BRASILIA.- Acusaciones cruzadas de corrupción y la sombra del presidente argentino Javier Milei marcaron el primer cara a cara entre Luiz Inacio Lula da Silva y Flavio Bolsonaro, este domingo en la cadena Band. A una semana del balotaje y con las encuestas en empate técnico, el senador del Partido Liberal (PL) arrinconó al presidente con las acusaciones de una lobista amiga de su hijo investigada por corrupción, mientras Lula contraatacó con los vínculos de su rival con un banquero preso y lo desafió a decir si copiará el modelo del presidente argentino.Más que una confrontación de ideas, fue un intercambio de acusaciones mutuas, golpes bajos y provocaciones, en el que ambos apostaron a la misma estrategia: aumentar el rechazo al adversario. Hubo poquísimas propuestas y escaso debate sobre políticas públicas.El tono lo marcó desde el arranque Roberta Luchsinger, una lobista amiga de Fabio Luis Lula da Silva, "Lulinha", el hijo mayor del presidente. La víspera, en una entrevista a CNN Brasil, había sugerido sin pruebas que Lula no podía desconocer los negocios de su hijo, lo llamó "senil" y anunció que buscará una delación premiada. La Policía Federal investiga a ambos por presunto tráfico de influencias, entre otras cosas por una propuesta para vender al Ministerio de Salud, sin licitación, medicamentos a base de cannabidiol por hasta 120 millones de dólares, que nunca prosperó. La defensa de Lulinha niega irregularidades.El primer choque llegó cuando Lula le preguntó a Flavio si tenía algo contra las mujeres. El senador respondió que está casado y tiene "dos hijas lindas", y giró hacia Luchsinger. Lula replicó que el caso está en manos de la policía y que no protege a su hijo "como vos fuiste protegido por tu padre". Flavio insistió e incluso evocó la detención de Lula en la Operación Lava Jato.Tras unos cinco minutos contra las cuerdas, el presidente pasó a la ofensiva y le pidió explicaciones por los más de 130 millones de reales que solicitó al banquero Daniel Vorcaro para financiar Dark Horse, una película sobre su padre. "¿Ves cuántas personas fueron condenadas por corrupción y lavado de dinero? Solo vos", respondió Flavio. Cuando el senador dijo que los presos votan al petista, Lula retrucó que entonces Jair Bolsonaro debería votarlo a él.La entrevista de Luchsinger complicó a Lula, ya que la corrupción es el principal temor de quienes rechazan un cuarto mandato del petista (32%), según Quaest. Flavio repitió la técnica que había mostrado en el Jornal Nacional. Eludir las preguntas y llevar la discusión a los temas que tenía preparados. Lula empezó nervioso, pero con el correr de los minutos encontró algunas frases efectivas.El nivel de las intervenciones fue tan bajo que columnistas de la prensa brasileña lo describieron como una "pelea callejera" y uno de los peores debates de la historia. En varios momentos de la noche, los candidatos se interrumpieron, se provocaron y eludieron las preguntas.Flavio se mostró más suelto y aprovechó los espacios del estudio. El hijo del expresidente Bolsonaro se paraba detrás de Lula mientras este hablaba, al punto de que los mediadores debieron advertirle que no podía molestar al rival. Cuando le pidió que se acercara, Lula respondió: "Quiero distancia de miliciano".Lula ironizó los elogios de su rival al modelo de Milei. "¿Sabés cuánto está la pobreza en la Argentina?", le preguntó. "¿Vas a elegir el modelo de Milei? ¿Le vas a pedir prestada la motosierra?". Flavio, cuya vocera económica, Daniella Marques, dice inspirarse en la Argentina, evitó nombrar al presidente argentino y prometió un "tijeretazo" contra la corrupción del gobierno