutina habitual y socializar libremente. Se fueron los días en que podía obtener su comida, frutas y otros alimentos del bosque sin preocupaciones. El cambio había llegado a Mauricio de una manera abrupta y enorme. ¿Suena a algo que estén experimentando hoy? Hay lecciones para aprender de la triste historia del dodo, antes de que sea tarde.
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Ni la escuela especial me quería. No sabían qué hacer conmigo. A mis padres les dijeron que yo tenía motivación ausente, que no daba para nada.Todavía hoy, a mis 34 años, a veces me preguntan si tuve un accidente. Pero no. Nací así. Tengo parálisis cerebral y epilepsia refractaria. Casi no tengo movimientos de ningún tipo. No me puedo mover ni en la cama. No puedo gritar ni usar mis manos. Una persona tiene que estar cerca mío todo el tiempo para asistirme.Pero mi presente está muy lejos de esa sentencia escolar. Soy licenciado en Letras y curso una maestría en lingüística en la Universidad de La Plata. Trabajo haciendo traducciones al lenguaje accesible. Me encanta leer y soy parte de un club de lectura. Desde la Asociación Azul, trabajo para que las personas con discapacidad logremos ser protagonistas de nuestras vidas. Y cada tanto, hago una de las cosas que más me gusta en la vida: andar a caballo. También doy charlas. Estuve en la cumbre global de discapacidad, en Berlín, donde me invitaron. Viajé tres veces a Ginebra, a la sede de Naciones Unidas. Me invitaron para exponer. Hablé en muchos países sobre el derecho que tenemos a la vida independiente. Eso me gusta mucho. Estuve en Egipto, Kenia, Colombia, Panamá, Brasil, España, Suiza. Me encanta viajar pero me cuesta mucho, me duele el cuerpo. Vivo en La Plata con Elena, mi mamá, que es ingeniera agrónoma y fue docente universitaria, y con Ricardo, mi papá, que estudió agronomía, es fotógrafo y se dedicó a la industria tambera. Un día típico mío es así: me levanto al mediodía porque tomo medicación para la epilepsia y me da sueño. A veces me quedo un rato boludeando. O tengo kinesiología, o terapia ocupacional. Todo sea para mantener el cuerpo en buen estado. Durante el día, estudio o leo. Acabo de terminar Farenheit 451, de Bradbury, pero me gustan mucho los policiales nórdicos. También me gusta salir. Necesito andar por la calle. Con Carlos, mi asistente, damos vueltas por el barrio, vamos a la plaza San Martín y, si está lindo, llegamos hasta el Bosque. Trabajo, leo, estudio, estoy en contacto con mis hermanos y con mis amigos. También con mis sobrinas, que están mucho tiempo en casa. A veces miro series en Netflix, las que tienen desarrollado el sistema de audio descriptivo. Me gustó mucho División Palermo. También, Cromosoma 21, un policial con una mirada interesante sobre la discapacidad. Después, las clásicas, como Breaking Bad o Better Call Saul. Desde que arranca el día, Juan cuenta con los apoyos que necesita para vivir la vida que desea: contesta mails, trabaja, estudia y comparte tiempo con sus sobrinas, que pasan bastante tiempo en su casa, en La Plata; cada vez que puede, hace una de las cosas que más le gustan en la vida: andar a caballo Cuento con dos asistentes personales, Carlos y Elbia. Gracias a ellos puedo hacer muchísimas cosas: desde levantarme de la cama hasta bañarme o vestirme. También son fundamentales para comunicarme. Cuando ellos no están, me asisten mis padres. Lamentablemente, la asistencia personal no está regulada en el país. La diferencia entre un asistente personal y un cuidador o acompañante terapéutico es abismal. El cuidador o acompañante responde a un paradigma en el que los otros saben lo que es mejor para nosotros. El asistente personal, en cambio, sabe que la persona con discapacidad es capaz de decidir. Pide y espera su opinión. No hablé hasta los 7 u 8 años. Al principio usaba pictogramas. Después aprendí a leer solo porque los pictogramas tienen el nombre y mamá se dio cuenta. Empezó a buscar otras formas de comunicación y dio con el sistema de comunicación aumentativa alternativa, que en ese entonces no estaba en el país. Viajamos a Inglaterra y les dijeron a mis padres que yo no podría aprender sin ese método. Como en Argentina no había, le dijeron a mamá: "Estudie y enséñele". Y mamá hizo un posgrado a distancia. Cuando pude comunicarme bien, quise entrar a la escuela común. Arranqué en quinto grado, siempre con asistente personal y adaptación de los contenidos. Lo más valioso de esa etapa fue sentir que por fin iba a la escuela. Tenía exámenes y estudiaba como Ricky y Pili, mis hermanos. Con ellos tengo una relación increíble. Ricky es médico y Pili, que es doctora en Ciencias de la Educación, trabaja mucho por la inclusión e integra Grupo Artículo 24, una coalición de organizaciones que trabaja por la inclusión educativa. Todavía recuerdo la vez que me tocó actuar de molino y Pili me sostuvo. Como yo tenía la cara pintada, la terminé enchastrando toda, así que ella se pintó la cara e hizo de cielo. En todo este recorrido, siempre me sentí alentado por mi familia. Jamás me dijeron qué hacer. Entendieron que era yo quien tenía que decidir sobre mi vida. Historias como la mía muestran que la vida independiente es para todas las personas con discapacidad. No tiene que quedar nadie afuera. No es imposible, no es más costoso. Se trata de darle otra dirección a los fondos destinados a discapacidad y que los profesionales trabajen de otra manera. No es más trabajo, es trabajo dirigido a otro objetivo. Es creer que todos podemos. Ese cambio de mirada es el que hace falta. Un cambio en las creencias de los que toman las decisiones para que nuestras vidas dejen de transcurrir en estructuras con servicios cerrados y seamos parte de la comunidad. Y también un empoderamiento de las personas con discapacidad, porque fuimos dejados afuera del mundo como si fuéramos menos que humanos sin que nadie se diera cuenta de la gravedad del asunto. Mi sueño es tener un trabajo que no solo me permita pagar los asistentes que necesito para poder vivir solo, sino que también me dé la posibilidad de hacer cosas por otras personas como yo. Que la sociedad nos entienda, que no nos dejen atrás, al final de todo. Se trata de que nos vean como humanos. No hablamos. No nos podemos mover. Yo ni siquiera puedo hacer gestos con mi cara. Pero se trata de preguntarnos qué tiene valor en la vida. Yo creo que la vida en sí misma. La asistencia personal que le brindan Elbia y Carlos es un apoyo clave en la vida de Juan; con Carlos, que está entrenado en el método de comunicación alternativa aumentativa, sale a pasear y a veces llegan hasta el Bosque * * * Autonomía para tomar decisiones En Argentina hay 6 millones de personas con discapacidad, es decir el 13% de la población. La cifra está dentro de los parámetros mundiales, que van del 10% al 14%. De ellas, 1.855.978 tienen Certificado Único de Discapacidad (CUD). Es poco lo que se sabe de esta población porque no hay datos específicos. Pero lo que sí sostienen varios especialistas es que cuando cumplen la mayoría de edad, gran parte de este colectivo sigue sin tomar decisiones propias, ni las trascendentales ni las cotidianas. No deciden cómo quieren vestirse, qué quieren comer o qué serie les gustaría ver. Tampoco eligen con quién vivir, qué les gustaría estudiar o para qué trabajo les gustaría prepararse. "Muchas veces pasa que otras personas deciden por ellas. Y si otros deciden sobre sus vidas, ni siquiera tienen la oportunidad de aprender a tomar decisiones", asegura la psiquiatra infantojuvenil Alexia Rattazzi. Tener autonomía para tomar las decisiones es clave para ejercer el derecho a vivir una vida independiente. De todos los apoyos para lograrlo, desde sistemas de comunicación o adaptaciones de planes de estudio, hay una figura determinante: el asistente personal. A diferencia de un acompañante terapéutico, el asistente personal recibe indicaciones de la persona con discapacidad. Funciona como un apoyo para moverse, comunicarse, estudiar, ir a actividades sociales, cocinar o bañarse, entre muchas otras acciones. Es decir, es una ayuda para que pueda hacer eso que quiere, pero no puede hacerlo solo. Este rol figura en la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU, que en Argentina tiene rango constitucional. Pero no existe una ley que determine quiénes y cómo pueden acceder a este apoyo. Por eso, quienes hoy tienen un asistente personal lo consiguieron porque ganaron un reclamo judicial ante una obra social o prepaga o porque lo pagan de forma particular. Algunas jurisdicciones, como la ciudad de Buenos Aires y la provincia de Neuquén, trabajan en normas para definir los requisitos que debe cumplir un asistente personal y promover la formación de asistentes. El distrito porteño, por ejemplo, cuenta con el plan que subsidia hasta seis horas semanales de asistencia personal a personas de entre 18 y 60 años por un plazo máximo de 18 meses. Sin embargo, ningún apoyo será efectivo si no es acompañado de un cambio de mirada social, coinciden los expertos. "La tradición nos ha hecho creer que las personas con discapacidades tienen menor valor", reflexiona Elena Dal Bo, de Asociación Azul, una organización que trabaja por la vida independiente de las personas con discapacidad, y sigue: "La nueva mirada tiene que venir acompañada de un cambio de creencias. Tenemos que estar convencidos de que cada persona es un ser humano completo y que todos, en nuestra infinita variedad, tenemos el mismo valor, la misma dignidad y los mismos derechos". * * * El trabajo me hizo una mujer autónoma y me ayudó a descubrir en qué soy buena Por Catalina Dantur A la mañana, después de meditar, agradezco tener trabajo. Fue una sorpresa poder trabajar en un restaurant. No lo tenía en mente. Soñaba con ser maestra jardinera o acompañante terapéutica de chicos con discapacidad.Hoy mi trabajo es mucho más que eso. Es mi familia. Me siento orgullosa de ser parte de Alamesa, un restaurant manejado por 38 jóvenes neurodiversos. Algunos estamos en el salón y otros, en la cocina. Todos sabemos hacer todas las tareas porque las adaptaron para nosotros. A mí me gusta la atención al público.Una de las primeras cosas que hicimos al empezar en el restaurant fue contarles a nuestros compañeros lo que tenemos. Yo nací hace 27 años con el síndrome de Apert. Tengo rasgos diferentes y tuve que pasar por operaciones en mis manos y pies. Pero puedo hacer muchas cosas: cortar con tijera, usar tenedor y cuchillo, hacer manualidades, escribir en cursiva y trabajar en la compu.Además tengo discapacidad intelectual, pero leve. Me cuesta la matemática, pero si me surge un problema en el trabajo, llamo a mi jefe y él me ayuda.Cuando era más chica, fui a una escuela común. Estuvo bueno porque me desafió a hacer las mismas cosas que mis compañeros. Aunque la escuela era doble turno, iba solo a uno y no hacía inglés. En contraturno hacía terapia ocupacional o iba a la fonoaudióloga.Cuando terminé el colegio, hice un curso de formación laboral en la UCA para personas neurodiversas. Me enseñaron cómo hacer un curriculum, cómo buscar trabajo y cómo manejarnos si conseguimos uno: desde cómo ir vestidos hasta cómo manejar las responsabilidades.El curso tenía una bolsa de trabajo y ahí apareció lo de Alamesa. Mandé mi CV y quedé. Arranqué con un entrenamiento y casi dos años después, en 2024, abrimos.Al principio no se sabía bien qué iba a hacer en el restaurant. Mi mamá tenía miedo de que me tuvieran doblando servilletas, pero nada que ver. Acá descubrí que soy buena en el trato con la gente. Estar en la cocina me estresa un poco más. Me siento más cómoda preparando el salón, acompañando a la gente hasta su mesa o como mesera. Catalina viaja en tren desde Martínez hasta su trabajo en Las Cañitas junto a Sol, una de sus compañeras del restaurant; una vez allí, deja sus cosas en la sala de descanso y comienza a preparar el salón Hasta que empecé a trabajar vivía en Nordelta con Carolina, mi mamá, que es artista plástica y tiene un emprendimiento, y con Gabriel, mi papá, que es ejecutivo en una empresa. Además están Mateo y Vicky, mis dos hermanos menores, que son ingenieros. Viajar de Nordelta a Las Cañitas, donde queda el restaurant, era complicado. Por eso me mudé, parte de la semana, a lo de mi abuela Marta, que vive en Martínez. Me sobreprotege, pero no porque yo no pueda hacer las cosas sino porque ella es así. Vivir con ella me sirve para tener más a mano el trabajo, porque cerca de su casa pasa el tren. Con Sol, una amiga y compañera de Alamesa, viajamos juntas. En el trabajo nos dividimos en grupos. Al mío le toca trabajar jueves, sábados y domingos de por medio. Si bien entro a las 9,30, esos días me despierto a las 6,30, porque me gusta hacer las cosas tranquila. Después de meditar, me levanto, me baño y me visto. Antes de desayunar, reviso si guardé en la mochila el uniforme y todo lo que voy a necesitar. El desayuno en la casa de mi abuela es potente: café o mate, tostadas, cereales, scons, medialunas y un jugo de naranja con medio pomelo. A veces, mi abuela nos lleva hasta la estación, pero generalmente vamos caminando. En mi celular tengo un mapa con el recorrido. Después del trabajo, algunos días vamos con Sol a clases de cerámica en Casa Monarcas, en Martínez. También a un gimnasio que está a la vuelta del restaurant. A veces me voy a dormir a la casa de alguna amiga. Nos gusta juntarnos a hacer pulseras que después nos regalamos entre nosotras. Siempre fui amiguera pero nunca tuve un grupo como el que tengo ahora. Esto es otra cosa que agradezco en las mañanas cuando medito: tener a mis amigas del trabajo. Hay chicos que tuvieron otros trabajos y los dejaron porque no se sintieron cómodos, los maltrataban. Pienso que hay personas que no están acostumbradas a interactuar con gente con discapacidad. Generalmente somos muy sensibles y necesitamos sentirnos rodeados. Por eso, cuando alguien empieza a trabajar, se tiene que sentir parte del equipo. Si organizan salidas o cumpleaños, lo tienen que invitar. En mi caso, tener un trabajo me hizo una mujer más autónoma. Ahora cobro mi sueldo, tengo mi grupo de amigas y viajo sola en transporte público. Además, tomo mis propias decisiones. Por ejemplo, los días que estoy en Nordelta, hago mi vida y mis rutinas sin que mamá me las arme, como pasaba antes de que tuviera trabajo. Todo esto me hace sentir mucho más independiente. Lo que un chico con discapacidad necesita para trabajar es tener confianza en sí mismo y que los padres lo apoyen y confíen. Si nuestros papás no confían en nosotros, eso puede sentirse como una barrera. Por suerte, mis padres me hacen sentir que confían en mí y van abriendo sus mentes. Por ejemplo, a partir de este año me dejaron tomar Uber. Ahora que conseguí trabajo, me gustaría mucho irme a vivir con Sol. Tendría que ser algo cerca de mis padres y a mano del trabajo. Por ahora, es un proyecto. También sueño con tener un emprendimiento y vender las cosas que hago en cerámica. Hay una frase que me gusta mucho y la guardé en mi celular. Dice que las fortalezas están en nuestras diferencias y no en nuestras similitudes. La recordé hace unos días, cuando después de almorzar, una señora nos dijo a una compañera y a mí: "Chicas, ¿les puedo sacar una foto para difundir Alamesa?". Cuando la gente se va feliz, como esa señora, doy gracias por tener este trabajo. Sentir que los hago felices me hace feliz a mí también. Minutos antes de la apertura, el equipo se reúne junto a los facilitadores para conocer las previsiones del día, por ejemplo, cuántas reservas hay o si cuentan con algún evento especial; cuando llegan los comensales, hacen sugerencias sobre el menú y, una vez que están listos los platos, se ocupa de servirlos * * * Un cambio cultural para la inclusión laboral Solo el 12,6% de las personas con discapacidad en edad laboral dijeron tener trabajo, según un estudio hecho entre la población con CUD. Mientras que datos de la OIT exponen que la diferencia entre las personas con y sin discapacidad que tienen trabajo alcanza los 36 puntos porcentuales. Son muchas las razones que explican esta inserción laboral baja y suelen trascender al mercado del trabajo. Belén Arcucci, del programa Derechos de las Personas con Discapacidad de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia, sostiene que esta exclusión se vincula con barreras del sistema educativo: "Fueron excluidas o estudiaron en escuelas segregadas, donde no les dieron un título que les permitiera seguir su formación. Esto hace que pocas personas con discapacidad cumplan los requisitos para un empleo". Esas condiciones se combinan con barreras actitudinales y estereotipos que persisten en la sociedad: en el mundo del empleo se ve a las personas con discapacidad como "improductivas" o condicionadas a trabajar en espacios protegidos o segregados. Según la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, las personas de este colectivo deben poder acceder a las adaptaciones que necesiten para poder hacer sus tareas laborales, como contar intérprete en lengua de señas, dispositivos de comunicación o asistencia personal. Sin embargo, estas disposiciones casi no se cumplen y la inclusión laboral depende más del buen criterio de los empleadores que de políticas públicas. La psicopedagoga Marta Mendía, codirectora del Programa para la Inclusión Laboral de Personas con Discapacidad de la Universidad Austral, explica que las prestaciones de apoyo que pueden necesitar las personas para trabajar no están cubiertas dentro del Sistema de Prestaciones Básicas. "Como no están contempladas, los costos recaen en las empresas", agrega la especialista, quien, de todas maneras, matiza sus dichos: "Incluir a una persona con discapacidad no requiere grandes costos o cambios. El principal cambio es, sin dudas, cultural". La política pública nacional más consistente en materia de empleo es de 1981. Es la ley 22.431, que establece un cupo laboral del 4% para personas con discapacidad en el sector público y en empresas del Estado, pero se imcumple en la mayoría de los organismos. Por otra parte, los programas destinados a la articulación entre las personas con discapacidad y el sector privado tienen bajo alcance. La Secretaría de Empleo, Trabajo y Seguridad Social del Ministerio de Capital Humano cuenta con programas que incluyen desde capacitaciones y tutorías hasta ayudas económicas. Los más importantes son los programas Promover y los talleres protegidos de producción. En septiembre pasado, los beneficiarios de todos los programas alcanzaban a apenas 8519 personas, según fuentes de ese ministerio. Para las empresas que contratan a personas con discapacidad existen beneficios fiscales: deducciones en el impuesto a las Ganancias, reducciones en las contribuciones a la seguridad social y beneficios en el impuesto sobre los Ingresos Brutos. "Hay que profundizar esas políticas", sostiene Arcucci y propone: "Sería clave avanzar en la regulación de cuotas mínimas, es decir en porcentajes mínimos de trabajadores con discapacidad en las empresas". * * * Creían que no iba a poder vivir solo, pero me preparé durante 10 años y cumplí mi sueño Por Santiago Puiggari Si un chico con discapacidad me pregunta qué tiene que hacer para poder vivir solo, mi respuesta sería simple: "Empezá haciéndote la cama. Limpiá tu casa. Ofrecete para hacer las compras. Y no bajes los brazos porque se te va a dar".Yo tenía 21 años cuando le pedí a mis viejos irme a vivir solo. Vivía en San Isidro con ellos y con Felu y Martu, dos de mis tres hermanos. Sofi, la mayor, se había casado.Mis papás me dijeron que no porque les daba miedo. Me veían chico. Creían que no iba a poder organizarme y, como no sabía cocinar, tenían miedo de que comiera porquerías. "¿Y si después extrañás y querés volver?", me decían.Mi papá se llama Enrique y es abogado, aunque ya está jubilado. Un día, me contó que un médico le había dicho que, como yo nací con síndrome de Down, no iba a poder hacer muchas cosas. Le dijeron que no iba a poder hablar. Pero se equivocaron, porque puedo hacer eso y mucho más.Ahora tengo 34 años y trabajo en el área de catering de una productora. El año pasado empecé el programa audiovisual para chicos con discapacidad de la escuela de Cris Morena.A todos lados voy solo. Sé viajar en colectivo y en tren.Pero a los 21, en mi casa hacían todo por mí y ya no me gustaba. Quería hacer las cosas por mi cuenta. Les doy un ejemplo: hasta los 14 o 15 años, mi mamá, que se llama Carina y es artista plástica, me decía qué ropa me tenía que poner. Después empecé a elegir solo, pero, a veces, quería ponerme un pantalón roto o uno con colores y a ella no le gustaba.Ahora pienso que es verdad que entonces no estaba preparado: no manejaba efectivo, no viajaba en transporte público y no sabía cocinar. Pero eso cambió cuando me sumé a Las Ilusiones, una compañía de teatro inclusivo en donde empecé a trabajar mi autonomía.Además, durante la cuarentena, en mi casa fui el encargado de lavar la ropa, planchar y sacar la basura. También empecé a ayudar con la comida. Aprendí a hacer carrot cake y milanesas de berenjenas, que me salen buenísimas.Después empecé a quedarme solo en casa cuando mis viejos se iban a nuestra casa de Punta del Este o a visitar a Sofi, mi hermana, que vive en Madrid. Nunca tuve un problema.Me ayudaron los talleres y las actividades que hacía en Las Ilusiones. Ellos tienen una casa y ahí aprendí mucho. Por ejemplo, íbamos a comprar al supermercado, pagábamos en efectivo y cocinábamos. Y después teníamos que dejar todo limpio. Yo me quedaba a dormir ahí tres veces por semana con dos amigos.En ese tiempo, mis hermanos empezaron a hablarle a mis papás. Les decían que yo podía vivir solo y me ayudaron a convencerlos. Les decían: "Santi puede". También Nacho, mi acompañante terapéutico les dijo que yo estaba preparado. Así que ellos dijeron: "Bueno, probemos". Durante años, Santiago se entrenó en la comunidad Las Ilusiones para sumar las habilidades necesarias para vivir solo; ahora se ocupa de ordenar su departamento y de cocinar para comer saludable; sus tres hermanos, Felu, Martu y Sofi fueron sus aliados para que sus papás se convencieran de que estaba en condiciones de vivir solo En noviembre del año pasado cumplí mi sueño y empecé a vivir en un departamento en San Isidro, a cinco cuadras de la casa de ellos. Si me preguntan qué es lo más lindo de vivir solo, no sé por dónde empezar. Lo más lindo es poder tomar tus propias decisiones y manejar tus tiempos. Al principio no fue fácil. Tenía todo desordenado y no sabía por dónde empezar. Tuve que aprender a comer sano porque podía llegar a desayunar un pancho. Ahora me preparo huevos revueltos con una tostada y café. Los primeros meses, Nacho venía una vez por semana y eso me ayudó. Por ejemplo, me enseñó a armar un calendario semanal con todo lo que tengo que hacer además del trabajo y del estudio, como terapias o gimnasio. También me dejaba escrito cómo usar el horno. Ahora no viene porque no lo necesito. Cada tanto hacemos una videollamada. Todos los días, arranco a las 7 de la mañana. Tres veces por semana, me tomo el colectivo 437 hasta el Bajo de San Isidro y de ahí el Tren de la Costa hasta la estación Anchorena, en Martínez, que me deja cerca del trabajo. Los otros dos días estudio y me tomo el 407, que llega a Martínez. Cuando vuelvo, algunos días tengo terapia o actividades en Las Ilusiones. También juego un juego de armar casas. Lo tengo en la compu. O miro series. Me gustó mucho División Palermo. Ahora, muchas veces, las juntadas con amigos son en mi casa. A veces comemos lo que mamá me deja preparado, aunque otras veces cocino yo. Todavía me salen muy bien las milanesas de berenjenas. Hoy me sigo ayudando con los calendarios semanales. Además, aprendí con Nacho a hacer listas en el celular para hacer las compras. Ahora sé que no tengo que comprar de más. Primero uso lo que tengo en el freezer. Sé que si un día me olvido de alguna cosa o me trabo, puedo llamar a mi familia y alguien me va a ayudar. Una vez se me tapó la pileta de la cocina y no podía destaparla. Llamé a mis viejos, compraron un destapador y vinieron a ayudarme. Ahora ya sé hacerlo solo. A los padres que tienen miedo de soltar a sus hijos les diría que lo hagan. Que confíen en ellos. Yo sé que nos quieren cuidar, pero si hacen todo por nosotros, no podemos hacer nada. Creo que la sociedad tiene que aprender a mirarnos distinto. Me pasó de ir por la calle y que me quieran ayudar a cruzar de vereda sin que yo lo pidiese. Yo puedo cruzar la calle solo. A veces nos tratan como niños. Está bien que quieran ayudarnos, pero que nos pregunten si necesitamos ayuda. Hoy mis sueños son enamorarme y casarme. Vivir en una casa más grande y conseguir trabajo de lo que más me gusta, que es la actuación. Cuando empecé a pedir vivir solo, Martu y Felu vivían en casa. Al final ellos se fueron antes que yo. Pero lo importante es que yo no bajé los brazos y seguí adelante. Irse a vivir solo es una decisión importante. No es algo que hacés porque un día te peleaste con tus papás. Y tiene muchas responsabilidades. Pero vale la pena. En su proceso de ganar autonomía, Santiago empezó a trabajar en una productora de contenidos y además estudia producción audiovisual; todos los días, viaja en colectivo para cumplir con sus responsabilidades * * * El deseo de cómo y con quién vivir La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad dice que esta población tiene derecho a vivir dónde, cómo y con quién quiera. Pero la realidad es diferente: es frecuente que al llegar a la adultez no tengan voz a la hora de decidir con quién vivir. Se trata de una decisión que suelen tomar otros sin tener en cuenta los deseos de la persona con discapacidad. "Se internaliza la mirada social que todo el tiempo le dice a la persona que no puede. Entonces se termina autoconvenciendo de que no está en condiciones de vivir sola", explica la psicóloga Mercedes Monjaime, fundadora de REDI, organización que trabaja por el cumplimiento de los derechos de las personas con discapacidad, y agrega: "También existe un factor económico. Las personas con discapacidad tenemos más gastos y el 80% está desocupada". Suele ser frecuente que la persona viva con algún familiar sin que se haya tenido en cuenta su deseo. Y cuando no hay una red familiar a la que acudir, suelen permanecer en un hogar. "En estas instituciones, la mayoría financiadas por el Estado, deben cumplir exigencias basadas más en una mirada médica y terapéutica de la discapacidad que en un enfoque de derechos. En ese contexto, pierden autonomía", explica Valeria Monópoli, abogada especializada en derechos humanos y discapacidad. Sobre esto, la psiquiatra Rattazzi es categórica: "Por ejemplo, no puede decidir si quiere comer o no, a qué hora quiere comer y qué quiere comer, como hacemos cualquiera de nosotros". En estos centros, las decisiones cotidianas que nos hacen ser quienes somos (qué nos gusta comer, por dónde queremos pasear, qué actividades nos gustan, a qué hora nos vamos a dormir) quedan anuladas. "La Convención le exige a los Estados dejar de lado los dispositivos institucionales que no le permiten a la persona con discapacidad tener el control de su propia vida", subraya Monópoli y explica que varias instituciones empezaron a orientar su enfoque para priorizar la vida independiente. Monópoli identifica otra forma de ir hacia el derecho a elegir cómo vivir: "Hay familias que se agrupan para crear viviendas asistidas para sus hijos. En cada unidad, la persona tiene sus propios asistentes personales y apoyos. También empiezan a aparecer iniciativas privadas comerciales que ofrecen ese servicio", puntualiza. Pero más allá del formato de la vivienda, lo importante es que sea el resultado de los sueños, los deseos y las decisiones de la propia persona. Cómo colaborar Asociación Azul es una organización que trabaja por la vida independiente de las personas con discapacidad. Necesitan asistentes voluntarios para las reuniones y otras tareas. Podés llamar al 0221 4831914 o escribir a asociacionazullaplata@gmail.com. También reciben donaciones al alias ANILLO.PULSO.CHACAL El restaurant Alamesa está abierto de miércoles a domingos al mediodía en Maure 1643, en Las Cañitas, CABA. También funciona como espacio para eventos o almuerzos empresariales. Para más información, escribí a consultas@alamesaresto.com. Además, podés hacer una reserva o seguirlos desde Instagram. Las Ilusiones es una comunidad en la que las personas con discapacidad trabajan habilidades para la inclusión y la autonomía, principalmente a través del arte. Podés conocer su trabajo desde su sitio web o por Instagram. Necesita ayuda para construir un espacio que ofrezca formación laboral y una residencia en la que las personas se entrenen para poder vivir en forma independiente. Reciben donaciones al alias despuntado.mp sitio web. .nd-parrafo-txt.listado {padding-left: 0px;white-space: normal; padding-left:17px} .nd-parrafo-txt.listado li {position: relative; margin-bottom: 15px; font-size: 18px; list-style: disc !important} Más historias sobre discapacidad y vida independiente "Las personas que viven en un entorno donde hay reglas fijas están privadas del derecho a una vida independiente" Por Lorena Oliva ver nota "Por sobreprotección, muchas familias impiden que sus hijos decidan y puedan tener una vida independiente" Por Jazmín Lell ver nota El orgullo de ser asistente: "Todas las noches me voy a dormir feliz por los logros de mis usuarias" Por Lorena Oliva ver nota Una guía sobre prestaciones y apoyos: qué derechos tienen para estudiar, trabajar y llevar una vida autónoma Por Lorena Oliva ver nota #otras-notas.nd-card{border:none; box-shadow:none; padding:0 0 30px; background-color: rgb(86, 90, 129)} ul.nd-grid.nd-box-2x1.azul {padding-left: 150px;padding-right: 150px;} #otras-notas .nd-card-title{color: #f3d37e; padding: 0px; margin:0 auto; font-size: 14px} #otras-notas .nd-card-subtitle{color: white; padding: 15px 5px 0px;font-size: var(--nd-size-sm);} #otras-notas .nd-button{margin:0 auto; background-color: rgb(122 125 158); text-transform:uppercase; border:1px solid #a1a2b7} #otras-notas .nd-card-content{padding: 0px 15px 20px; margin-top: 0px} #otras-notas .texto {margin-top: 0px; color:white} .nd-card-txt { padding-top: 10px;} .nd-combotitulo.nd-box-base { margin-bottom: 30px;} ul.nd-grid.nd-box-2x1.azul {padding-top: 20px;} @media screen and (max-width: 525px) { #otras-notas.nd-card.nd-foto{width:100%} #otras-notas .nd-card-title{font-size: 18px} #otras-notas .nd-card-subtitle{font-size: 20px} #otras-notas .nd-button{font-size:13px} #otras-notas .texto {font-size: 16px} ul.nd-grid.nd-box-2x1.azul {padding-left: 10px;padding-right: 10px;gap:20px;} }Conforme a los criterios de Conocé másCréditos Producción periodística y textos Lorena Oliva @looliva Edición periodística Javier Drovetto @JavierDrovetto Edición fotográfica Aníbal Greco @anibalgreco Fotografía y video Santiago Filipuzzi Edición visual Pablo Loscri @ploscri /Giselle Ferro @giselleferrodg Desarrollo María José Abad Edición fotográfica Aníbal Greco @anibalgreco Compartir Copyright 2025 - SA LA NACION | Todos los derechos reservados.nd-creditos-link {color: var(--nd-neutral-400); }.nd-epigrafe-credito{font-weight: 400;}