del Partido de los Trabajadores (PT).Flavio también llegó con flancos expuestos. Horas antes, O Estado de S. Paulo reveló, y O Globo confirmó, que la Policía Federal investiga en el Supremo su relación con el abogado Willer Tomaz por presunto lavado de dinero ligado a una casa de apuestas, una segunda causa que se suma a la de Dark Horse. Su campaña negó que sea investigado.En economía, Flavio prometió abrir un "espacio presupuestario" de 200.000 millones de reales -unos 39.000 millones de dólares- sin detallar cómo y explotó el costo de vida: "En el gobierno de Bolsonaro llenabas el carrito".Lula admitió que la vida está cara, pero dijo que lo era más con Bolsonaro, defendió los aumentos del salario mínimo por encima de la inflación y disparó: "Él nunca trabajó. Trabajador para él es cosa de ficción". Sobre la reducción de la jornada laboral, con el el fin de la escala laboral 6x1, que votó tras haberla criticado, Flavio primero esquivó y luego negó que vaya a proponer cambios.En seguridad, Flavio prometió clasificar a las facciones criminales como "narcoterroristas" y acusó a Lula de "defender al Primer Comando de la Capital" por criticar que Washington declarara terroristas a esas organizaciones. También negó que su familia haya impulsado los aranceles de Estados Unidos contra Brasil.En el segundo bloque, más propositivo, Lula reequilibró el duelo al llevar a Flavio al terreno de la salud, talón de Aquiles del gobierno de su padre. Ante la promesa del senador de llevar el sistema público al "estándar Einstein", tras invitar como ministro a un exdirectivo de ese hospital paulista de referencia, el presidente recordó las 716.000 muertes de la pandemia y le preguntó si eso significaba privatizarlo. Flavio admitió que la salud "no fue el área con mejor resultado" del gobierno de su padre, aunque destacó la compra de vacunas.Quaest y Datafolha mostraron la semana pasada un empate técnico, con Flavio adelante por 51% a 49% de los votos válidos. Este domingo, Vox Brasil invirtió el orden: 51% para Lula y 49% para Flavio.La tensión se repitió en el cierre. Lula acusó a la familia Bolsonaro de estar "subordinada a los intereses norteamericanos" y lo desafió a abrir sus secretos bancarios y fiscales "para que el pueblo sepa quién es ladrón". Sus consideraciones finales arrancaron con un tumulto en la platea, mientras Flavio caminaba detrás de él. "Sé cómo hacer que este país vuelva a crecer", prometió.El debate cerró habiendo rendido varios cortes para redes para ambos candidatos, pero sin haber provocado un tropezón o error decisivo que mueva la balanza. En el tramo final de la campaña, los candidatos volverán a cruzarse el viernes en el debate de la TV Globo, a dos días de la votación.
Cristina Lombana explicó que la solicitud busca investigar posibles irregularidades en la contratación pública y evitar que presuntas presiones locales frenen las actuaciones de los organismos de control
A pesar de que una Sala de Apelaciones ya había ordenado que el director de la FPF sea juzgado, magistrado de primera instancia ordenó retrotraer el caso hasta el inicio del control de acusación al advertir que se habrían vulnerado sus derechos
Las causas disciplinarias más recurrentes incluyen dádivas, hurto, apropiación de bienes, extorsión, entre otros
En su nueva novela, retoma al inspector Dolores Morales, un personaje atravesado por la historia reciente de Nicaragua. Cuenta cómo vive el exilio, qué información recibe de su país y por qué decidió abordar la realidad política desde el género policial. Mientras prepara un libro de memorias, mantiene intacta su esperanza de volver a su patria.