Tras quedarse en la puerta del sueño la temporada pasada, Gimnasia y Esgrima de Mendoza logró el ascenso directo a la Primera División. El equipo mendocino se impuso por penales ante Deportivo Madryn, coronando una campaña de revancha, temple y mística futbolera. Leer más
El actor reflexionó sobre la importancia de la colaboración, la humildad y la autenticidad en el arte, tomando a The Beatles como ejemplo de cómo el trabajo conjunto potencia la creatividad y trasciende los logros individuales
Al igual que en otras oportunidades, con la llegada del fin de semana largo, han retornado los trastornos para muchos turistas. En esta ocasión, por las medidas de fuerza previstas por la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA) en demanda de mejoras salariales y en oposición al proceso desregulatorio en el sector aeronáutico, que ayer provocaron demoras y que, insólitamente, podrían generar nuevos inconvenientes en vísperas de las elecciones generales del 26 de octubre, en que muchos ciudadanos deberán trasladarse para cumplir con su deber cívico. Cabe recordar que, hacia fines de agosto, en otra salvaje medida de fuerza que tomó de rehenes a los pasajeros, la Asociación Técnicos y Empleados de Protección y Seguridad a la Aeronavegación (Atepsa) había declarado un paro de controladores por cinco días. Solo en la primera jornada, las cancelaciones afectaron a más de 10.500 pasajeros de unos 70 vuelos, 50 de ellos de la línea de bandera. En la segunda jornada, 46 vuelos fueron cancelados y unos 122 debieron ser reprogramados, afectando a más de 18.000 pasajeros.En este contexto, resulta interesante recordar que, allá por agosto de 1981, la Organización de Controladores de Tráfico Aéreo Profesionales, que agrupaba a más de 11 mil controladores aéreos en Estados Unidos, declaraba una huelga en reclamo de mejoras salariales y reducción de su jornada laboral de 40 a 32 horas semanales, una lucha que llevaba ya largo tiempo de negociaciones. La legislación federal prohibía taxativamente tales medidas de fuerza entre empleados del Estado puesto que afectaban la seguridad pública.El entonces presidente estadounidense, Ronald Reagan, no demoró en declarar ilegal la huelga e intimó a que se retomaran las tareas en un plazo no mayor a las 48 horas. La falta de respuesta al ultimátum condujo a que los más de 11 mil controladores fueran despedidos e inhabilitados para volver a trabajar en el servicio federal, todo lo cual obligó a implementar planes de contingencia, recurriendo a personal militar y controladores no sindicalizados, además de capacitar sin demora a nuevos empleados. El apoyo de la industria aérea, interesada en avanzar hacia un mercado menos regulado, fue clave.A partir de entonces, se registró una drástica baja en el número de huelgas en ese país, confirmando que la decisión presidencial constituyó una bisagra que marcó el inicio de una tan notoria como necesaria declinación del poder sindical. En un tablero de ajedrez profesional, las jugadas se estudian previamente. Se diseñan los escenarios alternativos y se implementan soluciones de contingencia. No hay lugar para improvisaciones. Astucia y capacidad de anticipación son dos virtudes de las que debe hacer gala cualquier buen gobernante para intentar alcanzar las metas que se haya propuesto. No se trata de arrebatos de un instante, mucho menos de caprichos sin posibilidad de ser sostenidos. Como toda decisión de peso demandará apoyos, alianzas y el ajuste de normativas, entre otras muchas acciones.Que en la Argentina el tiempo siga transcurriendo como hasta aquí, sin que se libren las batallas necesarias para transformar la realidad de tal forma que podamos pensar en poner verdaderamente de pie al país, es consecuencia no solo de la falta de una voluntad política dispuesta a apostar fuerte para terminar con décadas de abusos. Intereses creados, numerosos actores involucrados, temor, comodidad e incluso resignación son solo algunos de los motivos para que persistan ciertas inercias. Una población cansada de tanto avasallamiento y prepotencia celebraría y daría la bienvenida a los cambios que se propongan. Así en la tierra como en el cielo.
Al Alpine no le sobra nada pero el argentino responde con coraje y muñeca.En la grilla movió rápido y pasó por afuera al brasileño Bortoleto.Luego se la bancó en las cuerdas para someter a Tsunoda y Stroll.
En las aguas a menudo encrespadas de las transacciones comerciales internacionales hay gente preparada para fortalecerse con lo inesperado e inestable, gente con renombre para actuar con asombrosa eficiencia en medio de la velocidad fulminante que puedan alcanzar los negocios. Decía un funcionario público del área impositiva, la semana última, que después de haberse suspendido las retenciones por un período que concluiría el 31 de octubre, o antes, si se liquidaban 7000 millones de dólares por exportaciones, las órdenes se amontonaban los primeros días por millones de dólares cada treinta segundos.Así prevaleció el monto de lo recaudado por sobre el tiempo límite establecido de más de treinta días, y así los productores de los cereales y oleaginosas en juego, los creadores de esa riqueza generada a la intemperie, a cielo abierto, quedaron con la sensación de desconcierto, de "bronca" -como han dicho- y de una desilusión que ya se verá qué consecuencias políticas tiene.La perentoriedad de las liquidaciones de exportación por aquella suma de grandes dimensiones fue determinada a fines de la semana anterior por un gobierno que sentía el vahído del abismo. Sucedía esto en medio de la valorización irrefrenable del dólar por encima de las bandas establecidas y por una desconfianza pública que crecía hora tras hora, habiéndolo obligado a vender en dos jornadas más de mil millones de dólares de sus escasas reservas. No hay una razón debidamente verificable, a pesar de tantas presunciones en contrario, para que pueda afirmarse que en todo este asunto se haya roto una sola regla legal.Otra cosa sería observar que se llegó a la dramática situación de hace diez días por una suma de impericias políticas y financieras del Gobierno. Propelieron, una vez más, a que el país quedara atrapado en la sensación de asfixia por cuya repetición en decenas de casos tiene la mayor y dolorosa experiencia que cualquier país ajeno a las hecatombes de una guerra. Otra cosa sería decir que en la cuestión de las retenciones a las exportaciones agropecuarias sigue en el aire la promesa todavía incumplida, sin olvidar los avances habidos hasta aquí, de acabar con un impuesto que el propio presidente de la Nación calificó en tren de campaña, y reafirmó después de asumir, de inaceptable para el interés general. Otra cosa sería decir, en fin, que en el instante de decidirse a dejar en cero los derechos de exportación (DEX) hasta el 31 de octubre privó el instinto natural de un elenco gubernamental más experimentado y satisfecho con el ejercicio de las finanzas que en el del más lento planeamiento, y a más largo plazo, propio de quienes por vocación piensan y sienten en términos productivos.Fue verdaderamente lamentable que todo esto ocurriera. Poco importaba que algunos de los elementos disociadores de las instituciones establecidas por la Constitución Nacional se hubieran apresurado, al conocerse las medidas, a proponer un proyecto de ley para que los productores del agro paguen un "aporte extraordinario y devuelvan lo que ganaron con las retenciones". Terminó pareciendo una broma de mal gusto.Ya sabíamos qué podía esperarse de esos candidatos, o del kirchnerismo en su conjunto, y hasta del desvarío doctrinario y demagógico en que puede caer alguno de sus mentores espirituales. Tienen más pasado por delante que futuro estas rémoras del tembladeral insurrecto y desde tanto tiempo anacrónico de los años sesenta y setenta.El Gobierno debe ahora examinar la forma de desarticular tensiones con el campo, nada menos que en un año electoralLo que sí urge reparar es la desconfianza política y moral introducida por los hechos precipitados en medio de esta última crisis. Se han violentado expectativas. La confianza es una solidaridad compartida de principios. "Cuando esta se pierde, la Nación se desarticula", decía Ortega y Gasset, y agregaba: "La confianza es la emoción en que se halla quien puede anticipar lo que verosímilmente ha de acontecer en una hora, mañana, pasado". No era lo que se esperaba que siete grandes exportadores hicieran, en solo tres días, declaraciones juradas de ventas al exterior (DJVE) por 19,5 millones de toneladas. Acapararon de tal modo el 86% de las operaciones sobre las realizadas por un total de 36 exportadores.Por la fuerza de los hechos, y no necesariamente por la pulsión de las intenciones de otros, los productores percibieron en su ánimo que habían sido abandonados por el Gobierno en beneficio de un grupo de empresas que hará ganancias extraordinarias. Que los Grabois digan lo que les viene en gana, que ninguna novedad aportan; pero que se enrarezca de pronto, entre las diversas partes involucradas en una creencia común en la libertad de comercio, en la igualdad de oportunidades y en la no discriminación, una atmósfera que de ordinario es límpida y más competitiva de lo que resulta en algunos países vecinos, constituyó un golpe emocional que debería de algún modo morigerarse en sus efectos.Es inaceptable que pueda prosperar la idea de que haya dos capitalismos: un capitalismo sanamente liberal, por un lado, y un capitalismo depredador, por el otro. Hay un solo capitalismo, regido por las leyes del mercado, y enmarcado en el contexto jurídico que asegure no solo su existencia, sino también la confianza pública en sus previsiones y desenvolvimiento. Acaso el Gobierno disponga aún de tiempo para paliar algunos efectos inesperados del conflicto y hasta es posible pensar si no han tomado a esta altura discretas decisiones en ese sentido los principales beneficiarios.Las declaraciones juradas de ventas por 7000 millones de dólares se descomponen en tres partes: una, por mercaderías que ya estaban a disposición de los exportadores; otra, por mercadería que estos salieron a comprar (por algo más de 4000 millones de dólares) y, en último lugar, por mercaderías que deberán adquirir ahora. El primer día de los tres de compras frenéticas, los exportadores pagaron por la soja 60 dólares más por sobre el precio preexistente, cuando las retenciones en cero abrían un horizonte de mayores alzas. Duró poco: lo ocurrido en la Argentina hizo caer los precios en Chicago y motivó protestas a Washington de agricultores norteamericanos.El gobierno tiene ahora por delante, como decíamos, examinar la forma de desarticular tensiones con el campo, nada menos que en un año electoral, y a las entidades agropecuarias ver la forma de encarar conversaciones con sus colegas de los Estados Unidos a fin de superar las fricciones producidas. Aquí se ha abierto una lección de alcance generalizado.El campo protestó poco o nada cuando el gobierno de Mauricio Macri, en medio de la crisis de la primavera de 2018, se apoderó, por urgencias impostergables, de 4 pesos por dólar proveniente de productos primarios y de 3 pesos por dólar sobre productos industriales. En los últimos años, hubo otras situaciones más, en algo parecidas, pero nunca con este carácter de despojo presunto de lo que el campo se disponía a aprovechar, y se difuminó en un santiamén. Ahí ha radicado, en lo esencial, la "bronca" generada.No cabe esperar que prospere la invocación que algunas entidades han hecho de la llamada ley Martínez Raymonda, de 2007. No es aplicable a lo ocurrido en este caso, sino a aquellos otros en que hay una suba inesperada de precios con el consiguiente aluvión de declaraciones juradas de venta. Allí, sí, el exportador, requerido por el Estado, debe demostrar la tenencia anterior de la mercadería antes de su liquidación. Macri la aplicó en 2018 y desarticuló operaciones por tres millones de toneladas sospechadas de haber contado con inside information.El campo no ha perdido ninguna "beca" con la fugaz vigencia de las retenciones cero por agotamiento del cupo abierto, como se ha dicho de manera infeliz. Siente, sí, que en el vaivén de este fenómeno que comentamos el tipo de cambio haya bajado de 1500 pesos por dólar a menos de 1400, disminuyendo aún más el poder adquisitivo que deja en el límite de la rentabilidad al 65% de las tierras en cultivo, que son por arriendo.Esperemos que el campo sienta, por igual, en reflexión introspectiva, que no basta con hacer todo bien tranqueras para adentro. Las empresas modernas, en la hora de la tecnología digital, deben contar con la capacitación suficiente para entender y aprovechar el vértigo operativo de los mercados.