Las inesperadas palabras del funcionario se viralizaron rápidamente y generaron fuertes críticas. Leer más
Lo que sigue es el mensaje que el autor dio en el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires el 7 de octubre ante un grupo de líderes de ONGs dedicadas al mejoramiento de la JusticiaBuenos días. Antes de cualquier agradecimiento, una pregunta. Una pregunta que esta sala merece que se haga en voz alta. ¿Por qué prestigiosos abogados, la gran mayoría dedicados a los temas institucionales y a la defensa de nuestros derechos, dejan una mañana el estudio, los expedientes y las audiencias para venir a escuchar a un periodista? No a un jurista ni a un funcionario, a un periodista.La respuesta amable sería decir que vinieron a escuchar una buena historia. Y es una buena historia: un chofer, unos cuadernos escolares, una caja, un diario, un fiscal, un juez. Tiene el misterio, el secreto, las especulaciones, la intriga y una sedimentación de teorías conspirativas. Tiene todo. Pero esta historia ya ha sido contada en un diario. No hace falta madrugar para eso.La respuesta incómoda es otra. Ustedes no vinieron a escuchar a un periodista. Vinieron a escuchar qué les pasó a las instituciones que ustedes defienden, estudian y por las que trabajan desde hace años.Porque en el caso Cuadernos el orden de las cosas se dio vuelta. En un país que funciona, la corrupción la detecta un organismo de control, la investiga un fiscal, la juzga un tribunal y, en el camino, el periodismo la cuenta. Acá fue exactamente al revés. Primero hubo un chofer que anotaba. Después, un diario que leía y un grupo de periodistas que decide por la cautela. Y recién al final, la Justicia.Y cuando el que cuenta llega antes que el que controla, a mí modo de ver la pregunta deja de ser sobre el periodista. Pasa a ser sobre el sistema.De eso se trata esta mañana. No de un homenaje, que desde ya se los agradezco profundamente, sino de un diagnóstico. Veinte minutos para pensar qué falló, qué funcionó y qué hace falta para que la próxima vez no dependa de la memoria de un chofer ni de la obstinación de una redacción.¿Dónde estaban los controles?Vale la pena detenerse en un dato que, de tan conocido, ya no nos logra escandalizar. Durante años, según lo anotado en esos cuadernos, circularon bolsos con dinero por las calles de Buenos Aires. Un auto oficial, un chofer, un funcionario, direcciones de empresas, departamentos, oficinas públicas. Unos los entregaban; otros los recolectaban. Todo cerca de nuestra vida. En edificios conocidos, por las avenidas que recorremos a diario. Personas que quizá ustedes conozcan, o conocían entonces, iban y venían con dinero de todos que terminaba en los bolsillos sin conciencia de la corrupción. Eran los mismos que pedían seguridad jurídica por la mañana y bajaban a los sótanos a la tarde a entregar kilos de plata. Era logística. No un episodio: una rutina.Ahora bien, ¿qué había alrededor de esa rutina? Había una Auditoría General de la Nación. Una Sindicatura General. Una Oficina Anticorrupción y una AFIP y un Banco Central. Una Unidad de Información Financiera. Fiscalías especializadas. Bancos oficiales y otros tantos privados con normas de compliance estrictas. Había empresas cotizantes con directorios en funciones y directores independientes; había auditores externos, big four y comités de ética. Un Congreso con comisiones de control. Había, en suma, toda la arquitectura que ustedes estudian, enseñan y defienden.Y sin embargo, nadie vio nada. ¿Nadie vio nada? O, para ser más precisos, nadie que tuviera la obligación de ver lo hizo constar en un expediente, en un informe, en un papel.No se trata de acusar a nadie en esta sala ni fuera de ella. Ya ni siquiera vale la pena ese camino que, tarde y lento, recorre ahora la Justicia. Se trata de una pregunta de diseño institucional, que es la que les corresponde a ustedes: ¿qué tiene de malo un sistema de control que necesitó a un chofer con un cuaderno escolar y una birome para enterarse de lo que pasaba en el corazón de la obra pública, Ni más ni menos que en el centro mismo del poder?Hay varias respuestas posibles, y ninguna es cómoda.La primera es la captura del regulador. Muchos de los organismos de control dependen, en sus nombramientos o en su presupuesto, de los mismos a quienes deben controlar. Un control que le pide permiso al controlado no es control: es un trámite.La segunda es la fragmentación. Cada organismo mira una