La estrella de Harry Potter reflexionó sobre los desafíos de la vida adulta, admitiendo con honestidad y humor los tropiezos cotidianos que enfrenta fuera de los sets de filmación
Cuando en primavera escuchamos el inconfundible canto del hornero, rara vez pensamos en que ese sonido encierra una lección de igualdad. Este pájaro nacional, tan arraigado en la identidad argentina, no solo es un arquitecto del barro: también es un ejemplo de resiliencia, de trabajo en pareja y de una cooperación que podría llenar charlas TED.La paisajista Agustina Anguita lo explica con precisión: "En primavera, el hornero, pájaro nacional de la Argentina, comienza a construir su nido. Y lo hace en equipo con su pareja." Esa palabra â??equipoâ?? no es casual. Mientras gran parte del reino animal organiza sus tareas en roles rígidamente marcados por sexo, el hornero divide la construcción, la incubación y la crianza en partes iguales.Durante diez días, macho y hembra amasan barro, cargan pajas, recogen crines y pequeñas piedras. Así construyen un futuro hogar que no es eterno, sino apenas un espacio transitorio para la reproducción, que luego abandonan. La lección es doble: no solo construyen juntos, también saben cuándo soltarIgualdad y coordinaciónEn la etapa siguiente, la igualdad persiste. No hay madre abnegada ni padre proveedor: hay turnos, coordinación y constancia. El período de incubación dura entre 14 y 18 días y ambos padres se turnan para empollar los huevos. La paridad está en los cimientos de su ciclo vital.Y lo mismo ocurre en la crianza. Los pichones nacen ciegos, indefensos, necesitados de calor y alimento. Ninguno de los padres se desentiende: "Los pichones nacen sin plumas y ciegos, por lo que necesitan de sus padres para alimentarse y protegerse durante 25 días", detalla Anguita.Mientras los humanos seguimos discutiendo por licencias parentales igualitarias, desigualdad en las tareas domésticas y violencia de género, el hornero despliega una coreografía de cooperación radicalmente equitativa. La igualdad, parece, no es una invención moderna ni una bandera en disputa: es un patrón evolutivo que ya estaba ahí, agitando alas sobre nuestras cabezasCómo protegerlosEn los nidos de barro de los horneros late una ética de cooperación y resiliencia. Sin embargo, su canto cotidiano muchas veces se enfrenta con amenazas urbanas. La paisajista Agustina Anguita ofrece claves sencillas para que este constructor incansable siga habitando balcones, plazas y veredas urbanas. Proteger su hábitat, evitar el uso de pesticidas y herbicidas. Tengamos en cuenta que los agroquímicos pueden contaminar el barro y los alimentos que recolectan en las inmediaciones. Proporcionar agua. Colocar bebederos poco profundos. Recordemos limpiarlos diariamente para mantener el agua pura para ellos y que, además, no sea un lugar propicio para las larvas del dengue. Facilitar material para sus nidos. No hace falta barrer todo. Esos pastitos, ramitas y piedritas que uno tiraría a la basura son tesoros para ellos. No molestar. Si tenemos la suerte de contar con un nido en nuestro alero, en nuestro poste de luz o árbol, evitemos acercarnos o hacer ruidos muy fuertes cerca de ellos. Sobre todo si están construyendo el nido o cuidando pichones.
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A fuerza de siglos de cicutas, hogueras, inquisiciones, campos de concentración y demás atrocidades, la humanidad ha convenido en que los pilares sobre los cuales se erige la arquitectura del saber humano radican en la consciencia de la ignorancia, el amor por el conocimiento, el valor de la duda y la pulsión por responder en libertad las preguntas primeras, esto es, la filosofía.No fue casualidad, por ejemplo, que en los convulsionados años 70 de la Argentina, lo primero que se enseñaba a un incauto aprendiz de revolucionario era que la lógica dialéctica desmentía a la burguesa impostura de la lógica aristotélica, y de modo reducible a un pueril duelo entre el sabio Heráclito y el siniestro Parménides, por lo cual los jóvenes militantes podían ahorrarse la discusión en la universidad, salvo para imponer allí la forma "correcta" de pensar, es decir, la antítesis de la filosofía.Aunque hoy no resta margen en ámbitos técnicos para jugar con esta clase de sofismas, pues de lo contrario hasta las licuadoras estallarían en las manos, alguna parte del pensamiento actual continúa coqueteando con el irracionalismo, desde la política populista hasta la academia sofisticada, por no hablar de las infinitas prácticas alternativas o de autoayuda poco serias o de sectas o gurúes con discursos que ya en aquellos años 70 se calificaban como cheap philosophy.Sin embargo, el problema radica menos en esos círculos, donde cada adulto puede entretenerse como le plazca, sino en los niveles más elementales de la educación, donde las mentes infantiles y juveniles están ávidas de aprender a pensar por su cuenta, condición esencial para una vida digna.Ocurre la paradoja de que, aunque todos coinciden en que el conocimiento es la clave del desarrollo, en que el futuro depende de seres capaces de reflexionar críticamente, por sí mismos y en libertad, la filosofía continúa siendo una materia accesoria y decorativa que puede aguardar a un secundario avanzado, como si antes de eso no fuera necesario aprender a pensar. Esto implica la absoluta inversión de una sucesión educativa lógica, si admitimos que la filosofía constituye la base de todo conocimiento.Suponemos que niños y jóvenes no serían capaces de ponernos en aprietos con interrogantes trascendentes, cuando es evidente por la tortuosa experiencia histórica argentina que nuestra sociedad adulta ha carecido de indispensables herramientas reflexivas y morales. Se requiere enseñar, ya desde la infancia, rudimentos filosóficos, como el amor al saber, la virtud de pensar con lógica y de actuar con ética, el rigor de la argumentación, apreciar el arte con criterios estéticos, los pares esencia-existencia o sustancia-forma, la duda como base de un pensamiento crítico, el empleo de métodos elementales como la inducción y la deducción, familiarizarse con esas aporías que se confunden con las fábulas infantiles, o las vidas ejemplares de los grandes filósofos.Continuar subestimando la capacidad reflexiva de niños y jóvenes, demorando su formación filosófica, los dejará cada vez más en manos del irracionalismo que consumen en las redes, donde predominan el terraplanismo, las teorías conspirativas y otros despropósitos, y donde se les enseña a no reflexionar sino a incorporar información sin fuentes, a creer sin vacilar, a discurrir sin lógica y, a menudo, a proceder sin moral.Bastaría evocar la sabia creación de Quino para abrir la inmensa puerta de la curiosidad infantil hacia un tipo de razonamiento afín a la filosofía, pues las pequeñas Mafaldas de hoy continúan planteándose los mismos interrogantes que, como en aquella célebre tira, nadie les responde.
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En 1972, el país estaba gobernado de facto por Alejandro Agustín Lanusse. La denominada "Masacre de Trelew" reafirmaba que se trataba de tiempos violentos. Ese mismo año, un avión de la Fuerza Aérea Uruguaya se estrelló en la Cordillera de los Andes, dejando un tendal de víctimas y unos pocos rugbiers sobrevivientes que dieron vida al mito de la "tragedia de Los Andes". Casi un mes después, el 17 de noviembre, otra aeronave, el vuelo 3584 de Alitalia, proveniente de Roma, con una parada en Dakar, aterrizó en Ezeiza, marcando el regreso de Juan Domingo Perón al país, luego de diecisiete años de ausencia. En Buenos Aires, el 12 de diciembre, en las postrimerías de 1972, se estrenaba la obra La lección de anatomía, escrita y dirigida por Carlos Mathus, con una función ad hoc realizada en el marco de un Congreso de Medicina Psicosomática, que se llevaba a cabo en el hotel Sheraton, inaugurado tan solo cuatro meses antes en un enclave privilegiado, y hasta entonces desolado, del barrio de Retiro.Aquella propuesta artística, de profunda poética y transgresora semántica física, interpeló al auditorio de eruditos. Fue el inicio de un camino que se continúa hasta hoy. Cincuenta y dos años después, la pieza sigue en cartel -con funciones regulares en el bello teatro Empire de Buenos Aires- alimentando la estadística récord y engrosando la leyenda en torno al longevo material, que potencia las cualidades de la poética del teatro físico y performático, y que cobró notoriedad por los resonantes desnudos totales de sus protagonistas, pero que es mucho más que eso. "Creo que todos atribuimos la permanencia de la obra al hecho de que no tiene espacio ni tiempo, trata sobre la naturaleza humana; habla sobre los miedos, vínculos, amores y frustraciones de los hombres y mujeres, algo sobre lo que siempre se puede hablar", reflexiona la docente, investigadora e historiadora Ana María Rozzi de Bergel, autora de Desnudos, amados y censurados (Eudeba-Proteatro), volumen que compila con notable rigurosidad la trayectoria de la pieza cuya vigencia se define en la trascendencia de los tópicos que aborda. La exdocente comparte la charla con LA NACION junto con todo el elenco que actualmente protagoniza el material y su directora. Con timidez -aunque media hora después se muestren despojados de ropas sobre el escenario-, lo intérpretes van desentrañando el misterio en torno de La lección de anatomía, decodificando la propia experiencia y enumerando un sinfín de anécdotas en relación con los espectadores y sus reacciones frente a la provocadora propuesta. Grandes nombres"Señora, ¿me permite su documento?". Eran tiempos de dictadura y la actriz, completamente desnuda parada en el medio del escenario, observó su propio cuerpo e inquirió al agente policial partícipe de la razia: "¿Dónde quiere que tenga guardada mi cédula?". La artista era la recordada Alicia Aller, uno de los tantísimos nombres que formaron parte de los diversos elencos que fueron alimentando la historia de este fenómeno del teatro argentino, solo comparable con la permanencia de la comedia Brujas o el espectáculo Salsa criolla, de Enrique Pinti, aunque ambos con menos permanencia en cartel. Jorge Mayorano, Virginia Innocenti, Carlos Andrés Calvo, Claudio Gallardou, Esther Goris, Gustavo Garzón, Liliana Pécora, Osvaldo Guidi y Cecilia Cenci fueron algunos de los intérpretes de la pieza que luego cobrarían notoriedad pública. Hace pocos años, Facundo Calvo, hijo de "Carlín", también formó parte del elenco. En una versión montada en España, uno de los protagonistas fue Eusebio Poncela. "Se pensó para una sola función en el Congreso de Medicina Psicosomática de 1972. Sin embargo, se mantuvo en cartel, sin interrupciones, hasta 2008", recopila Rozzi de Bergel.En ese prolongado lapso de tiempo, se llevaron a cabo representaciones no solo en la Argentina, sino también en Brasil, Chile, Venezuela, Uruguay, Paraguay y España. Las resonancias de la pieza hicieron que programadores de festivales internacionales se interesaran por ofrecerla en las grillas de sus encuentros y fiestas del teatro, tal como sucedió en Graz, Austria. La estructura de la propuesta se define en situaciones independientes, en las cuales los actores van mutando sus roles. Aunque conlleva una dramaturgia de la palabra, la performance física define el lenguaje del material. "Debido a sus características, originalmente, en Argentores se la registraron a Mathus, pero no la consideraron obra", recupera la historiadora Rozzi de Bergel. César González Mathus es uno de los responsables de sostener el legado de Carlos Mathus y Antonio Leiva y quien administra el Teatro Empire, de arquitectura art decó y muy bien conservado. El productor reconoce que "Carlos Mathus fue uno de los primeros dramaturgos y puestistas que comenzó a trabajar con el montaje como obra, con lo cual el texto tenía un carácter circunstancial dentro de un marco muy simbólico, por eso no había forma de registrarla, ya que, en ese tiempo, se pedía que las obras estuvieran divididas en actos y cuadros. Fue gracias a Ulises Petit de Murat (secretario general de Argentores) que se pudo registrar y computar actos para que pudiera tener su reconocimiento en relación a los derechos de autor". "La obra plantea los conflictos de fondo y atemporales de los seres humanos, la lucha por ser uno mismo y la proyección en los hijos estuvieron siempre presentes", desliza Omar Ponti, actor de 63 años que lleva 32 protagonizando la pieza, siendo el más antiguo de la compañía, discípulo de Carlos Mathus y compañero de escena, durante años, de Antonio Leiva. Leiva fue protagonista y luego director de la obra, y compañero de vida del autor. "Fue la primera obra que vi en mi vida y la primera en la que actué mientras estaba terminando el Conservatorio Nacional", recupera Ponti. Sebastián Pérez (41) es otro de los integrantes del equipo con mayor antigüedad: "Comencé como asistente hace veinte años, hoy soy padre de dos hijos y la obra sigue muy presente en mi vida". Él es quien recorre la escena asistiendo, tomando vestuarios, enmarcando el despojo y devolviendo las prendas que cubrirán los cuerpos de las almas ya desnudadas. "Expone lo que sucede en la vida real, tomando en cuenta tópicos como la culpa y los mandatos. La obra es una cachetada a la vida misma, a un mundo en guerra, por eso nosotros nos desnudamos en cuerpo y alma". Falta una hora para el comienzo de la función. Los integrantes del elenco van ocupando sus lugares en la sala, ubicada a metros del palacio del Congreso Nacional y, como en un ritual imprescindible, comienzan con el trabajo de preparación física. La lección de anatomía, por cierto, requiere de ellos una gran concentración y un entrenamiento para poder cumplir con escenas desafiantes como la denominada "footing" donde corren en escena durante varios minutos, sin dejar de decir sus parlamentos. Un momento clave del desarrolla argumental. TrayectoriaLuego de aquella primera presentación en sociedad en el congreso médico realizado en el hotel de Retiro, Carlos Mathus, alertado por la repercusión obtenida, decidió buscar sala para ofrecer la obra a un auditorio expandido. No fue fácil. Los tiempos dictatoriales y la osadía vanguardista de la pieza no se llevaban bien. Luego de mucho peregrinar, el oasis se abrió lugar en una galería ubicada en la intersección de las avenidas Santa Fe y Pueyrredón. Allí, en el llamado Theatron, permaneció durante diez años en cartel. Luego, para celebrar la década de existencia, el espectáculo se dio en el Tabaris, por iniciativa de sus propietarios Carlos Rottemberg y Guillermo Bredeston, siendo uno de los primeros casos en que el circuito independiente accediera a un escenario de mayor visibilidad en plena Calle Corrientes. Hoy, el fenómeno es bien habitual. A lo largo de sus 52 años de vida, La lección de anatomía también realizó funciones en las salas porteñas Alfil, Gloria, Lorange, Blanca Podestá, Variedades, Ateneo, Esmeralda, Arte Belgrano, La Comedia y Bauen. "Nunca supimos por qué Carlos Mathus decidió bajar la obra en 2008. Una noche dijo: 'Esta obra no va más', la dejo de representar", recuerda la historiadora Rozzi de Bergel. En 2017, año en que falleció Mathus, Antonio Leiva, uno de los históricos actores de La lección de anatomía (la representó durante 36 años), decidió reponerla, volviendo a escribir una historia que se continúa hasta hoy. El 11 de mayo del año pasado, en pleno proceso de reposición con un nuevo elenco, Leiva falleció, pero dejó el legado en un sólido equipo de trabajo. "Quedamos huérfanos", grafica Cristian Frenczel, actor de la compañía y responsable de la producción ejecutiva.Yamila Gallione ingresó al elenco en la temporada reposición de 2017 y es hoy la responsable de la dirección del espectáculo, luego de un interregno donde fue dirigida por la historiadora Rozzi de Bergel: "Siempre se buscó respetar a la propuesta original, así que a mí trabajo lo entiendo como una preservación de todo eso, de modo que no pierda sus límites, que no se abandone el sentido y el foco de lo que se contó siempre". La directora, única integrante del staff actual elegida por Carlos Mathus, reconoce que "Antonio Leiva era muy líder, así que, con él en vida, jamás imaginé que yo podría dirigirla, fue una sorpresa". Desafiante"Es un trabajo intenso, requiere de una gran preparación ya que el desgaste físico es grande. Cuando entré, me cagâ?¦ todo. Estaba asustado, era mucho por absorber", sostiene el actor Franco Genovese (25), quien reconoce que "más que una obra, es una experiencia, una verdadera lección de la anatomía del humano en sociedad"."Ingresé este año, pero siento que conocí a Carlos Mathus y Antonio Leiva. Pregunté y me contaron mucho" explica Natalia Duzdevic (31), actriz que, el año pasado, sin imaginar qué le depararía el destino, asistió como espectadora a una de las funciones y, al abandonar la sala, experimentó una pulsión interior, esas que algunos llaman "ley de la atracción". No siempre sucede, pero sucedió: "Aquella noche, sentí que deseaba ser parte". Algo similar experimentó el actor y productor ejecutivo Cristian Frenczel (43), quien actuaba en la obra El reñidero, de Sergio de Cecco, cuando le propuso a Antonio Leiva formar parte de La lección de anatomía: "Luego de verla, salí completamente conmovido, deseando hacerla, no podía creer que alguien haya escrito tremendo texto, simple, pero con el poder de las palabras acompañadas por el cuerpo. Acá el esfuerzo no es solo físico, es un desgaste emocional". Algo aspiracional encierra el trabajo en esta compañía histórica. El actor Marcos López (34) entiende que "la gente de afuera puede pensar que uno se aburre, pero nunca es igual, estar arriba del escenario es un hecho colectivo".Cuando la mayoría de los intérpretes que hoy forman parte del elenco nació, la obra llevaba más de dos décadas en cartel, toda una curiosidad. La escena "Camino a la autodestrucción" está sostenida en una suerte de footing coreografiado. "Es el camino de un empleado que desea quedar bien con todo el mundo para llegar", explica Frenczel. "Es muy complejo disociar palabra de movimiento", argumenta la directora Gallione. El momento de ese footing escénico conmueve e impresiona por igual. Desnudez"Hace varias décadas, desnudarse era duro no solo para el actor, sino también para el público, un shock. Aún hoy, no se trata de un desnudo erótico, es muy directo. Sin embargo, luego del desnudo, la obra te pega una desnudada más fuerte, que es la emocional", ironiza el actor Omar Ponti. Quién no vio La lección de anatomía, seguramente tendrá alguna referencia del material por los famosos desnudos totales que los intérpretes realizan durante el tramo inicial de cada función. Sin embargo, la propuesta va mucho más allá. "No nos desnudamos para agradar desde lo estético, hay un fundamento para que eso suceda, entonces no aparecen dudas o inseguridades con respecto al propio cuerpo", explica lúcidamente Cristian Frenczel. En la década del setenta, era toda una transgresión que actrices y actores se expusieran frontalmente y de una manera poéticamente descarnada. Aún hoy, podría aseverarse que un espectador conservador se verá inquietado por la situación.Ancestralmente, el arte ha desnudado mucho más a la mujer que al hombre. El David de Miguel Ángel, en pleno Renacimiento, conmocionó por su belleza, puntillosidad y riesgo. La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp, obra pintada por el artista neerlandés Rembrandt, no ofrece un desnudo total, pero hay en esa clase magistral y en el cuerpo en reposo que cubre su genitalidad una manifestación cuyas resonancias tomó Mathus para construir su ideario. "Había otras problemáticas y desafíos en la obra que hicieron que el desnudo no sea lo más complejo de resolver. Desnudarse era el menor de los problemas, el hecho que sea colectivo lo hace más llevadero, la exposición no es individual y, arriba del escenario, todo cobra otro sentido", sostiene Yamila Gallione.El elenco reconoce que, cuando les tocó posar para las fotos de promoción del espectáculo, la desnudez fue mucho más incómoda, ya que no estaba amparada en el desarrollo de un argumento. "Uno entrena para subirse al escenario y desconfigurarse, el desnudo no se piensa racionalmente, en la escena se pierde ese filtro", confiesa Franco Genovese. "No es un desnudo sexualizado", entiende, con razón, la actriz Agustina Sena (28).El elenco coincide en el respeto de cada uno de los integrantes del staff artístico y de los trabajadores de la sala, quienes los hacen sentir seguros en ese momento crucial e iniciático de cada función. "En una playa nudista tendría mayores reservas", sostiene Frenczel y todos festejan su ocurrencia. Desde ya, abuelos, padres y hermanos de los actores vieron la obra y, algunos, no dudaron en recriminar con un "no nos avisaste", pero el desnudo está muy amalgamado a la dramática del relato con lo cual no hay una prioridad en eso. "El pudor aparece en los familiares y amigos, no en nosotros", coinciden todos y reconocen que "produce libertad", tanto en ellos como en la platea. Romper la cuarta paredLos actores reciben al público en el ingreso a la platea. Ritual. Como en la Grecia Antigua, para establecer desde el vamos la conversación espiritual y generar el clima de intimidad que requiere el material. "Se habilita a todo lo que puede suceder, se rompe la negación", manifiesta la directora. Cerca del final de la representación también se rompe con la "zona de veda" y se confunden liminalmente las áreas de escena con las de expectación. Uno de los tramos más simbólicos del material encuentra a los actores transitando la platea, encontrándose cara a cara con el público. Una comunión física y emocional. Ana María Rozzi de Bergel, quien dirigió la pieza durante los cuatro años que Carlos Mathus estuvo radicado en Brasil y, posteriormente, en el interregno producido luego del fallecimiento de Antonio Leiva, reconoce que "los actores siempre me manifestaron que esa escena, cuando bajan a compartir con los espectadores, es la que les resulta más difícil de hacer, debido al acercamiento directo". Es habitual que los espectadores, cerca del final, abracen a los actores. "Es un gracias muy genuino por lo que dijimos y por la entrega, pero es recíproco, nosotros les agradecemos a ellos", reconoce Natalia Duzdevic. Los espectadores más efusivos no evitan llorar durante la función. El llanto no es dramático, sino la manifestación de la emoción que emerge del material. Una catarsis. "La obra es amorosa", dice la biógrafa. "La primera vez que la vi no pude hablar ni llorar, la energía es tan fuerte que terminé encapsulado", confiesa el actor Franco Genovese. "Hay algo cultural que nos atraviesa, a los hombres les cuesta llorar, pero la obra trasciende eso", entiende la actriz Agustina Sena.AnécdotasA lo largo de más de medio siglo de funciones, las anécdotas en torno a los espectadores son innumerables. Algunas conllevan ribetes risueños y otras son fruto de la movilización interna que produce lo que se cuenta y se ve. Durante una celebración del Día del Padre, en medio de una escena fortísima que retrata un hecho violento entre un padre y su hija, una espectadora se levantó de su butaca y gritó: "No le podés hacer eso a tu hija y menos en el Día del Padre". En otra función, cuando el personaje del padre le pregunta a su hija: "¿Querés estar sola?, te dejo sola", un espectador gritó: "Va a estar mejor que con vos, hijo de putâ?¦". Hace no demasiado tiempo, una mujer se pasó buena parte de una función repitiéndole a uno de los personajes: "Mentira, mentira". Refutaba todo lo que se decía en escena, convencida de su propia escala de valores. "A muchos espectadores les agarran ataques de risas o de histeria durante la escena del desnudo. En ese caso, los miro fijamente hasta que se les pasa. Es parte del nerviosismo que produce lo que se manifiesta", cuenta Omar Ponti. El actor, con tantos años en la compañía, vio de todo. "Una chica, que formaba parte de un grupo de boy scouts, se descompuso, porque una escena mía le resultó muy violenta. Como estaba muy afectaba, luego de la función me quedé a conversar con ella", recuerda Ponti en torno a esa situación por demás incómoda que vivió mientras desarrollaba la escena en la que sobrevuela el tema de un abuso.En menos de media hora comenzará la función. Nadie sabe ya qué número de representación será. Son miles a lo largo de 52 años. En camarines se van quitando sus prendas, incluso la ropa interior, ya que salen a escena con un vestuario funcional para quedar desnudos ante el público. En el mecanismo de relojería que también incluye el maquillaje y peinado, aparece el pudor que, como manifestaron, no experimentan a la hora de la escena. "¿Tiene que seguirse haciendo La lección de anatomía? Cada vez que me lo pregunto, mi respuesta es afirmativa. Siempre se encuentra algo nuevo que dialoga sobre la sociedad, la obra va por fuera de modas o tendencias", finaliza César González Mathus. Afuera esperan los espectadores en una fría tarde de domingo. Algunas personas con cabello entrecano están acompañadas por gente más joven. Padres, que vieron la obra hace años, hoy traen a sus hijos, una costumbre saludablemente habitual. Para agendarLa lección de anatomía. Próximas funciones: sábados 2 y 30 de agosto a las 20.30; domingo 17 de agosto a las 20. Sala: Empire (Hipólito Yrigoyen 1934).
En un nuevo episodio de La Fórmula Podcast, el autor y conferencista repasó su experiencia en la montaña, cómo enfrentó el límite de lo humano y qué lo ayudó a seguir adelante. A más de 50 años del accidente, su testimonio sigue conmoviendo e inspirando a miles de personas en todo el mundo
Vajda Zoltan Attila fue sentenciado a 2 años y 6 meses de prisión suspendida y un pago de 10 mil soles de reparación civil
La historiadora presentó indicadores de la economía de principios del siglo XX para refutar la idea del Gobierno de que la Argentina podía ser considerada una potencia mundial. Leer más
-Ah, con Mario, ¿sí? ¿Vos sos un machista, además? -suelta indignada Ana ante la respuesta sesgada y masculina del invitado.-Primate -Hans sube la apuesta-. La guerra la ganaron los primates. La fuerza de la especie contra Cristo, Marx, Bakunin. La vuelta triunfal a la noche de los tiempos. Cada uno a su árbol y a luchar. Libertad, fraternidadâ?¦ ¡leches!El crudo y rasposo diálogo pertenece a Un lugar en el mundo (1992), película dirigida por Adolfo Aristarain y protagonizada por Federico Luppi, Cecilia Roth y el español José Sacristán, quien interpreta a Hans, un geólogo "gallego" -pero descendiente de alemanes- que ha mutado del idealismo anarquista al realismo capitalista. Si antes dejaba la piel por la revolución, hoy se limita a estudiar el suelo puntano para engordar las arcas del siniestro intendente Andrada y de distintas multinacionales.Un pragmatismo parecido -aunque más maduro y saludable- ha mostrado recientemente Sacristán en la vida real. Frente al caso de corrupción que zarandea al gobierno socialista de Pedro Sánchez en España, el actor, a pesar de sus convicciones socialdemócratas y su histórica simpatía por el partido de la rosa, fue tajante: "Esto es sencillamente impresentable. Y la solución tiene que ser terminante".Aunque Sacristán no fue el único del cosmos progresista que levantó la voz. El País, a quien nadie puede sospechar de ser un diario reaccionario al servicio de los intereses del opositor Partido Popular, publicó un editorial titulado "Credibilidad rota". En él sostiene que la imagen del mandatario socialista está seriamente dañada y le exige acciones contundentes para probar la transparencia del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Por carriles discursivos similares transitaron el expresidente Felipe González, dirigentes de la formación roja, intelectuales y artistas cercanos a la constelación izquierdista. Una autocrítica centrífuga, que se desprende del sesgo partidista y separa lo contingente (los líderes) de lo esencial (las convicciones).Como es harto sabido, la corrupción también contamina la Argentina. Hace varios días, la Corte Suprema confirmó la condena a seis años de cárcel de Cristina Fernández. Y uno podría animarse a trazar paralelismos con la madre patria, pero el problema reside en que en nuestra nación la atmósfera es muy distinta. Mientras en España las evidencias han cerrado la brecha de percepción social (la derecha y gran parte de la izquierda coinciden en la gravedad de los hechos), en la Argentina la han profundizado y, además, han operado como demarcadores de identidad: si creés en las pruebas, sos un "gorila"; de lo contrario, sos un "mandril" (sí, sí, los argentinos tenemos una tara con el maridaje zoología-política). En fin, el accionar judicial ha coagulado a las dos almas sociopolíticas del país.En la Argentina, el debate público -o lo que queda de él- ha sido cooptado por el razonamiento motivado: procesamos la información recibida de manera tal que nos permita llegar a la conclusión que anhelamos. Ajustamos los datos a las necesidades de nuestra causa. Y cerramos el grifo de la información crítica; si el amigo "kuka" manda estadísticas por WhatsApp o la tía "facha" nos muestra un reel contra Cristina Kirchner desechamos el material -sin ni siquiera mirarlo- solo por quién es el emisor; poco y nada importa el mensaje.El país ha ingresado en una especie de racionalidad seca. El pensamiento deliberativo ha sucumbido ante el pensamiento heurístico. Los atajos mentales, calibrados por la identidad partidista o la lealtad hacia una persona, conducen nuestros análisis y, por supuesto, algo que subestimamos bastante: nuestras relaciones, como con quién nos casamos, compartimos un asado o nos vamos de viaje. Cada vez nos vinculamos más con los que piensan y sienten igual. Así, la insularidad política deriva en homofilia.A su vez, el absolutismo moral está corroyendo la conversación política. Como en un régimen teocrático, cada tema o política pública rebana el escenario en santos y demonios. Las díadas ideológicas pierden fuerza en el lenguaje popular: Estado vs. mercado, distribución de la riqueza vs. propiedad privada, laicismo vs. confesionalismo, cosmopolitismo vs. nacionalismo. Ahora se trata de levantar el dedito y, de acuerdo con la narrativa que esgrime el otro, sentenciar: "buena o mala persona". Punto. Que pase el siguiente hereje. Ã?Director del Máster en Comunicación Política y Empresarial y del Laboratorio Digital de Narrativas Políticas de la Universidad Camilo José Cela
El recuerdo de un momento espontáneo y decisivo en Un viernes de locos resurge con fuerza, alimentando la expectativa ante el regreso de los personajes originales a la pantalla grande, según reportó Univisión
La empresa local que compró los activos de Exxon desarrolló hace 20 años junto a Techint el yacimiento Camisea, en el Amazonas peruano.Perú es el único país de Sudamérica que tiene planta de licuefacción de gas, y enseña a la Argentina qué hacer y qué no.