porción del ciclo. Uno ve la licitación, otro ve el pago, otro ve la transferencia. Nadie ve el circuito completo. Y la corrupción organizada vive exactamente ahí, en el espacio entre una ventanilla y la siguiente. Ese es el lugar en el que anida.La tercera, la más incómoda de todas a mi modo de ver, es la naturalización. En el mundo de la obra pública argentina, el retorno era un secreto a voces. Lo sabían empresarios, funcionarios, gremialistas, operadores, abogados y también la ciudadanía. Cuando todos saben y nadie habla, el silencio deja de ser una omisión individual y se convierte en una institución más. Que opera con la necesidad de que nadie rompa la cofradía.Por eso el caso Cuadernos no es solo la historia de lo que alguien hizo. Es, sobre todo, la radiografía de todo lo que muchos dejaron de hacer. Es la crónica del silencio de décadas, de la normalización y de la pérdida de la capacidad de asombro.Del relato a la pruebaAcá está, probablemente, lo que más le interesa a una sala de abogados. Porque entre el periodismo y el derecho hay una frontera que suele confundirse.El periodismo trabaja con hechos verificados. El derecho, con hechos probados. Se parecen, pero no son lo mismo. Un hecho verificado alcanza para publicar. Un hecho probado es el que resiste a una defensa, a un perito, a un tribunal y al paso del tiempo. El caso Cuadernos fue, en buena medida, la historia de cómo un material periodístico se pensó desde el primer día para cruzar esa frontera.Cuando los cuadernos llegaron a la redacción, la tentación obvia era la tapa. Cualquier periodista conoce esa adrenalina: el material es explosivo, la competencia existe, el reloj corre. Publicar rápido habría sido una gran primicia y, muy probablemente, el origen de una causa muerta. Los nombres hubieran tenido tiempo de ordenar sus papeles, sus celulares y sus versiones. La vara de escrúpulos en ese territorio estaba baja y el dinero disponible para armar escenarios era bastante.La decisión fue la contraria: no apurarse. Y en lugar de correr, leer. Leer de verdad.Eso significó transcribir, línea por línea, la letra de un chofer que no escribía para la posteridad sino para sí mismo. Fechas, horarios, direcciones, patentes, nombres, montos. Y después, cruzar cada una de esas anotaciones con algo que pudiera verificarse desde afuera. Si el cuaderno decía que tal día el auto estuvo en tal dirección, ¿era esa la dirección de esa empresa? Si mencionaba a un funcionario en un lugar, ¿qué decía su agenda pública ese día? Si anotaba un viaje, ¿coincidía con un acto oficial, con un feriado, con un partido, con un hecho que cualquiera pudiera chequear en los diarios de la época?La clave de los cuadernos nunca fue lo que decían sobre la plata. Fue lo que decían sobre todo lo demás. Un mentiroso puede inventar un monto. Lo que no puede inventar es la coincidencia de cientos de detalles irrelevantes con la realidad comprobable. La credibilidad de un documento así está en lo aburrido, no en lo escandaloso.Y después vino la segunda decisión, la que más debates generó: llevar el material a la Justicia antes de publicarlo. Para algunos colegas eso fue una herejía; el periodista no es auxiliar de la Justicia, se dijo. Es cierto. Pero tampoco es un coleccionista de secretos. Cuando lo que se tiene entre manos no es una opinión sino la posible evidencia de delitos en curso, el dilema cambia de naturaleza. La pregunta ya no es cómo contarlo mejor, sino cómo evitar que contarlo destruya la posibilidad de que alguien responda por ello.El resultado fue que el 1° de agosto de 2018, cuando LA NACION publicó la investigación, ya había detenciones y allanamientos en marcha. La nota no anticipó la causa: la acompañó. Esa secuencia, que pocas veces se da en la Argentina, es la que explica buena parte de lo que vino después, incluida la decisión de empresarios y exfuncionarios de declarar como arrepentidos. La sorpresa y el silencio hicieron imposible preparar el terreno.Hay una lección ahí para ambos oficios. Para el periodismo: la primicia no siempre es el objetivo. Para el derecho: la prueba no siempre nace en un expediente. A veces nace en una caja, en manos de alguien que no sabe lo que tiene, y el trabajo es no arruinarla en el camino.El precio y el tiempoDesde aquel agosto de 2018 pasó mucho. Pasó un juez que ya no está. Pasaron recusaciones, planteos de nulidad, cambios de gobierno, cambios de humor social. Pasaron siete años hasta que el juicio oral empezó a sustanciarse ante el Tribunal Oral Federal N° 7.Y en el medio pasó algo más corrosivo que cualquier nulidad: el relato. Se dijo que los cuadernos no existían, después que eran fotocopias, después que habían sido quemados, después que eran una construcción de servicios de inteligencia, después que todo era lawfare. Cada una de esas versiones tuvo su momento y su público. Ninguna logró explicar por qué tantos de los que aparecían anotados eligieron reconocer los hechos ante un juez.El periodista que cuenta una historia así queda, inevitablemente, en el centro de la escena. Con lo que eso implica: ataques, operaciones, la sospecha permanente sobre las intenciones, la pregunta de "a quién le sirve". Es parte del oficio y no corresponde quejarse. Pero sí vale una aclaración para esta sala: el costo personal de investigar es, también, un dato institucional. Cuanto más caro es contar, menos se cuenta.Y está el tiempo. La demora no es un detalle procesal; es un mensaje. Cuando una causa de esta magnitud tarda siete años en llegar a juicio, la sociedad aprende algo, y no es nada bueno. Aprende que el sistema tiene paciencia con los poderosos y prisa con los demás.Pero conviene decirlo con claridad: que la Justicia tarde no vuelve falso lo que está anotado. Los hechos no prescriben en la memoria colectiva aunque a veces lo hagan en los códigos. Y el juicio está en curso, lo cual obliga a una prudencia que este periodista va a respetar: la culpabilidad de cada acusado la decide el tribunal, no un diario ni una conferencia.La corrupción que vieneSería cómodo pensar que el caso Cuadernos cerró una etapa. Que los bolsos fueron el síntoma de una época y que esa época terminó. Sería cómodo y sería ingenuo.La corrupción no desaparece: se adapta. Los bolsos eran una tecnología rudimentaria, de la era del efectivo y del auto oficial. La próxima no va a venir en un cuaderno Gloria. Va a venir en el pliego de una licitación escrito a medida. En una concesión renegociada en silencio. En una privatización donde el precio se fija antes que las reglas. En una compra directa justificada por una emergencia que nunca termina. En una sociedad en otra jurisdicción con un beneficiario final sobre el que nadie pregunta.Es decir, va a venir en documentos. En expedientes. En contratos, en adendas, en resoluciones publicadas en el Boletín Oficial un viernes a la noche. Va a venir en el idioma de ustedes.Por eso esta mañana tiene sentido. El periodismo puede encontrar el hilo, puede leer un balance, puede seguir un flujo de fondos, puede detectar que una empresa ganó demasiadas veces. Pero convertir eso en responsabilidad requiere otra cosa: requiere abogados que sepan leer un pliego con pericia, que presenten la denuncia, que se constituyan como querellantes, que litiguen el acceso a la información pública, que defiendan a quien se anima a hablar. Requiere organizaciones como las que hoy convocan.Y requiere, sobre todo, que nadie en esta sala espere al próximo chofer. Porque puede no haber próximo chofer. Puede no haber próximos cuadernos. Puede haber solamente papeles públicos, a la vista de todos, que nadie tuvo ganas de leer.Una invitación Volvamos, entonces, a la pregunta del principio. ¿Por qué prestigiosos abogados vienen una mañana a escuchar a un periodista?Quizás la respuesta más honesta sea esta: porque el caso Cuadernos les recuerda algo que ustedes ya saben pero que el país olvida con facilidad. Que las instituciones no son edificios ni organigramas. Son personas que, en un momento determinado, deciden hacer lo que les corresponde. Un chofer que anota. Un periodista que no se apura y una organización periodística que no corre tras la primicia. Un fiscal que avanza, un juez que acusa. Un empresario que, por la razón que sea, decide contar. Un tribunal que, aunque tarde, finalmente llega.Cuando cada uno hace su parte, aun con demoras, aun con errores, el sistema funciona. Cuando cada uno espera que lo haga otro, aparecen los bolsos.Por eso el reconocimiento de esta mañana se agradece de verdad, pero no debería ser para un periodista. Es para un oficio que, cuando las instituciones se distraen, tiene la obligación de no distraerse. Y es, también, una invitación para ustedes: que la próxima gran causa de corrupción de la Argentina no empiece en la redacción de un diario. Que empiece en un expediente. Que empiece acá.Muchas gracias.
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