En medio de la polémica que ha desatado la serie 'Sin querer queriendo', Juan Antonio Edwards se refirió a los rumores que circulan sobre el mal carácter de la actriz
Durante años, Tsumura y su equipo recorrieron países y exploraron la tradición culinaria peruana antes de aventurarse a innovar. Esta mañana, llegó al Perú tras ser considerado como el mejor del mundo
El consejero andaluz de Justicia critica la falta de aprendizaje del PSOE tras el caso de los ERE y exige responsabilidades ante las supuestas irregularidades en contratos del 'caso Koldo'
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La intérprete de éxitos como "Conga" aseguró que, pese al dolor insoportable que vivió, no cambiaría nada de su experiencia traumática
Una foto espontánea en una cancha de fútbol infantil expone, sin proponérselo, un dilema crucial de la Argentina: ¿nos convertimos en una sociedad atravesada por el odio y la confrontación? ¿O apostamos a la tolerancia y el respeto por el otro? ¿Cultivamos la fragmentación y los antagonismos? ¿O sembramos los valores de la integración y de la sana convivencia?Todo ocurrió en un modesto torneo solidario, donde las inferiores de Newell's se enfrentaban a Defensores de Funes. La casualidad hizo que en las tribunas se encontrara Ignacio Malcorra, un jugador profesional que se ha convertido en la gran figura de Rosario Central. Estaba allí para acompañar a su hijo, que vestía la camiseta de Funes. Cuando lo reconocieron, seis chicos de Newell's quisieron sacarse una foto con él. Vieron a una figura talentosa, profesional, destacada. No les importó que fuera "de la contra" y que representara una camiseta diferente de la suya. Actuaron sin sectarismo, con una amplitud espontánea y gratificante. Esa foto, sin embargo, los condenó al señalamiento, la incomodidad y la exclusión. Las autoridades de Newell's decidieron suspenderlos y, según contó el padre de uno de ellos, hasta quitarles una beca que tenían en el club. Ahora los dirigentes niegan que haya sido una sanción; dicen que fue "para protegerlos" porque habían recibido amenazas. En cualquier caso, el mensaje es desolador: se penalizan el respeto y el reconocimiento hacia el rival.El episodio nos ofrece el retrato de una sociedad que cultiva los antagonismos y combate valores esenciales para la vida en común. El deporte, que debería promover el juego limpio, la competencia sana y la rivalidad civilizada, muestra gérmenes de un revanchismo primitivo, donde un gesto saludable es visto como "una traición".Aunque pueda parecer una historia de pago chico y quede rápidamente sepultada en la crónica de una Argentina que se levanta todos los días con noticias de alto impacto, deberíamos prestarle una especial atención al caso de los chicos de Newell's porque revela, de alguna forma, el espíritu que anida en la base de la sociedad.Cualquiera que se haya asomado a las ligas infantiles de fútbol habrá visto una tensión entre dos Argentinas: una que representa el compañerismo, la disciplina y el esfuerzo que se asocian a la práctica deportiva. Otra que insulta desaforadamente al árbitro, promueve la exaltación y alienta el "vale todo", como si se alimentara, en esas humildes canchitas suburbanas, un semillero de polarización e intolerancia que se extiende al resto de la sociedad.Otra foto del deporte mostró, hace pocos meses, una escala virtuosa de valores: fue la que retrató al técnico de la selección, Lionel Scaloni, tendiéndole un abrazo a Raphinha, una figura del equipo brasileño al que acababa de ganarle en las eliminatorias del Mundial. Fue un gesto cargado de simbolismo, porque Raphinha había tenido una frase desafortunada con la Argentina antes de salir a la cancha. Scaloni mostró grandeza, sensatez y generosidad. Pero, sobre todo, capacidad de comprender al otro y de minimizar incluso los errores en beneficio de algo superior: la armonía. Esa Argentina de la moderación, que no se regodea en el antagonismo y es capaz de abrazar al adversario, ¿es una Argentina en retirada? El propio Scaloni aportó, en el caso de los chicos de Newell's, su habitual cuota de sensatez: "A esa edad, yo hubiera hecho lo mismo. Lo que hay que valorar es que esos pibes se quisieron sacar una foto con un jugador de primera división". Su palabra tiene peso, no solo porque es el técnico de una selección campeona del mundo, sino también porque sus orígenes futbolísticos estuvieron precisamente en Newell's. Pero la pregunta surge otra vez, inevitable: ¿esas voces de razonabilidad y moderación empiezan a sonar aisladas, solitarias? La dirigencia de Newell's tal vez crea, secretamente, que Scaloni debería ser sancionado por la "traición" de abrazar a un adversario.La AFA, teñida de opacidad y concentrada en "los negocios", ha mirado para otro lado frente al revuelo provocado por la foto rosarina. Podría haber hecho, a partir de ese episodio, una valiosa contribución: promover que jugadores infantiles de diferentes equipos se fotografíen con referentes de clubes adversarios y exhibir esas imágenes en las canchas profesionales. Imaginemos la postal: chicos de las inferiores de Boca fotografiados con Franco Mastantuono, el crack de River; jugadores de las inferiores de River retratados con Edinson Cavani, estrella de Boca; chicos de Estudiantes de La Plata en una postal con Sandro Morales, figura de Gimnasia, y pibes de Gimnasia fotografiados con Santiago Ascacíbar, uno de los jugadores más destacados de Estudiantes. Esas imágenes de convivencia resultan, sin embargo, poco menos que impensables, como si hubiéramos perdido la capacidad de abrazar las diferencias, de respetar y valorar al otro, de ver más allá de nuestra propia camiseta.Lo que vemos en el fútbol se refleja en el espejo de la política: el diálogo y el respeto al adversario son vistos como signos de debilidad, mientras la agresión y el insulto se presentan como rasgos de firmeza y autenticidad. Los valores tienden a desnaturalizarse: la preocupación por "las formas" es un prurito de tibios y de "ñoños", mientras la crítica y el disenso son "operaciones" de "ensobrados" y "mandriles". Todo remite a una cultura del antagonismo, el resentimiento y el desprecio que es fogoneada por el poder desde hace décadas: antes desde un populismo de izquierda que convocaba a "escupir" a aquellos que lo criticaban, ahora desde un signo contrario que promueve el linchamiento en las redes. En muchos planos, la dirigencia exacerba esa lógica de amigo-enemigo, promueve los fanatismos y procura sacar réditos de la polarización. Al adversario se le niega hasta el saludo. En una conexión simbólica, la foto del desaire presidencial al jefe de gobierno porteño, al que dejó con la mano en el aire en el tedeum de la fecha patria, viene a justificar la sanción a aquellos chicos de Newell's que no supieron ejercer el desprecio.La convivencia se deteriora en una sociedad cada vez más tabicada, en la que se debilitan los espacios de encuentro y de integración. Se crea una atmósfera dominada por la lógica de las redes sociales, donde se naturalizan el bullying digital y los "fusilamientos" de "los haters". La sensatez, la cortesía y la moderación no se ven como un valor, aunque Scaloni nos muestre que con esos rasgos se puede ser campeón del mundo.Detrás del episodio de Newell's subyace una idea simplona y maniquea que contamina la vida pública hasta extremos patológicos: los únicos buenos son "los propios"; para "los otros", el desprecio, la indiferencia e incluso "el odio". Si no es "de los nuestros", no cabe el reconocimiento, mucho menos la admiración. Es una lógica que nos retrotrae a una sociedad de "bandos" y de "tribus", en la que la actitud conciliadora resulta sospechosa y hasta susceptible de ser penalizada. ¿Asistimos a un triunfo cultural de los códigos barrabravas?Hay una carga de enojo y un espíritu de confrontación e intolerancia que está enquistado, evidentemente, en sectores de la sociedad. ¿Cómo se paran los líderes frente a eso? Tal vez haya que volver a mirar Invictus, aquella célebre película que retrata la llegada de Mandela al poder en una Sudáfrica que empezaba a dejar atrás el apartheid. Venía de pasar 27 años en una prisión injusta en Robben Island, una isla carcelaria frente a Ciudad del Cabo. Tenía motivos personales para cultivar el revanchismo, pero promovió la conciliación, el encuentro, el abrazo y la integración. Lo hizo, incluso, en contra de lo que le demandaban sus propias bases. Hay una escena conmovedora en la que les dice a "los propios" lo que no quieren escuchar. Se ve ahí la estatura de un verdadero líder.Mandela, precisamente, encontró en el deporte, en ese caso el rugby, el vehículo más poderoso para transmitir a la sociedad un mensaje de integración y de unidad. Basada en el libro de John Carlin y dirigida por Clint Eastwood, la película hoy debería proyectarse en las escuelas argentinas.Si aquella historia lograra inspirarnos, alguien debería llamar a los seis chicos de Newell's que se sacaron una foto con el jugador de Central, no para reprocharles nada, sino para felicitarlos y agradecerles su ejemplo. Nos dieron, con la ingenuidad, la frescura y la inocencia de sus 9 años, una verdadera lección de convivencia. Son chicos que "no odiaron lo suficiente". En esa foto, hay un soplo de esperanza.
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NUEVA YORK.- Érase una vez un niño llamado Cal que amaba los pulpos. Cal vivía en Oklahoma, un estado sin salida al mar. Un día, apareció en su casa un paquete especial: un pequeño pulpo mascota, con brillantes manchas azules en su cabeza, y Cal lo llamó Terrance.Terrance resultó ser hembra, y estaba embarazada. Un pulpo se convirtió en 51, ocho tentáculos se volvieron 408. El padre del niño, Cameron Clifford, trabajaba día y noche para mantener vivos a los pulpos.La primavera pasada, Clifford, quien es dentista, hizo una crónica de los esfuerzos de la familia en TikTok, y la historia pronto se convirtió en lo que solo puede describirse como megaviral. Los videos de TikTok acumularon millones de visitas, y después aparecieron los medios de comunicación. Durante un breve periodo en abril del año pasado, la historia parecía estar en todas partes: National Public Radio, USA Today, The Associated Press, The Daily Mail, Good Morning America, The Washington Post y, sí, The New York Times.Y entonces, las actualizaciones de TikTok cesaron abruptamente. Los medios de comunicación y el público siguieron con sus vidas. Pero de vez en cuando me preguntaba qué había ocurrido después. Así que llamé a Clifford para averiguarlo."Desgraciadamente, el final no es de cuento", me dijo. "Los cuentos de hadas omiten muchos detalles".Ahora, un año después de que el escuadrón de cefalópodos se hiciera famoso, lo que antes parecía un cuento de hadas moderno podría leerse mejor como uno con moraleja: sobre el poder de las redes sociales, los peligros de la fama y los retos que supone vivir con (y amar a) criaturas que están hechas para un mundo muy alejado del nuestro.Escuadrón de cefalópodosCualquiera que sintonizara, aunque fuera brevemente, la cobertura de los Clifford se habría enterado de que en el centro de la historia estaba el amor de toda la vida de un niño por los pulpos y su ferviente sueño de tener uno como mascota. Puede que nunca se habría hecho realidad si no hubiera sido por las redes sociales y por la casualidad de que, en 2023, Clifford no tenía trabajo y no sabía qué hacer.Fue entonces cuando se encontró por casualidad con una tienda especializada en acuarios y se enteró de que, contrario a lo que le había dicho a su hijo durante mucho tiempo, era posible tener un pulpo como mascota en Oklahoma. Aquella noche, durante la cena, Clifford le dijo a Cal que, aunque no le prometía nada, en teoría era posible tener un pulpo de mascota. Cal se sintió tan abrumado que se echó a llorar. "No sabía que eso podía pasar", sollozó.A Clifford le pareció tan entrañable la reacción de su hijo que la grabó y la compartió con los amigos y familiares que seguían su cuenta privada de Instagram. La respuesta fue casi unánime: no era justo tentar a Cal con la posibilidad de tener un pulpo mascota sin conseguirle uno.Clifford documentó cada acontecimiento en su cuenta privada. Compartió videos de sus semanas de preparación, la llegada de Terrance justo a tiempo para el noveno cumpleaños de Cal y el descubrimiento de que Terrance había liberado una diminuta nube de huevos.Cal, que conocía de la biología de los pulpos, estaba desolado; en la mayoría de las especies, las hembras ponen huevos una sola vez y mueren poco después. Todo lo que los Clifford habían aprendido sobre los pulpos sugería que probablemente los huevos no estaban fecundados, lo que significaba que Terrance pasaría el resto de su corta vida protegiendo unos huevos que nunca eclosionarían.Pero los huevos sí eclosionaron, y los Clifford, que nunca habían tenido una mascota, ahora tenían 51. Fue un reto de cuidado al nivel de los más experimentados. Los seguidores de Instagram de Clifford lo siguieron mientras descubría cómo alojar y alimentar a las crías, que necesitaban un suministro regular de presas vivas, como crías de camarón, enviadas desde las costas, un gasto de varios cientos de dólares a la semana."A todo el mundo le encantaba, y todo el mundo me preguntaba por ello", dijo. Finalmente, la esposa de Clifford le sugirió que llevara la historia a un público más amplio y creó una cuenta pública en TikTok.Fama instantáneaVisto desde fuera, Terrance y sus 51 bebés parecían haber nacido para TikTok, y Clifford parecía tener un talento innato y utilizaba humor autocrítico, chistes que haría un papá y juegos de palabras. (En un momento dado describió a la familia como "invOSTRAndo la existencia de nuestro cefaloPANA").En realidad, había dudado en aventurarse a la plataforma, en parte porque se consideraba una persona reservada. Su primera publicación â??un breve video sin contexto de Terrance en su tanqueâ?? fue un fracaso, y en los comentarios lo criticaron por tener un pulpo en cautividad.Los pulpos son complejos e inteligentes, además de frágiles y sensibles. También son difíciles de mantener y criar en cautividad, razón por la cual muchos pulpos de compañía, incluido Terrance, empezaron su vida en la naturaleza."El hecho de que esté en un tanque y puedas hacer algún tipo de facsímil de su entorno nativo no significa que lo estés manteniendo en su entorno totalmente natural", dijo Kelley Voss, bióloga marina que ha estudiado varias especies de pulpo en libertad y en cautividad. "Creo que los acuarios son muy valiosos, pero tenerlo solamente como mascota en tu casaâ?¦ me temo que va a ser una situación en la que estás actuando de forma tonta y te enfrentarás a las consecuencias".Clifford comprendía estas preocupaciones, pero no consideraba que tener un pulpo fuera una infracción ética grave, sobre todo teniendo en cuenta que a menudo estos animales se comen. "Yo como carne, así que decir algo como: 'No, no deberías tener un pulpo como mascota', mientras me zampo una hamburguesa con queso y tocinoâ?¦", dijo sin terminar la frase.Pero se dio cuenta de que sí le importaba lo que pensaran personas desconocidas en internet. Así que decidió mostrar a la gente lo mucho que su hijo amaba a los pulpos y cuán en serio la familia se tomaba esta responsabilidad.Clifford empezó a publicar unos cuantos videos al día, explicando a los espectadores la historia desde el principio. Esta vez, la cuenta despegó. "La comunidad de TikTok se solidariza con las historias que hacen sentir bien", dijo Clifford. Los medios de comunicación llegaron después.En cierto modo, la fama repentina fue divertida, dijo Clifford, y tuvo algunos beneficios inmediatos. Antes de TikTok, había buscado desesperadamente, y casi siempre en vano, ayuda experta para las crías. Ahora tenía a expertos en pulpos y cuidadores experimentados que acudían a él para ofrecerle ayuda."Siempre me encanta cuando los pulpos aparecen en los medios de comunicación y la gente se muestra realmente dispuesta y deseosa de aprender más sobre ellos", dijo Meg Mindlin, estudiante de posgrado de la Universidad de Walla Walla, en el estado de Washington, quien estudia pulpos en el laboratorio y empezó a hablar regularmente con Clifford.Mindlin, que utiliza su cuenta de TikTok, @invertebabe, para la educación científica, vio en Terrance una oportunidad para enseñar al público sobre la biología de los pulpos y los retos de mantenerlos en cautividad. "Fue un momento muy divertido en internet", dijo.Pero la atención también podía ser abrumadora. Algunos medios de comunicación eran intrusivos; Clifford descubrió a un camarógrafo de televisión paseándose por la casa sin supervisión, grabando fotos de la familia.También empezó a recibir noticias de seguidores en internet que querían ayudar a financiar el cuidado de las crías. Las ofertas eran bienintencionadas, dijo Clifford, pero lo incomodaron. Había muchas causas en el mundo que valían más la pena, me dijo, y no quería dar la impresión de que las crías de pulpo sufrirían si la gente no hacía donativos."No quería que se supusiera algo como "Oh, no, este pulpo solo va a tener una vida grandiosa si le das al botón de suscribirse', o lo que fuera", dijo. "Quería que la gente supiera: hice esto por mi propia responsabilidad, de mi propio bolsillo. Soy perfectamente capaz de llevarlo a cabo".Pero como las ofertas seguían llegando y los gastos se acumulaban, cedió, aceptando muy brevemente algunos donativos a través de Venmo antes de empezar a vender camisetas personalizadas. (Algunos de sus videos más populares de TikTok también acabaron aportando dinero, dijo).En sus publicaciones, Clifford intentaba ser claro sobre las dificultades de tener un pulpo: los costos, la falta de sueño y los graves daños causados por el agua en su casa, que requirió importantes remodelaciones. "No quería perpetuar ni idealizar el tener una cría de pulpo", me dijo.A pesar de esos esfuerzos, se vio desbordado por las peticiones para adoptar una cría."Si lo pones ahí fuera, la gente lo querrá", dijo Vincent Nijman, experto en comercio de animales salvajes de la Universidad Oxford Brookes, quien ha estudiado el papel que desempeñan las redes sociales en el comercio de mascotas exóticas. "Y si dices: 'No tengas una', es un poco como no predicar con el ejemplo, ¿no?".Soporte vitalAun así, Clifford decidió que no podía enviar a ninguno de los bebés a residencias privadas y quedarse con la consciencia tranquila. Así que dispuso todo para que fueran a acuarios y universidades con buena reputación en cuanto fueran lo bastante grandes y fuertes para viajar. El 21 de abril anunció que había encontrado hogares para todas las crías.Al día siguiente, Terrance murió. La familia la enterró en el patio trasero, junto a un grupo de árboles cuyos troncos recordaban a Cal los tentáculos de un pulpo.Ahora solo necesitaban mantener vivas a las crías hasta que pudieran enviarlas a sus nuevos hogares. Las probabilidades estaban en su contra. En la naturaleza, solo sobrevive una pequeña parte.Tan solo en el primer mes murieron unas 20 crías, dijo Clifford. (Entre las causas de la muerte estuvieron el canibalismo y una pérdida temporal de energía en el enfriador de agua).Empezó a preocuparse por lo que pensaría su enorme audiencia, muy interesada, si perdía más crías. "La presión para mantener vivas a las crías era bastante asfixiante", dijo Clifford.Un experto y criador de reptiles local, del que Clifford se había hecho amigo, se convirtió en un salvavidas, ayudando a cuidar e incluso a albergar a las crías de pulpo cuando la casa de Clifford estaba siendo remodelada. A pesar de sus esfuerzos conjuntos, las crías seguían muriendo.A principios de agosto, solo quedaban cinco crías vivas. Y entonces dejaron de comer. "Empezamos a echarles de todo", dijo Clifford. "Un caracol, un cangrejo, camarones congelados, camarones vivos, artemias". Nada funcionó y, a finales de mes, la última cría había muerto."Fue extraordinario el tiempo que pudo mantenerlas", dijo David Scheel, biólogo marino de la Universidad Alaska Pacific, quien se convirtió en una caja de resonancia de Clifford. "Durante los meses que estuvieron, dedicó una inmensa parte de su vida a estos chicos".Cal ya había llorado a Terrance dos veces: cuando liberó sus huevos, lo que le indicó que sus días estaban contados, y tras su muerte en abril. Ahora Clifford tenía que "hacer llorar a mi hijo tres veces por algo que le importa tanto". Describió toda la experiencia como una "tragedia dolorosamente poco ortodoxa".Clifford no sabía cómo decírselo a sus seguidores. "Es difícil hacer un video gracioso sobre eso", dijo. "Como: 'Sí, han muerto. Este es el final del contenido'". Estaba agotado de las redes sociales y le preocupaba decepcionar a la gente. No quería responder a más preguntas. Al final, simplemente borró TikTok de su teléfono y dejó la historia sin un final."Bueno, ¿qué te parece?" me preguntó Clifford. "¿Cómo la habrías terminado?".Dije que la estaba terminando ahora. ¿Qué quería que supiera la gente?Hizo una pausa y luego dijo que quería dar las gracias a sus seguidores por su apoyo y decirles que se había entregado a esos pulpos. "Creo que la lección obvia es que no son buenas mascotas", dijo. "No son mascotas duraderas, no son mascotas baratas, no son mascotas fáciles. Y son sumamente extraordinarios, tienen personalidades y son inteligentes".Espera volver a TikTok en algún momento y terminar allí la historia. Pero por ahora, se estaba tomando un descanso tanto de las redes sociales como de las mascotas. "Quizá un hámster en el futuro", dijo. "Pero creo que ya hemos alcanzado nuestra cuota de mascotas familiares para toda la vida".
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Hace tiempo que el agravio a propios y adversarios, las componendas en aras de intereses circunstanciales y la costumbre de caminar al borde de las normas consagradas por la Constitución Nacional envenenan la existencia democrática argentina.Es como si el país, desmemoriado de su propia historia, olvidado del largo y sinuoso camino que debió atravesar en pos de superar los regímenes totalitarios y la anarquía, se empeñase en echar por tierra los frutos obtenidos por el espíritu de fraternidad y convivencia que costó más de dos siglos instaurar y afianzar.Estamos despidiendo el mes de Mayo, en el que rememoramos no solo el movimiento precursor de nuestra emancipación plasmado en el valiente gesto de alzarse contra la monarquía hispana, sino los esfuerzos para alcanzar la organización institucional mediante la sanción de una Constitución abierta y generosa, que afirmó los derechos y garantías de los ciudadanos pero también permitió la inserción de todos los que quisieran habitar el suelo argentino, sin distinción de orígenes ni clases sociales. Tras largos años de guerras intestinas, de un pesado régimen autocrático y otras calamidades, se acrecentó la necesidad de afianzar la convivencia entre hermanos, y fue el entonces gobernador de Entre Ríos, general Justo José de Urquiza, quien decidió abrir esa provincia a los que habían emigrado al extranjero por razones políticas. Varios años antes del pronunciamiento formal contra la dictadura de Rosas, comenzó por cobijar a los que decidían volver a la patria: "Siendo argentino y desgraciado, no pregunto de qué pelo es", expresó al recibir en su morada de San José a aquellos letrados, militares y paisanos que habían vestido los colores opuestos al férreo gobernante porteño.Su Pronunciamiento del 1º de mayo de 1851 abrió el camino a una nueva etapa, nada fácil, que llevó a la sanción de la ley fundamental. La oportuna y fecunda participación de Juan Bautista Alberdi, desde su exilio en Chile, lo animó a impulsar un proyecto de paz, orden y desarrollo futuro mediante las "Bases" que aquel escribió para contribuir a la organización del país.Luego de la batalla de Caseros (3 de febrero de 1852), Urquiza convocó a los gobernadores de las provincias argentinas a una reunión en la ciudad de San Nicolás, fruto de la cual se firmó el 31 de mayo el acuerdo que viabilizó el llamado a un Congreso General Constituyente que comenzó a sesionar en Santa Fe. Solo faltaba "la hermana mayor", Buenos Aires, segregada del resto del país por oponerse a la designación de Urquiza en calidad de director provisorio de la Confederación Argentina.Como en los congresos anteriores, los constituyentes de toda la república, con la excepción señalada, se trasladaron a la ciudad litoraleña con precarios recursos y en Santa Fe se alojaron en casas de familias y conventos. Algunos, sin medio alguno de subsistencia, consumieron el precario "rancho" del cuartel local.La labor fue ardua, los discursos profundos y basados en el texto de Alberdi y en las obras de los grandes tratadistas de los Estados Unidos, y la Constitución fue sancionada el 1º de mayo de 1853 para regir a toda la nación Argentina.Buenos Aires, que se convertiría en el estado rebelde, recién aceptó la ley fundamental tras las reformas de 1860.Urquiza, al dar cuentas al Congreso de su actuación como director provisorio, expresó el 21 de julio de 1853: "La Constitución [â?¦] contiene todas las garantías del derecho público y privado que hasta el día ha conquistado la humanidad, que en la estructura de los poderes contrapesados se abre un campo legal para que todos los partidos, todas las ambiciones puedan ejercer su acción legítima".El 5 de marzo de 1854 asumió la primera magistratura ante los constituyentes y dos días más tarde culminaron los trabajos de la histórica asamblea. Su vicepresidente, el salteño Facundo Zuviría, pronunció un llamado que aun resuena: "El Congreso tiene que hacer una solemne recomendación a sus compatriotas; una sola recompensa que pedirles en premio de sus desvelos por el bien común."En nombre de lo pasado y de las desgracias sufridas, les pide y aconseja obediencia absoluta a la Constitución. Los hombres se dignifican postrándose ante la ley, porque así se libran de arrodillarse ante los tiranos". Las palabras de Zuviría tienen plena vigencia en los tiempos en que vivimos. Ex presidente de la Academia Nacional de la Historia
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La definición que mejor encuadra en la personalidad del político de convicciones republicanas que falleció esta madrugada en la ciudad cabe en una sola palabra: "Señor".Lo fue, sin duda, Guillermo Moreno Hueyo. Encarnaba al porteño de indudable clase que podía evocar con el encanto de una voz profunda las tradiciones políticas que habían impregnado a la familia desde el nacimiento de la Unión Cívica Radical, en 1891. Esas tradiciones se afirmarían con la designación del abuelo paterno, don Julio Moreno Ruiz, como jefe de la Policía Federal y ministro de Guerra del primer gobierno de Hipólito Yrigoyen (1916-1922). Una familia de firmes tradiciones católicas, patentizadas en la figura del tío Belisario Moreno Hueyo, portando el palio en procesiones en la arquidiócesis de Buenos Aires.Sabía aguardar por horas sin despeinarse en unos altos de la calle Montevideo, casi Guido, donde funcionaba el comité partidario de la Circunscripción 20ª, la más pituca de Buenos Aires, a que llegaran vehículos con vecinos de chabolas de la Villa 31. Sin sobreactuar en calidez los orientaba, boletas en mano, a los lugares de votación en el sueño de renovar las victorias radicales en la ciudad. Sabía competir con los amigos sobre quién entre ellos memorizaba con mayor fidelidad la letra de tangos consagrados o perdidos en el olvido; o aguardarlos en la esquina de La Biela, domingo tras domingo en años mozos, para marchar aunados hacia donde se batieran ilusiones auriazules.Lo hacía todo con la pasión que moderaban el sentido innato de la elegancia, y la autoridad natural, con las que podía presidir una larga mesa de amigos en el club en el que se sentía como en su casa de la calle Libertad, el Jockey. En esa mesa se ventilaban tanto asuntos serios del país como la historia menuda de argentinos de fuste y la de otros que habían pugnado por serlo: la narración debía ajustarse, oh, sí, a la regla gastronómica de usar en proporción civilizada los condimentos del caso. Con espíritu gregario había sumado gente, y más gente, durante casi un cuarto de siglo, al ágape mensual que había organizado inicialmente con Miguel Ángel Martínez -otra de las tantas bajas sentidas en los años transcurridos desde entonces- a fin de que fuera menos patética la soledad de Fernando de la Rúa después de su caída, en diciembre de 2001.Consiguió rodear al expresidente de viejos y nuevos afectos. Este los necesitaba tras el hecho resonante que tuvo tanto de renuncia resignada por sus incomprensibles indecisiones como de una deposición amañada por intrigas de adversarios de otras fuerzas, en concurso con actos y omisiones que disimularon correligionarios de alta influencia partidaria.Estaba desprovisto de pensamientos ocultos. Carecía de tal modo de experiencia en el arte de la intriga a la que los políticos se entregan con mayor asiduidad, pero con menor refinamiento, que tantos académicos y cardenales. Marcelo Sánchez Sorondo, un nacionalista con quien Moreno Hueyo había trabado la relación social que estimulan las virtudes del conversador agudo, decía que en cierto tipo de urdimbres algunos hombres constituyen por sí solos una masonería.Fue un fenómeno de época débilmente estudiado cómo el antiguo alvearismo había encontrado desde los años sesenta un liderazgo partidario confiable en Ricardo Balbín. La cepa de quien había sido uno de los fundadores del Movimiento de Intransigencia y Renovación por oposición al radicalismo "galerita" no fue óbice para que esta corriente terminara acompañando a Balbín sin renunciar a la memoria del presidente cuya administración, entre 1922 y 1928, fue la de mayores calidades en el siglo XX.Por estilo y convicciones doctrinarias Moreno Hueyo era un alvearista tan subyugado por el ascetismo de Hipólito Yrigoyen como lo pudo haber estado Alvear. Habiéndose plegado después al balbinismo, siguiendo lo hecho por su propio padre, se rindió más tarde a la seducción cautivante de Raúl Alfonsín. Difícil de comprender esto para quien no consiga distinguir entre la madera en que se ha tallado la templanza de un político y las ideas que este experimenta, en toda suerte de vaivenes, en las lides públicas. Precisamente porque lo distanciaban diferencias con Alfonsín en el terreno programático, Moreno Hueyo estuvo en 1983 del lado de la candidatura de Fernando de la Rúa y no de la de quien llegó ese año a la Casa Rosada.Sobre la conjunción armónica de tales matices el intendente Julio César Saguier no tuvo inconvenientes en designar a Moreno Hueyo en 1984 presidente del Banco Ciudad. Desde entonces se ha señalado su transparencia como contracara idiosincrática de los hombres que han medrado en las penumbras eternas de la vieja "casta" o en las más flamantes, estridentes y camorreras de la "criptocasta".La vida de Guillermo Moreno Hueyo se apagó hoy después de sufrimientos homéricos devenidos de la diabetes. Si se quiere trazar fielmente su retrato de bromista irreductible habrá de imaginarse que alguna vez barruntó, mientras tomaba el whisky de las siete, que había tropezado con la paradoja del azúcar que amarga, en lugar de endulzar la existencia. Sobrellevaba tantas cicatrices como Blas de Lezo, el vasco heroico, el almirante que había dejado medio cuerpo en combates, pero que aun así derrotó a los ingleses cuando procuraron capturar Cartagena en el siglo XVIII.Moreno Huego salió limpio y moralmente entero en 1987 de la presidencia del Banco Ciudad, y ocurrió otro tanto cuando dejó en la década siguiente la subsecretaría, primero, y la secretaría de Gobierno, después, en las que acompañó a De la Rúa y a Enrique Olivera. Fue un calco de esa límpida trayectoria el tiempo en que actuó como subsecretario de Coordinación del Ministerio de Infraestructura y Vivienda, a cargo de Nicolás Gallo.En medio de la ebullición suscitada en 1955 por la caída de Juan Perón, dos muchachitos del Colegio Champagnat se apersonaron al Comité Tte. Cnel. Gregorio Pomar, nombre del instigador de sucesivos alzamientos contra los gobiernos de Uriburu y de Justo, y solicitaron la adscripción a la Juventud Radical. Quien acompañaba a Moreno Hueyo apenas duró allí tres meses, despedido por encarnar el tipo de sensibilidad cívica que lo ha llevado a entregarse, con otros destacados abogados católicos, a la defensa de militares y civiles encarcelados, con proceso o no, y condenados por delitos en la represión de los movimientos terroristas de los setenta.Se trataba de Alberto Solanet, con quien Moreno Hueyo y Ricardo Di Paola fundaron un estudio jurídico. Con Solanet y otros amigos Moreno Hueyo encontró en 1989 un espacio para recrear antiguos lazos con Pergamino. En ese pago están esparcidas otras ramas de los Moreno. Allí, los descendientes directos de Julio Moreno retuvieron hasta hace treinta años el establecimiento "San Julio". Con aquellos encaró, en un predio sobre la ruta 8, el emprendimiento del cementerio privado "La Merced".Después de haberse graduado de abogado en la UBA, Moreno Hueyo se desempeñó en SADE, empresa de construcciones, y siguió los pasos del padre, de igual nombre que él, en el mundo de los seguros, donde fue vicepresidente de La Franco Argentina. Este buen lector de la historia nacional dictó materias de Derecho en la Universidad Católica Argentina.Moreno Hueyo fue convencional nacional de la UCR e integró el Tribunal de Conducta del partido que rechazó el pedido de expulsión de De la Rúa hecho por el Comité Capital en 2002 por el voto de 42 delegados sobre 74 presentes. Consideraron que el expresidente se había "apartado de la doctrina partidaria". Desde la provincia de Buenos Aires, Federico Storani y, nada menos que Leopoldo Moreau, alentaron la expulsión. Alfonsín y Ángel Rozas, presidente entonces de la UCR, desestimaron el requerimiento.Vistos en perspectiva, aquellos días del radicalismo parecían hervir en caldos de Macondo. En ese ambiente de irrealidad se exigía la cabeza de un expresidente que ya había padecido bastante con la pérdida del poder. Ahora está más claro que eso fue apenas el preludio de lo que sobrevendría al cabo de dos décadas más, con un partido al que devoran las aguas arremolinadas de la política y no se siente que palpite en tiempos electorales. "El partido no está dividido ni segmentado; está muerto", sentenciaba Moreno Hueyo en los últimos tiempos, sin haberse recuperado de la incredulidad de que la UCR estuviera bajo el control nominal de un forastero, el senador Martín Lousteau.Moreno Hueyo había prescindido de festejar su cumpleaños entre amigos en los años siguientes al derrocamiento de Arturo Illia, producido en 1966 en el aniversario de su nacimiento. Ese 28 de junio no pudo ingresar en la Casa Rosada y se conformó con seguir los acontecimientos desde la vereda del Banco Nación hasta que apareció, cuando alboreaba, la cabeza blanca de Illia para desaparecer en un taxi y emprender el camino del ostracismo por culpa del más absurdo de los golpes militares.Solo cuando Inés, la hija mayor, hizo saber días atrás que su ánimo estaba decaído todos cuantos lo apreciaban entendieron la inminencia del final. Había atravesado las penurias físicas con entereza admirable, con asombrosa valentía, asistido por la fe, el amor por la familia y la patria, y por un caudal inacabable de amigos.Su vida ha sido una lección para cuantos se victimizan por razones triviales o fantasean con ser los únicos que han sufrido en este mundo. Lo más que podría habérsele arrancado de quejumbre a quien vivió los últimos años entre mutilaciones sucesivas habría sido algo del tenor de lo que dijo Woody Allen, al recibir en 2002 el Premio Príncipe de Asturias, parafraseando a Jack Benny, otro gran comediante del siglo XX: "Yo no me merezco este premio, pero tengo diabetes y tampoco me la merezco".Solo restó que Moreno Hueyo ocupara un asiento en el Congreso de la Nación para terminar de configurarse la personalidad que todos le atribuían. La oportunidad más propicia se perdió cuando De la Rúa renunció en 1995 a su banca en el Senado a fin de asumir la jefatura de la ciudad, y la Legislatura porteña designó senador, según atribuciones conferidas por la cuarta cláusula transitoria de la reforma constitucional de 1994, a otro candidato posible del delarruismo. El episodio no pasó de dibujar una leve sombra, con algo de perdurable, en la relación fraterna con De la Rúa.Guillermo Moreno Hueyo estaba casado con Inés Vernet, descendiente de Luis Vernet, gobernador de las Malvinas hasta que Gran Bretaña se apoderó en 1833 de ellas. Con Inés tuvieron siete hijos -uno, Guillermo, ya fallecido- y veintinueve nietos. Había nacido en Buenos Aires, el 28 de junio de 1941.
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WASHINGTON.- No hace falta ser católico, cristiano o ni siquiera remotamente religioso para captar la profundidad de la humildad y la bondad simbolizada en el lavado de pies de otra persona. Es un gesto de extraordinaria intimidad entre un adulto y otro, y un gesto que obliga a una postura corporal que si no es de subordinación, al menos es de empatía y generosidad. Tanto en lo real como en lo metafórico, para hacer ese gesto los que están más arriba deben ser los que más se inclinan. Así que las imágenes del canoso papa Francisco arrodillado frente a una hilera de presos y migrantes para lavarles y besarles amorosamente los pies será una de las imágenes del pontífice que perdure.En tiempos en que los líderes del mundo tienden a jactarse del tremendo poder que tienen mientras buscan la forma de acumular aún más, el fallecido líder de la Iglesia Católica, con sus 1400 millones de fieles en todo el mundo, desechó la idea de que de alguna manera era mejor, más sabio o más merecedor que cualquiera de sus prójimos. Su disposición a arrodillarse ante el menos merecedor de nosotros es una lección de lo que verdaderamente implica ser grande. Francisco les brindó a esos individuos un respeto sin calificativos, que no se ganaron por sus palabras o sus acciones, sino simplemente por ser seres humanos: con eso alcanzaba.Dejemos de lado las sencillas vestiduras clericales de Francisco, las Sagradas Escrituras, la complejidad de la historia, y lo que queda es una forma de cuidado y de ternura poco común, pero que no tiene por qué serlo.Ahora los recuerdos y los elogios empiezan a fluir, y la gente destaca su humildad, su facilidad para la comunicación, su sonrisa fácil, su capacidad para bromear con niños y estadistas por igual. En otras palabras, la gente admiraba que Francisco se negara a que su posición privilegiada lo aislara del bien común. La gente se maravillaba de su capacidad para tratar a todos con imparcialidad, en vez de petulancia o falta de paciencia. Les gustaba que no estuviera visiblemente enamorado de los tesoros y botines del Vaticano. Francisco parecía entender que por muchas capas de oro que blindaran a la Iglesia Católica, ninguna de ellas podía tapar sus fracasos. Solo un líder dispuesto a salir y hacer su trabajo â??con torpeza, imperfección y franquezaâ?? podía impulsar el cambio.Estos no son los rasgos típicos de los políticos, líderes industriales ni hombres y mujeres que se han hecho a sí mismos. A la mayoría no se los conoce precisamente por reconocer sus errores: evitan disculparse por sus debilidades y malas acciones, y manejan, desvían y racionalizan creencias falsas, y gran parte del mundo los admira por ser duros, decididos o simplemente ricos. Y Francisco quedó prácticamente solo en el centro de la atención mundial por su extraordinaria hazaña de seguir siendo compasivo y humilde, contra viento y marea.Francisco no transformó la doctrina de la Iglesia. Su apertura mental se evidenció sobre todo en su disposición a escuchar y participar. Que esto fuera bueno o malo para el catolicismo depende de cómo quieran que sea la religión que es un principio rector de sus vidas. ¿Es un conjunto de reglas que uno sigue o rompe, y por lo tanto es bueno o malo, pecador o no? ¿O la religión es una comprensión fundamental de que cada persona tiene un valor intrínseco y que la clave de esta vida es maximizar ese valor al máximo?Francisco dejó bien claro que era un hombre y no un dios. Era imperfecto, y sus defectos y su disposición a admitirlos eran su fortaleza. ¿Quién era él para juzgar? Se preguntó al reflexionar sobre la relación entre la Iglesia y quienes se identificaban como parte de la comunidad LGBTQ+. "Si aceptan al Señor y tienen buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgar?", dijo en 2013. "No deberían ser marginados". Pronunció estas palabras ante un grupo de periodistas casi encogiéndose de hombros, como si fuera algo obvio. Y ahora, en 2025, cuando quienes se diferencian de alguna norma predeterminada â??pero especialmente quienes son transgéneroâ?? son insultados o violentados, aquel comentario despreocupado de Francisco resuena como una compasión vigorizante. Usó su púlpito para tenderle una mano al prójimo, y la mayoría de los poderosos no aprendieron de su ejemplo. Hoy, en 2025, muchos de ellos, que son escuchados y reproducidos en todo el mundo, parecen incapaces de resistirse a usar su poder para juzgar, para culpar, para señalar con el dedo y a expulsar a los otros. En su mensaje de Pascua, su última declaración pública, Francisco señaló: "No puede haber paz sin libertad religiosa, sin libertad de pensamiento y de expresión, y sin respeto por las opiniones ajenas".En los últimos días, su fragilidad era evidente, completamente humana a pesar de toda la seguridad y el ceremonial que lo rodeaban. Era un hombre mayor, que había estado a punto de morir durante una larga internación por problemas respiratorios, que convalecía en su casa y lo daba todo no solo por mantenerse con vida, sino por estar presente. A principios de abril, apareció vestido de civil, saludando a los visitantes en la Basílica de San Pedro: un anciano en silla de ruedas arropado en una manta rayada, y una cánula de oxígeno para ayudarse a respirar.Sus médicos le habían recomendado reposo. Pero él estaba en el mundo, un lugar donde miles de millones de personas escuchaban lo que tenía que decir y observaban su forma de vivir y de luchar. Muchas de esas personas eran fieles católicos, solemnes creyentes que acudían a él en busca de consuelo, de guía, o de algo que está casi más allá de las palabras. Pero muchos otros lo veían simplemente como un hombre cuyo respeto por la vida no se basaba en la presunción de inocencia, sino en la fe en la redención. En un mundo violento, con tantas armas de metal, de plástico, de productos químicos, Francisco se esforzó con todas sus fuerzas por evitar que la religión moderna se usara como una lanza, especialmente cuando era apuntada contra los débiles."Los cristianos saben muy bien que solo afirmando la infinita dignidad de todos alcanzamos la madurez de nuestra propia identidad como personas y como comunidades. El amor cristiano no es una expansión concéntrica de intereses que poco a poco se extienden a otras personas y grupos", escribió Francisco en su carta de febrero a los obispos de Estados Unidos. "El verdadero ordo amoris que debe promoverse es el que descubrimos meditando constantemente la parábola del 'Buen Samaritano'... es decir, meditando en el amor que construye una fraternidad abierta a todos, sin excepción"."Pero dejar al margen esas consideraciones y preocuparse por la identidad personal, comunitaria o de nacionalidad de las personas, introduce fácilmente un criterio ideológico que distorsiona la vida social e impone la voluntad del más fuerte como criterio de verdad".Incluso desde en la cima de la jerarquía eclesiástica, Francisco rechazó la idea de que quienes están en la cúspide merezcan ir por ahí haciéndose los fanfarrones. Por el contrario, para Francisco son precisamente ellos quienes deberían consolar a los que tienen los pie cansados y apenas logran sostenerse.Traducción de Jaime Arrambide
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